Duro revés para el oficialismo

El ex presidente y líder del oficialismo, Néstor Kirchner, sufrió este domingo un duro revés en los comicios legislativos de mitad de término en Argentina.

Image caption Kirchner reconoció su derrota después de varias horas de finalizada la votación.

Kirchner se postuló como primer aspirante a diputado nacional en las listas de la provincia de Buenos Aires, que es considerado el distrito clave en los procesos electorales, ya que concentra el 38% del total del padrón argentino.

En este territorio, un bastión histórico del peronismo, el Frente Justicialista para la Victoria (Partido Justicialista) del ex presidente resultó derrotado por la alianza conservadora Unión-PRO, que encabeza Francisco De Narváez.

Luego de una larga espera, que tuvo en vilo a los medios y a los ciudadanos por más de ocho horas tras el cierre de los centros comiciales, el candidato reconoció públicamente su derrota.

"Hemos perdido por muy poquito, hemos perdido con toda dignidad en Buenos Aires. No tenemos problema en reconocer nuestra derrota, y ya estamos en camino para retomar la iniciativa y reforzar la gobernabilidad", declaró Kirchner, serio y visiblemente cansado, desde el centro de operaciones de su partido.

Con el 95% de los votos escrutados, la opositora Unión-PRO reunió el 34,5% de los sufragios, contra 32,1% del frente peronista, con una diferencia de alrededor de dos puntos porcentuales, que se mantuvo durante todo el conteo.

De Narváez al frente

Los datos oficiales, que se fueron dando a conocer desde las 21:00 horas de Argentina (01:00 GMT) y gradualmente señalaron una tendencia, tomaron por sorpresa a muchos, en una batalla electoral dirimida voto a voto como no se había visto en años.

Aunque las encuestas preelectorales diagnosticaban un "empate técnico" entre los dos candidatos bonaerenses, la mayoría de ellas daba por ganador a Kirchner por una leve diferencia, de 2 a 3 puntos porcentuales.

Tras el escrutinio, el opositor De Narváez fue quien sumó esa diferencia a su favor. Con los guarismos a la vista, este peronista disidente, diputado desde 2005, salió a celebrar un triunfo que lo consolidó como principal figura de contrapeso al kirchnerismo.

"Varias veces a lo largo de esta campaña dije que, si no nos dividíamos, un día íbamos a cambiar la historia, y ese día es hoy", declaró el flamante diputado de Unión-PRO, con una amplia sonrisa y entre los aplausos de sus seguidores.

De Narváez pidió "calma" a los cientos de adherentes, enfundados en las camisetas amarillas emblemática del partido, que lo aclamaban al grito de "Colorado, Colorado", y trató de desalentar los cánticos contra los Kirchner que surgieron espontáneamente desde la audiencia.

"Viene un momento de sumar un argentino a otro argentino, es un momento de unir y no de dividir, de sumar y no de confrontar", señaló el opositor.

Tercero en la contienda se colocó el Acuerdo Cívico y Social, la fuerza de centro liderada en territorio bonaerense por Margarita Stolbizer.

Panorama porteño

En el segundo distrito en importancia en el país, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (la Capital Federal), los nombres de los ganadores estuvieron claros desde que se inició el recuento: la candidata a diputada nacional Gabriela Michetti, representante de Unión-PRO, fue la preferida del electorado, con casi 31% del total y 7 puntos de ventaja sobre el segundo.

Image caption El PRO ganó en los principales distritos del país: la provincia de Buenos Aires y la capital federal.

Detrás de ella quedó el representante del izquierdista Proyecto Sur, Fernando "Pino" Solanas, un político de larga trayectoria que alcanzó este domingo un resultado notable, que las encuestas no habían logrado magnificar.

Tercero se ubicó el candidato del Acuerdo Cívico y Social, Alfonso Prat Gay, aunque con un caudal de votos menor al estimado originalmente. Por su parte, el representante del oficialismo, Carlos Heller, quedó relegado al cuarto puesto.

Golpe al oficialismo

Pese a la derrota ante De Narváez, Kirchner accederá de todos modos a la Cámara Baja: al ser el primero en la lista, el sistema de representación proporcional que rige en Argentina le garantiza su banca de legislador nacional por Buenos Aires.

Sin embargo, este traspié personal del hombre fuerte del oficialismo -a quien muchos consideran responsable último de los destinos del país- constituye un golpe psicológico y fáctico para el gobierno de su esposa, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Por un lado, el matrimonio presidencial, que está al frente del país desde 2003, queda debilitado frente a la oposición en un contexto de creciente malestar y descontento de la ciudadanía con la actual mandataria.

Los Kirchner habían planteado esta elección como un plebiscito para legitimar la gestión en marcha, y el revés en las urnas constituye, para los analistas, un mensaje que no puede ser ignorado.

"La pérdida de puntos del oficialismo en la provincia sin duda está relacionada con el sostenido conflicto entre el gobierno y el agro, que ha sido decisivo para su popularidad. El juego está terminado, Kirchner ya sabe que se irá en 2011 y lo que se está discutiendo ahora es con qué grado de dignidad y de respaldo transita hasta entonces", señaló el consultor Jorge Giacobbe, de Giacobbe y Asociados, en declaraciones ante BBC Mundo.

Escenario legislativo complicado

Pero, además, los resultados a nivel nacional confirman que el oficialismo no será capaz de retener la mayoría nominal en el Congreso.

Image caption De Narváez dijo que la Unión-PRO cambió la historia en estas elecciones.

En esta elección de mitad de término se renovaron la mitad de las bancas de la Cámara de Diputados y dos tercios de los puestos del Senado. Con resultados adversos en los principales distritos -Buenos Aires, la Capital Federal, Mendoza, Santa Fe, Córdoba e incluso la provincia natal de los Kirchner, Santa Cruz-, el oficialismo perdió el quórum propio en ambas cámaras.

"Es probable que veamos a Kirchner hacer uso intensivo de los súper poderes presidenciales. Una derrota lo deja débil políticamente y por eso redoblará la apuesta para retener el poder", le indicó el analista político Rosendo Fraga a BBC Mundo.

Fraga y otros analistas coinciden en que la elección marca de algún modo el "fin de una era", y que la mandataria y su esposo se verán obligados a aprender un nuevo modo de llevar adelante su gestión: cerrando alianzas y negociando apoyos para garantizar la gobernabilidad hasta las próximas presidenciales, en 2011.

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