La crisis humanitaria de los awá

Del centenar de pueblos indígenas colombianos, que suman cerca de un millón de personas, los casi 30.000 awá de Nariño, en la frontera con Ecuador, son, sin duda, los que más han sufrido los efectos del conflicto armado y el narcotráfico en los últimos años.

Image caption Los casi 30.000 awás del suroeste de Colombia sufren una crisis humanitaria.

"El conflicto ha dejado muchas mujeres viudas y huérfanos entre nosotros", se queja María Dolores Guandá, una líder awá, quien hace seis años tuvo que salir de su resguardo, conocido como Pueblo Viejo, y desplazarse con sus hijos hasta Ricaurte.

"En los últimos seis años han sido asesinados 115 compañeros", le dice a BBC Mundo Freiman Rolando Canpicús, secretario de Camawari, una de las dos organizaciones que agrupan a los awás en esta región.

Pero José Edgaro Pai, de la Unidad del Pueblo Awá (UNIPA) la otra organización, estima que los muertos llegan a 150.

Apenas una semana atrás, una nueva matanza sacudió al pueblo indígena, doce de cuyos integrantes –entre ellos un bebé de ocho meses– fueron asesinados por pistoleros.

Si se comparan esas cifras con los cerca de 1.200 muertos que reporta desde 2003 la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) se observa que los awás han puesto más del 10 por ciento de las victimas fatales.

Por fortuna, María Dolores está viva. Y reconoce que la costumbre de tener muchos hijos –entre 12 y 16 en algunas mujeres–, aunque es una pesada carga económica, se ha convertido en una defensa contra el exterminio.

"Los hijos son esperanza de vida", comenta esta mujer que se siente desarraigada viviendo en una comunidad urbana.

"El indígena no es nadie sin el territorio", añade y recuerda que los awás habitan en las montañas, donde viven de la pesca, la caza y la agricultura.

Por esto, ella insiste en regresar al resguardo donde vivía, que hoy es escenario de enfrentamiento entre la guerrilla de izquierda, los paramilitares de derecha y las fuerzas militares colombianas.

"Yo quiero replicar todo lo que estoy aprendiendo entre la gente de mi resguardo", agrega.

En Ricaurte, un pequeño pueblo ubicado en la vía que conecta a la zona andina de Nariño con la Costa Pacífica, María Dolores se está capacitando en artesanías y modistería junto a muchas otras mujeres que, por culpa del conflicto, ahora son "madres cabezas de familia".

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Crisis humanitaria

Desde hace al menos dos años, los awás sufren una crisis humanitaria que por ahora no parece tener una solución a la vista, de acuerdo con los testimonios recogidos en la zona por BBC Mundo.

Image caption El conflicto ha dejado muchas viudas y huérfanos, denuncian los awá.

"A los compañeros los sacan de sus casas y los asesinan. La violencia ha sido un tormento para los awás y nos ha dificultado crecer como pueblo", se queja José Edgardo Pai cuando habla con BBC Mundo en un sitio donde dos centenares de desplazados están hacinados hace cinco meses.

Pai y los desplazados están en un sitio conocido como El Diviso, a cuya entrada hay una gran valla que proclama: "Territorio de diálogo y paz".

Los muertos más recientes fueron once indígenas que hacían parte de la UNIPA, que fueron masacrados a cuchillo en febrero pasado. Otros siete cayeron en mayo y dos más en julio.

La guerra que se desarrolla en las zonas donde viven los awás no solo ha provocado el desplazamiento masivo e individual de muchos de ellos, sino también víctimas por las minas antipersonales.

Pero, además, en algunas zonas de los awás también hay fumigaciones de cultivos ilícitos, que, según los dirigentes indígenas, son responsabilidad de colonos que han invadido sus territorios.

El conflicto y el miedo han provocado el confinamiento de muchos awás en las montañas, de donde no pueden salir y a donde no les llegan suficientes alimentos.

Confinamiento

Image caption Canpicús, secretario de Camawari, una de las dos organizaciones que agrupan a los awás de Nariño.

El confinamiento ha sido denunciado desde 2007 por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) pero sigue sin resolverse.

Los awás muchas veces no pueden salir de sus casas a buscar alimentos, porque temen el estallido de minas.

Según Canpicús, "la mayoría de nuestros resguardos están minados y entre 10 y 15 indígenas awás han muerto por culpa de las minas".

BBC Mundo habló con Canpicús en una cafetería del parque principal de Ricaurte, un pueblo donde se respira un aire tenso.

El fin de semana que BBC Mundo visitó El Diviso, un pequeño poblado a 40 minutos de Ricaurte, en la vía que conduce hacia el puerto de Tumaco, en la zona se produjo la desaparición de tres personas –entre ellas una enfermera– que iban a bordo de en un campero.

Los pobladores responsabilizan de ese hecho a los paramilitares que han llegado a la región, así como no dudan en señalar a la guerrilla de las FARC como la autora de la masacre de febrero pasado.

"Hasta 1998 no se conocía la violencia aquí", dice Canpicús.

"Pero ahora, estamos siendo víctimas de amenazas de los 'paras' y de la guerrilla", se queja.

"Paras" y guerrilla están ligados a la próspera industria del narcotráfico que opera en la zona, donde hay cultivos ilícitos, laboratorios móviles para producir cocaína y por donde salen importantes cargamentos de drogas hacia el Pacífico, para luego ser embarcados hacia el exterior.

"Nosotros creemos que la única solución del conflicto armado es la palabra y pedimos que nos dejen ser parte de una propuesta de paz", responde Rolando cuando BBC Mundo le pregunta si ve una solución a la vista.

Pero enseguida aparece el escepticismo y Canpicús afirma con cierta resignación: "la guerra en Colombia es un negocio y a ninguno de los actores le interesa que se acabe, porque genera dinero".

Y, al igual que María Dolores, Canpicús no duda en reiterar algo que los indígenas de este rincón de Colombia tienen claro: "sin tierra no somos awá".

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