Última actualización: lunes, 8 de junio de 2009 - 14:17 GMT

El turismo sexual en Granada

Turistas en un aeropuerto.

El auge del turismo ha estado acompañado por un crecimiento de la prostitución infantil.

Con sus más de 480 años de historia, y ubicada a sólo 47 kilómetros de la capital - y poco más de 100 de la frontera con Costa Rica - Granada es la capital turística de Nicaragua por excelencia.

Su arquitectura colonial, la proximidad del majestuoso lago Cocibolca - el segundo más grande de América Latina - y el bosque nuboso que corona la cumbre del ya extinto volcán Mombacho, entre otros atractivos, atraen a aproximadamente medio millón de visitantes todos los años.

Pero el auge del turismo también ha estado acompañado por un crecimiento de la prostitución más que evidente.

Con una preocupante particularidad:

La gran mayoría de las trabajadoras sexuales de Granada son menores de edad.

"Si, es cierto, el problema ha ido aumentando" reconoce el suboficial de la Policía Nacional José Romero, de patrulla por el Parque Central.

"Y ahora hay chavalitas de 13 años, hasta de 12", dice refiriéndose a las prostitutas que por las noches esperan a sus clientes en las bancas del parque, que está flanqueado por la Alcaldía, la catedral y algunos de los principales hoteles y restaurantes de la ciudad.

El comercio sexual con menores y adolescentes no es un secreto en esta ciudad de callejuelas estrechas por las que aún circulan coches tirados por caballos.

Aunque lo mismo tal vez podría decirse de toda Nicaragua.

Después de todo, en el país con la tasa de embarazo adolescente más alta de América Latina no debería extrañar que la mayoría de las trabajadoras sexuales entren al negocio desde muy temprano.

A vista y paciencia

En Granada, sin embargo, es más difícil pretender que todos los hombres mayores que están acompañados por jovencitas son sus padres, hermanos o parientes y que por lo tanto no hay razones para "pensar mal".

Es más que obvio que el turista cincuentón, rechoncho, rubio y sonrosado con el que me cruzo mientras camina por la calle "La Calzada", y la muchacha de la minifalda blanca con rostro de colegial que lo acompaña, no comparten ningún lazo de consanguinidad.

Es cierto, el problema ha ido aumentando, y ahora hay chavalitas de 13 años, hasta de 12.

José Romero, el sub-oficial de la Policía Nacional de patrulla por el Parque Central.

Ambos parecen recién salidos de la ducha y, si bien no es raro encontrarse con parejas de este tipo en los bares y restaurantes de Granada, estas definitivamente desentonan con los grupos de jóvenes "backpackers" y clientes de las "tour-operadoras" que parecen ser la mayoría de los turistas extranjeros de la ciudad.

"Y Granada en realidad no necesita de ese tipo de turismo" explica José "Chepe" Velez, propietario del hostal "La Libertad", refiriéndose al turismo sexual.

Hoteles como el suyo no le permiten a los huéspedes llevar menores a las habitaciones, pues aplican un código de conducta promovido por el Instituto Nicaragüense de Turismo y la UNICEF.

Así, un poster colocado en el lobby de "La Libertad" afirma que "El sector turístico de Nicaragua previene la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes".

Y, según Vélez, la mayoría de los hoteles de Granada cumplen con el código de conducta.

Lo mismo, sin embargo, no se puede decir de los moteles de carretera que pululan en las afueras de casi todas las ciudades de Nicaragua.

Estos existen para facilitar encuentros sexuales clandestinos y por lo tanto no acostumbran realizar preguntas ni realizar averiguaciones sobre la identidad de sus clientes. Como por ejemplo, su edad.

"Chavalas de colegio"

Las acciones institucionales para combatir el comercio sexual con menores también son, a todas luces, insuficientes.

"La policía? Bien, gracias", se queja doña Yelba Urbina, quien tiene más de cuarenta años de vender Vigorón - el plato típico de Granada - en un kiosko del Parque Central.

Esto le ha permitido constatar de primera mano el crecimiento de la prostitución en la ciudad.

Turismo sexual infantil.

El turismo sexual infantil es un problema en todo el mundo pero está creciendo en Nicaragua.

"Son chavalas de colegio, vos sabés" explica además doña Yelba.

"Nosotros trabajamos con la Comisaría de la Mujer para informar a los padres (de las menores), y que ellos hagan algo" explica por su parte el suboficial Obando.

"Pero igual luego vuelven a aparecer por acá".

Según Obando también se han producido algunos arrestos, pero los casos nunca llegan a juicio porque los imputados por lo general se arreglan con los padres durante el trámite de mediación.

"Reciben una compensación económica y asunto olvidado", se queja el oficial, mientras explica que casi todos los arrestos que se han realizado en los últimos años han implicado a clientes locales, lo suficientemente imprudentes como para haber sido atrapados in fraganti en la vía pública.

Los turistas, nacionales y extranjeros, son más cuidadosos.

O tal vez es que las autoridades prefieren no meterse con ellos.

El sexo como anzuelo

Después de todo, ciudades como Granada dependen grandemente del turismo. Y el sexo vende.

Un artículo publicado en agosto del 2004 por la revista norteamericana GQ, promocionaba a Nicaragua "como un paraíso marxista reformado, en el que se puede disfrutar de impuestos bajos... y hermosas mujeres".

En el mismo se destacaba además un fragmento de un brochure titulado "Vivir e invertir en la nueva Nicaragua" en el que se lee: "Si estás buscando algo de romance, Nicaragua puede ser el lugar adecuado. Un pensionado al que conocemos presume: 'aquí las mujeres saben como tratarlo a uno como rey'".

El sector turístico de Nicaragua previene la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes.

El texto de un poster del Instituto Nicaragüense de Turismo y la UNICEF.

Y, sin ningún tipo de rubor, transcribía una conversación entre dos expatriadas norteamericanas de más de cuarenta años, hablando de dos conocidos: uno que "pasa en su cuarto desnudo la mayor parte del tiempo, acompañado por un montón de muchachitas" y otro que "prefiere a los muchachitos".

Lo peor es que ese tipo de intercambios como mecanismo para salir de la pobreza parece estarse volviendo cada vez más aceptable para algunos nicaragüenses.

Aunque ese no es el caso de doña Yelba Urbina.

"Me imagino que porque no quieren trabajar, porque aquí pobreza ha habido toda la vida", explica cuando se le pregunta acerca de la motivación de las jóvenes meretrices que buscan clientes a pocos metros de su puesto de Vigorón.

Eso sí, reconoce que en algunos casos son los propios padres los que incitan a sus hijos a intentar "sacarle algo" a los turistas.

En otros, cree que puede ser la esperanza de conseguirse a un "chele bueno", dispuesto a ofrecerle matrimonio "como ya le ha pasado a algunas chavalas que salen con extranjeros".

Por lo pronto ninguna de la tres jovencitas que esperan posibles clientes en una banca cercana está dispuesta a explicarme sus razones.

"Nosotros cuidamos a Nicaragua", dice la mayor de ellas cuando le explico que quiero entrevistarlas para la BBC.

"Si querés meterte en nuestras vidas privadas, pagá antes nuestras deudas" me dice, sugiriendo así una razón.

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