Habla un hombre del silencio

Edgar Alirio Nastacuasu (Foto: Hernando Salazar)
Image caption Nastacuasu fue uno de los 400 indígenas awás que debieron huir de sus hogares.

A sus 43 años, Edgar Alirio Nastacuasu es padre de diez hijos y abuelo de dos nietos.

Él es un indígena awá, un hombre delgado y pequeño, de piel oscura, que tiene la cara salpicada por las marcas de una varicela reciente.

Edgar Alirio no ha sido la única víctima de varicela. En realidad, la enfermedad ha atacado a toda su familia y a casi todos los 200 desplazados que están hacinados en un improvisado albergue en El Diviso, un pueblo a orillas de la carretera que va de Pasto al puerto de Tumaco, sobre la costa pacífica del suroeste de Colombia.

En la primera semana de febrero pasado unos 400 indígenas awás, entre ellos Edgar Alirio y su familia, tuvieron que huir de sus hogares en la montaña, ubicados a cinco horas en campero y 12 horas caminando de El Diviso.

El desplazamiento ocurrió después de una masacre de 11 awás a manos de guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.

Uno de los muertos era Óscar, de 24 años, el yerno de Edgar Alirio, quien fue acuchillado, como los demás, después de que los acusaron de ser informantes del ejército colombiano.

Sin volver

Image caption El albergue El Diviso está cerca de Tumaco, sobre la costa pacífica del suroeste de Colombia.

Edgar Alirio lleva cinco meses durmiendo con su familia en un rincón de la sede de una organización indígena en El Diviso, un pequeño caserío donde la única construcción moderna es una escuela.

Ellos duermen en hamacas o sobre el piso de tabla de una casa grande, que sirve como sede administrativa de la Unidad Indígena del Pueblo Awá, Unipa.

Natascuasu es el dueño de una parcela de 2 hectáreas, en una zona conocida como El Bravo, en el municipio de Barbacoas, uno de los más golpeados por el conflicto armado en el departamento de Nariño, cuya capital es Pasto.

Como todos los casi 30.000 indígenas awás que viven en Nariño y Putumayo, en la frontera con Ecuador, Nastacuasu es un hombre de pocas palabras.

Los awá son cazadores y pescadores, conocidos como los hombres del silencio, pero Edgar Alirio decidió hablar con BBC Mundo para contar su historia.

En primera persona

¿Qué fue lo que sucedió en febrero?

Que Óscar fue a visitar a un tío y no regresó. Lo amarraron a un árbol y lo acuchillaron. Al día siguiente, les hicieron lo mismo a otros diez compañeros.

Image caption Nastacuasu lleva cinco meses durmiendo en una organización indígena.

¿Quién mató a su yerno?

Creo que lo mataron los de las FARC.

¿Por qué los mataron?

Porque decían que eran guardianes del Ejército. Pero eso era mentira, porque el ejército no estaba ahí. Cuando me salí para acá, ahí sí llegó el Ejército.

¿Cómo eran las relaciones de ustedes con la guerrilla?

Ellos pasaban no más.

¿Qué hizo usted cuando mataron a su yerno?

Del susto nos salimos. Mi compañera me dijo que de pronto iban a llegar por nosotros. Días después hicimos una minga y encontramos el sitio donde sepultaron a Óscar.

¿Cuántas personas hay en este albergue?

Unas 50 familias. Otras tantas se han ido para otras partes.

¿Y usted cómo está aquí?

Ahí, sufriendo. Estoy como mal. No tengo trabajo, ni nada.

¿Quisiera volver a su predio?

Yo sí quisiera regresar. Pero, entonces, ¿será que me molesta la ley de allá o qué?

¿Cuándo quisiera regresar?

Yo quisiera volver rápido, porque ya la siembra se está perdiendo toda.

¿Cómo ha sido la convivencia con las otras personas que están desplazadas aquí?

Estamos como mal, aburridos. Nosotros vivíamos en una sola casa, buscábamos animales de monte y por aquí ya no se consigue eso.

¿De qué están viviendo aquí?

Unos compañeros nos dan de comer un poquito.

¿Cómo era su vida donde vivía?

Tranquila, pero ahora es distinto, porque por allá andan el ejército y las FARC.

¿Qué cultivos tiene en su parcela?

Maíz, yuca, caña, plátano.

Algunos de los desplazados ya han regresado. ¿Cómo les ha ido?

Apenas una tía regresó. Todavía no ha pasado nada.

¿En esa zona hay minas?

Sí. Eso es lo más peligroso, porque no podemos andar por el caserío, ni pescar.

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