Última actualización: viernes, 29 de mayo de 2009 - 23:31 GMT

Revolucionarios… de celuloide

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En cinta de celuloide, Argentina registró los días de la Revolución de Mayo: en poco más de 4 minutos, los criollos patriotas, enfervorecidos y deliberantes, deciden el futuro de una nación. Así, La Revolución de Mayo, como la gesta patria misma, se convirtió en un momento fundacional.

Claro que el filme no retrata a los hombres de 1810, sino a un grupo de actores reunidos, 100 años más tarde, para recrear ante la cámara aquel momento histórico.

Bajo la dirección de un italiano, fue rodada en la terraza de un restaurante céntrico de Buenos Aires, con un Cabildo fuera de escala pintado sobre telones que se agitan con el viento y con una escenografía improvisada de sillas tomadas de aquí y allá que se alinean para imitar la sala donde los criollos decidieron destituir al virrey español.

Estrenada en 1909, a tiempo con las celebraciones del centenario de la independencia, La Revolución de Mayo es considerada, según las más recientes investigaciones, la primera película argumental argentina.

En versión restaurada, la cinta se exhibió en estos días en Buenos Aires para marcar el comienzo del Año del Bicentenario, que culminará el 25 de mayo de 2010.

Mario Gallo, director de cine

En 1909 un director italiano rodó en Buenos Aires escenas de la Revolución de Mayo de 1810.

"Es una película con un tono naive, muy enternecedora en algunos aspectos, filmada cuando conceptos del cine de hoy, como los estudios de grabación y la iluminación, eran impensables. Y como tal, es un legado de una época en la que Argentina comenzó a marcar la historia del cine", señala a BBC Mundo Marcela Cassinelli, investigadora de la Cinemateca Argentina, a cargo de la conservación del patrimonio fílmico.

Su director, Mario Gallo, era un inmigrante llegado a Buenos Aires cinco años antes, como pianista de una compañía de operetas. Aquí comenzó a hacer el acompañamiento musical de películas mudas, antes de decidir plantarse detrás de cámara.

Por entonces, las cintas argentinas que circulaban eran registros de hechos históricos - como las muy difundidas intervenciones quirúrgicas del doctor Alejandro Posadas, de 1898-, y la gran novedad de Gallo fue la de concebir una línea argumental para su relato en celuloide.

Luchar contra la humedad

Filmada en cinta de nitrato, de fácil deterioro, La Revolución... se ha recuperado casi completa. Sólo faltan algunos fragmentos de los casi 5 minutos que podían durar las películas de la época, limitadas por la tecnología de las cámaras.

Para la versión restaurada, se hizo una copia en acetato, un material mucho más resistente, y se trabajó en el laboratorio para equilibrarla, sacarle las rayas y ponerla en condiciones para ser mostrada 100 años después.

"En una ciudad con índices de humedad altísimos, el desafío de conservar películas es inimaginable. El aire hay que calentarlo para sacarle la humedad y luego volverlo a enfriar a la temperatura recomendada... eso hace que la cuenta de luz sea astronómica", señala Cassinelli.

Es una película con un tono naive, muy enternecedora en algunos aspectos, filmada cuando conceptos del cine de hoy, como los estudios de grabación y la iluminación, eran impensables. Y como tal, es un legado de una época en la que Argentina comenzó a marcar la historia del cine

Marcela Cassinelli, investigadora de la Cinemateca Argentina

El "síndrome del vinagre" da la señal de alerta: cuando la lata empieza a emanar un olor ácido, es necesario proceder a urgencia. Limpiar la cinta que se está deteriorando con químicos especiales y hacer una nueva copia para preservarla.

La complejidad del proceso varía con cada filme y con ésta, los costos. Una restauración puede insumir hasta US$300 mil, enviando el material a los pocos centros especializados que existen en Europa y Estados Unidos, porque Argentina no cuenta con el equipamiento necesario para la tarea.

Tecnologías complementarias

La tarea en la Cinemateca Argentina no cesa. Los filmes empiezan a envejecer el día que nacen y el patrimonio por preservar es vasto.

"Algunos creen que las tecnologías digitales son la salvación, pero nosotros somos ‘fundamentalistas del cine' y creemos que hay que preservar en cinta. Las nuevas tecnologías se puedan utilizar para restaurar material que de otra manera sería imposible recuperar", opina Cassinelli, quien es vicepresidenta de la institución.

De hecho, es mucho lo que ya ha desaparecido. Del prolífico cine mudo argentino de comienzos del siglo XX, del que se registran unos 900 estrenos en los diarios de la época, sólo queda un puñado de cintas.

Sin embargo, la especialista señala que no siempre se trató de negligencia. Cientos de rollos y negativos desaparecieron en incendios, generados por la misma composición química de la base de nitrocelulosa sobre la que se filmaba entonces.

Lo que queda, desvela a los expertos y no sólo por las exigencias de la conservación sino porque, al fin y al cabo, el cine no es cine si no tiene quién lo mire.

Del archivo a la sala

La primera proyección cinematográfica de América Latina tuvo lugar en Buenos Aires, en junio de 1896, sólo unos meses después de la presentación oficial del equipo de los hermanos Lumière en Francia.

Algunos creen que las tecnologías digitales son la salvación, pero nosotros somos ‘fundamentalistas del cine' y creemos que hay que preservar en cinta. Las nuevas tecnologías se puedan utilizar para restaurar material que de otra manera sería imposible recuperar

Marcela Cassinelli, investigadora de la Cinemateca Argentina

Pocos años más tarde, los cinéfilos porteños podían elegir entre varios "biógrafos" donde encerarse para una sesión vespertina y cuando en 1909 se estrenó La Revolución de Mayo en el teatro Ateneo, se convirtió en un éxito de público.

"¡Al fin un tema argentino!", celebraron los periódicos de la época, en alusión a este filme que luego seguiría por años en la cartelera de la capital.

Ahora, el gran desafío de los restauradores es conseguir una audiencia ávida de encontrarse con el pasado en las salas de proyección.

"Nuestra preocupación es cómo acercar a la gente joven. Porque nunca se han visto tantas películas como ahora, desde Internet a los teléfonos, pero la gente va cada vez menos al cine", confirma Marcela Cassinelli.

Según la experta, se trata de una nueva tendencia en materia de conservación, en la que el rol de las cinematecas va asociado a la formación de nuevos públicos.

Con un programa destinado a enseñar las gramáticas de los géneros clásicos a estudiantes secundarios, la Cinemateca Argentina se propone recuperar la experiencia cinematográfica "a la Lumière", donde la pantalla, la butaca y el espectador son protagonistas.

Después de todo, dicen, de nada vale tener películas magníficamente restauradas... y salas vacías.

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