EE.UU. apaga su propaganda en Cuba

Oficina de intereses estadounidenses en La Habana.
Image caption "La guerra de los carteles" se convirtió en un arma propagandística para los gobiernos.

El gobierno de los Estados Unidos apagó de forma definitiva la pantalla electrónica gigante que había instalado en el último piso de su Oficina de Intereses en La Habana (SINA), con el fin de dar información a los ciudadanos cubanos.

El anuncio oficial lo realizó el vocero del Departamento de Estado, Ian Kelly, quien reconoció "que la pantalla realmente no era efectiva como instrumento para proporcionar información a los cubanos".

El cartel luminoso era verdaderamente difícil de leer, hacía falta pasar mucho tiempo observándolo para poder entender una sola de las noticias, a pesar de lo cual el entonces presidente cubano Fidel Castro lo consideró una agresión contra su país.

Castro ordenó la construcción inmediata de un parque de banderas, con mástiles altísimos que impidieran totalmente la visión de la pantalla. Una obra monumental que implica un constante mantenimiento debido a la acción del salitre y los vientos.

El cartel de la discordia

El conflicto empezó en 2004, cuando la SINA puso en su fachada un cartel pidiendo la liberación de 75 presos políticos. La Habana respondió rodeando la sede con enormes carteles con fotografías de prisioneros iraquíes siendo torturados por infantes de marina estadounidenses.

Como todos los roces entre Cuba y los Estados Unidos, "la guerra de los carteles" se convirtió, a pesar de su inefectividad, en un arma propagandística para los dos gobiernos.

Washington trataba de demostrar que su acción rompía el supuesto monopolio informativo del gobierno cubano. Para dar una imagen de mayor objetividad, el anterior jefe diplomático de la SINA, Michael Parlmy, le dijo a la prensa que la información utilizada era fundamentalmente de la BBC.

Por su parte, Fidel Castro lo calificó de "una agresión del imperio contra el pueblo cubano", llamó "cucarachas" a los diplomáticos y organizó una protesta frente a la SINA que reunió a más de un millón de personas.

La guerra navideña de los carteles

Timidez

Image caption El cartel empezó a funcionar hace tres años.

El fin del cartel luminoso estadounidense se une al retiro de la propaganda cubana "antiimperialista" que rodeaba la sede diplomática. No parecen acciones de gran calado porque ninguna de las dos campañas de propaganda surtía grandes efectos.

Algo similar a lo que ocurre con TV Martí, una emisora oficial de EE.UU. que cuesta millones de dólares y que sólo trasmite hacia la isla, a pesar de que nadie en Cuba puede verla debido a un poderoso sistema de interferencia organizado por los ingenieros cubanos.

La actual suspensión de la pantalla es otro tímido gesto de acercamiento entre los gobiernos de Raúl Castro y Barack Obama. Antes ya se habían reunido para debatir temas migratorios y Washington levantó las restricciones de viajes y remesas a los cubano-americanos.

Hasta ahora ninguna de las partes ha dado pasos significativos hacia el entendimiento. El avance es tan lento que apenas ha cambiado el enrarecido ambiente que se vivió en los años en que George W. Bush y Fidel Castro gobernaban sus países.

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