Última actualización: viernes, 17 de julio de 2009 - 12:12 GMT

Pasado y presente de una revolución

Para reproducir este material debe tener activado Java Script, así como tener instalada la última versión de Flash Player.

Reproduzca el contenido en Real Player o Windows Media

Es uno de los personajes más amados y odiados de Nicaragua. Sus detractores lo acusan de ser un político corrupto que se ha hecho millonario a costa de la población. Sus partidarios dicen que es el único que le ha devuelto la dignidad a los pobres.

Hace 30 años, Daniel Ortega, junto a otros líderes revolucionarios, entraban en las calles de Managua para proclamar la derrota de Anastasio Somoza y la instauración de la revolución sandinista.

Era el 19 de julio de 1979. Hoy, tres décadas después, han comenzado los preparativos oficiales para la celebración del aniversario, esta vez más austeros que en otras ocasiones, porque las finanzas públicas no andan nada bien.

Los tiempos han cambiado. Luego de que los sandinistas perdieran las elecciones en 1990 y Nicaragua tuviera tres gobiernos de corte conservador, en 2007 vuelve al poder el nuevo "comandante Ortega".

El fusil quedó en el álbum fotográfico y Ortega se reinventó como un hombre profundamente religioso y abierto el diálogo, una imagen que por segunda vez lo llevó al poder, con el 38% de los votos.

Han crecido los rumores de que estaría afectado por una grave enfermedad como lupus o leucemia, que prefiere evitar la luz del día y que está buscando un mecanismo que le permita ser reelegido, una de las últimas tentaciones de los mandatarios latinoamericanos.

Pero habría un plan B: Rosario Murillo, su esposa y secretaria de Comunicaciones, considerada por muchos como el verdadero poder en las sombras y potencial candidata presidencial para los comicios de 2011.

BBC Mundo viajó a Managua para dialogar con algunos de los protagonistas de esta historia en un país donde las heridas de la guerra entre sandinistas y contrarrevolucionarios siguen abiertas.

Una guerra que marcó la década de los 80 dejando, según distintas estimaciones, alrededor de 60.000 muertos.

"Seguiré siendo revolucionaria"

Muertos que siguen en la memoria de Esperanza Cisneros, 75 años, una entusiasta sandinista que perdió a uno de sus hijos, sin que eso afectara su devoción por la causa revolucionaria.

Mientras Dios me dé vida seguiré siendo revolucionaria. Hasta que me muera

Esperanza Cisneros

"La sangre de nuestros héroes y mártires no la voy a traicionar jamás. Mientras Dios me dé vida seguiré siendo revolucionaria. Hasta que me muera", dice Esperanza, desde su pequeña casa en Managua llena de pósters de Ortega y Sandino, banderas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y hasta con la pared delantera pintada a favor de los candidatos del gobierno.

Esperanza no cree en las acusaciones de enriquecimiento ilícito de los líderes sandinistas, ni los cargos contra Ortega por abuso de su hijastra, ni el presunto pacto que habría hecho con el ex presidente conservador, Arnoldo Alemán, para alternarse en el poder.

"No, el comandante Ortega es una buena persona que ha dado todo lo posible por el pueblo. El gobierno ha ayudado mucho a nuestros hermanos campesinos y a la gente más pobre", dice Esperanza, con su pañuelo rojo y negro en el cuello y la boina negra que uno de sus hijos le ha traído para la entrevista.

"Traición"

La experiencia del estadounidense Erik Flakoll es completamente distinta. Tenía 25 años y se iba rumbo a Japón, cuando por esas cosas del destino, terminó en Nicaragua apoyando la revolución sandinista y trabajando como instructor de artes marciales de las Fuerzas Especiales.

"Los líderes traicionaron la revolución y se han convertido en una nueva oligarquía"

Erik Flakoll, ex sandinista

Pronto se convertiría en guardaespaldas de los máximos líderes sandinistas y con el tiempo, en consultor del gobierno.

Flakoll, o Daniel Alegría (su nombre de seguridad), estuvo muy cerca de los nueve comandantes que encabezaron la revolución y trabajó en operaciones de inteligencia para el gobierno. Conocía el poder desde dentro, y aunque tenía ciertas discrepancias, era ferviente partidario del sandinismo. Hasta que llegó la decepción.

"Aquí no hay una revolución. La revolución se terminó en 1990 cuando perdimos las elecciones. Daniel se ha transformado en un hombre hambriento de poder, corrupto y muy similar a Somoza. Los líderes traicionaron la revolución y se han convertido en una nueva oligarquía", dice el "gringo" decepcionado por el rumbo de los acontecimientos.

"La corrupción comenzó en 1990 con la piñata, que fue la repartición de propiedades, automóviles, dinero público, entre los líderes de la revolución para su uso personal. Yo nunca estuve de acuerdo".

