Bolivia: ¿justicia o crimen comunitario?

Muñeco
Image caption En algunos barrios de La Paz cuelgan muñecos con leyendas para ahuyentar a los ladrones.

Decenas de personas mueren linchadas cada año en Bolivia. Presuntos ladrones son quemados, golpeados, colgados o ahogados por turbas enardecidas en poblaciones rurales de Cochabamba, La Paz y Santa Cruz.

Sólo el último fin de semana se registraron tres intentos de linchamiento en Cochabamba, donde unas 10 personas estuvieron a punto de perder la vida.

En uno de esos casos, los golpeados eran seis jóvenes de entre 14 y 17 años, a quienes luego los pobladores reconocieron haber confundido con presuntos ladrones.

Por lo general, los pobladores que ejecutan a presuntos ladrones, argumentan que "están aplicando la justicia comunitaria ante la inoperancia de los operadores de justicia", le dice a BBC Mundo el coronel Remy Ampuero, subdirector de la Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen de Cochabamba, donde tienen lugar el 45% de los linchamientos, según un estudio del Defensor del Pueblo.

Sin embargo, el jefe policial no cree que ese argumento sea válido.

Tanto el gobierno como los especialistas en la materia aseguran que el linchamiento es un delito y que no está relacionado con la justicia originaria ahora reconocida en la Constitución Política del Estado.

El ex defensor del Pueblo y activista de Derechos Humanos, Waldo Albarracín, le dijo a BBC Mundo que el linchamiento "no tiene nada que ver con la justicia comunitaria, es un acto de masas donde la turba enardecida sorprende a una persona que puede o no ser culpable. Resuelven ahorcarla, golpearla, terminan matado. No tiene que ver con la realidad de la justicia comunitaria". En los barrios alejados de La Paz unos muñecos de trapo del tamaño de un ser humano cuelgan de los postes de energía eléctrica, como una tácita amenaza a los amigos de lo ajeno. En el pecho de estos muñecos, los vecinos cuelgan letreros que, entre otras cosas dicen: "Me colgaron por ladrón" o "ladrón pillado será colgado".

Números e historias

No existen estudios que sistematicen los casos de linchamiento en Bolivia, pero algunas aproximaciones hablan de la gravedad de esta problemática. Por ejemplo, el Defensor del Pueblo encontró 57 linchamientos registrados en periódicos durante 2007 y, sólo en dos meses de 2008 halló que habían muerto 11 personas linchadas. El coronel Ampuero dice que sólo en el último mes de este año en Cochabamba hubo ocho intentos de linchamiento y que el año pasado, también en Cochabamba, más de 12 personas murieron ejecutadas por turbas. Entre todos estos casos, sin duda, hay tres que estremecieron a los bolivianos. Uno de ellos ocurrió en Achacachi, una población rural de La Paz, donde los pobladores capturaron a 11 presuntos ladrones, de los cuales dos fallecieron tras las torturas.

Otras nueve personas se salvaron, pero quedaron con graves heridas y quemaduras, pues la ejecución estaba en curso y se hacía con fogatas. En este caso, las autoridades nunca pudieron investigar porque los pobladores hicieron un voto de silencio. Otro de los casos ocurrió en la población de Capinota, en Cochabamba, donde tres policías fueron asesinados por pobladores enardecidos. Durante la investigación, los habitantes de la comunidad acusaron a los policías de haber extorsionado a los pobladores. Sin embargo, el coronel Ampuero recuerda que en ese caso había algunos componentes que tenían que ver con el narcotráfico. Otro de los hechos se registró en Matarani, también en Cochabamba, donde tres personas fueron asesinadas con picotas. Los acusados presuntamente habían robado unos peroles (especie de ollas), sin mucho valor económico. Cuando habla de este caso, el coronel Ampuero comenta que no se puede hacer justicia por un delito menor cometiendo un delito mayor, como es el asesinato.

¿Por qué linchan?

El ex Defensor escarba sobre las causas de estos hechos, con la aclaración de que no pretende justificarlos. Por un lado dice que se debe a que la seguridad ciudadana se ha convertido en un privilegio de quienes tienen dinero para pagar un guardia para su calle o su barrio. Por otro lado, "cuando una persona es detenida por alguna circunstancia, más tarda en entrar que en salir de la reja". Por ese motivo, dice, la gente se pregunta para qué entregar a los ladrones a la policía. El coronel Ampuero considera que las turbas que linchan persona saben que no están aplicando justicia comunitaria sino que están cometiendo asesinato, pero que lo hacen "por una especie de resentimiento por la postergación del campo".

Su conclusión es que buscan "mostrar su fortaleza con la ejecución de estos hechos".

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