Lenguas nativas se niegan a morir

Simón Valencia y su familia
Image caption Simón, que hace parte del pueblo kubeo, y Candelaria, del tukano, viven con sus tres hijas.

Simón Valencia y su esposa Candelaria Montaña luchan cada día en Bogotá por conservar las lenguas indígenas que aprendieron cuando eran niños a cientos de kilómetros de la capital colombiana, en la región de la Orinoquía.

Simón, que hace parte del pueblo kubeo, y Candelaria, del tukano, viven con sus tres hijas y saben que las 65 lenguas indígenas que se hablan en Colombia podrían sucumbir ante el uso generalizado del castellano.

El Ministerio de Cultura de Colombia reconoce que 20 de esas lenguas están amenazadas y que cinco más se están extinguiendo. "Algunas de estas son habladas por un puñado de personas", dice el experto Jon Landaburu.

Por esa razón, en la pequeña casa que rentaron en el centro de Bogotá, Simón y Candelaria se esfuerzan por hablarles a sus tres hijas en sus dos lenguas nativas, aunque muchas veces también lo hacen en castellano.

No es una tarea fácil. "Mi hija mayor, Mónica Liliana, que tiene 18 años, habla perfectamente el tukano, porque se crió con la abuela y con ella vivió hasta cuando tenía cuatro años", le comenta Candelaria a BBCMundo.

Castellano en todas partes

Sin embargo, la muchacha apenas habla unas palabras de kubeo, reconoce la madre.

Mónica Liliana sonríe, mientras mira a Alba Jurena, su hermana de 7 años, quien colorea una cartilla para la enseñanza del kubeo.

La menor de las tres hijas entiende las lenguas de sus padres, pero todavía no las habla fluidamente.

"En la escuela todos hablan en castellano y en la casa, cuando quieren ver muñequitos en la televisión, todo está en castellano", anota Simón, quien se especializó en etnolingüística.

Candelaria y sus tres hijas llegaron hace seis meses a Bogotá, donde ya estaba trabajando Simón.

La familia ya no vive en el selvático departamento del Vaupés, donde la mayoría de la población es indígena. Ahora vive en una gran selva de cemento, donde está rodeada de personas que hablan español.

"Por eso, como política familiar decidimos hablar en las dos lenguas. Creo que lo hacemos un 20 por ciento del tiempo que estamos aquí", reconoce Simón.

A pesar de las amenazas contra las lenguas nativas, el kubeo, que es hablado por unas 15.000 personas, está mucho más difundido que otras.

"Más del 90% de los kubeos hablan la lengua", anota Simón.

Una lengua amenazada

Por el contrario, la lengua sáliba, por ejemplo, está muy amenazada.

"Sólo tenemos un 20% de hablantes", le dice a BBC Mundo Hilber Humege, quien hace poco llegó a Bogotá a trabajar con la Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC.

Humege y sus hermanos, que nacieron en Casanare, en el oriente del país, apenas hablan unas palabras de sáliba, pero no pueden sostener un diálogo.

"Sólo hablo las palabras que alcancé a aprender en mi niñez", relata Humege, quien tiene 26 años.

"Es que en las escuelas castigaban a los niños que hablaban sáliba", explica.

Y agrega que hoy su lengua es hablada, sobre todo, por las personas mayores.

La etnoeducación es una alternativa ante esas amenazas, pero Humege dice que este año solo hay tres maestros bilingües, que hablan español y sáliba, para dar clases en su comunidad, donde viven casi 1.600 personas.

"La mitad de las lenguas habladas en Colombia lo son por grupos de menos de 1.000 personas y están por lo tanto en una situación de precariedad preocupante", escribió recientemente el experto Jon Landaburu.

Ante el panorama de las lenguas nativas, el Ministerio de Cultura de Colombia emprendió un programa de autodiagnóstico, en el que están participando los hablantes de 20 lenguas nativas.

La idea es tener un panorama claro de la situación y poder tomar acciones efectivas.

Simón tiene claro que la defensa de la lengua empieza por los hogares, pero subraya que se necesita el refuerzo de las escuelas.

El reto es inmenso, porque los indígenas admiten que a muchos jóvenes y niños les avergenza hablar en sus lenguas en estos tiempos en que la tecnología, los computadores y la Internet les hablan en inglés y en español, pero no en kubeo, ni en tukano, ni mucho menos en sáliba.

Pero Simón e Hilber dicen que, al mismo tiempo, tienen que hacer todo lo que esté a su alcance para salvar las lenguas, "pues sin lengua se muere nuestra cultura", dice Valencia.

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