Este hombre cercano a la ex cúpula sandinista denuncia que Ortega y su esposa Rosario Murillo han amasado una fortuna en los últimos años. Algo que a su juicio es completamente injustificable.

El "comandante Cero"

Entrar a la casa de Edén Pastora, el "comandante Cero", es como regresar a la época del conflicto armado en los 80s.

Las paredes están llenas de fotografías delos primeros años de la revolución. "Yo fui el jefe de las milicias populares sandinistas. El encargado de organizar y entrenar al pueblo para el combate. Yo soy un político armado".

La revolución tuvo grandes conquistas como la dignificación del obrero y del campesino o la campaña nacional de alfabetización

Edén Pastora

Prueba de ellos es que al ingresar a su oficina tiene una metralleta M4 con tres cargadores en una mesa y un fusil de largo alcance que le regaló Fidel Castro en 1978, una de sus más preciadas posesiones.

Pese a que en el pasado tuvo diferencias, hoy Pastora defiende al gobierno de Ortega sin el más mínimo atisbo de duda.

"La revolución tuvo grandes conquistas como la dignificación del obrero y del campesino o la campaña nacional de alfabetización".

El comandante Cero desmiente categóricamente las acusaciones de corrupción que pesan sobre el actual gobierno sandinista y sobre el propio Ortega.

"No es cierto, todo el mundo sabe que Daniel se mantuvo estos 18 años con ayuda que le mandaba Gaddafiy el hermano que estaba en el Ejército. En su casa el cielo raso se caía y hasta habían telarañas".

Y mirando hacia el futuro, Pastora dice que con los proyectos sociales que tiene el actual gobierno, en diez 0 quince años "Nicaragua está a flote".

Un país en llamas

Adolfo Calero fue el comandante en jefe de la contrarrevolución hasta marzo de 1990, cuando participó en la firma del cese el fuego con los sandinistas.

Daniel Ortega (archivo)

Ortega, líder de los revolucionarios, ahora es criticado con dureza por algunos de sus ex compañeros.

"Fuimos abastecidos con armas desde los Estados Unidos hasta que nos cortaron el flujo. Se calcula que en su punto máximo, llegamos a ser 22.000 hombres y mujeres luchando contra los sandinistas", cuenta Calero en el patio de su casa en Managua, a la cual regresó en 1992.

"Han pasado 30 años y aquí estamos enfrentando al mismo personaje, Daniel Ortega. Él tiene una fuerza diezmada, pero suficiente para haber ganado las elecciones contra una oposición dividida".

Parece increíble pensar que Calero estuvo unido a los sandinistas, luchando codo a codo, para derrocar a Somoza en 1979. Pero después de la victoria se transformó en uno de sus peores enemigos.

"Pasamos de las brazas con Somoza a las llamas con los sandinistas", comenta Calero, quien critica a sus adversarios políticos por no haber implementado un sistema democrático.

Ortega, "el nuevo Somoza"

Esta es una crítica compartida por el diputado opositor Francisco Aguirre Sacasa, presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores y Secretario Nacional del Partido Liberal.

"Han sido 30 años de oportunidades perdidas. Ortega se ha convertido en el nuevo Somoza", le dice a BBC Mundo desde su oficina en el Parlamento.

Daniel Ortega y Hugo Chávez

Ortega ha cambiado también las relaciones exteriores de Nicaragua.

"No hay control sobre las finanzas públicas. Estamos preocupados por la falta de transparencia", agrega.

Desde su punto de vista el sandinismo ha generado un retroceso económico en el país con graves consecuencias como el aumento de la pobreza.

"Justamente el deterioro de las condiciones de vida hizo que muchos campesinos que inicialmente apoyaban la revolución terminaran contra ella".

Actualmente Nicaragua es considerado uno de los países más pobres de América Latina. Los sandinistas dicen que se debe a los tres gobiernos neoliberales que tuvieron el poder en los últimos años, mientras que la oposición asegura que es el legado de la falta de desarrollo en la década de los 80s.

Más allá de las explicaciones, lo concreto es que cerca de la mitad de los nicaragüenses viven en condiciones de pobreza.

Tienen un sistema de educación y salud gratuito, pero muchas de las personas entrevistadas por BBC Mundo se quejaron por la falta de medicinas e insumos. Y por la falta de empleo.

Otros sin embargo, alistan sus banderas para celebrar los 30 años de una revolución que fue la esperanza de un modelo de justicia social en plena guerra fría.

BBC navigation

BBC © 2014 El contenido de las páginas externas no es responsabilidad de la BBC.

Para ver esta página tal cual fue diseñada, debe utilizar un navegador de internet actualizado, que tenga habilitado el uso de hojas de estilo en cascada (CSS, por Cascading Stylesheets en inglés). Aunque en el navegador que está utilizando podrá ver el contenido de la página, no será presentado de la mejor forma posible. Por favor, evalúe la posibilidad de actualizar su navegador y/o habilitar el uso de CSS.