El diablo calza botas militares

Riosucio
Image caption Riosucio se encuentra en una de las zonas más pobres de Colombia.

El padre Elkin Nazrallah es un sacerdote católico que trabaja en una discreta iglesia en la pequeña población ribereña de Riosucio, situada en la región más pobre de Colombia.

Riosucio está habitada principalmente por afrocolombianos. El padre Elkin es un hombre de escasa estatura, pero su valentía es impresionante.

"El diablo caminó por acá", sostiene, refiriéndose a un capítulo oscuro en la historia de Riosucio que empezó en 1996.

"El diablo bajó por el río vestido con un uniforme verde de combate, con botas militares".

El diablo del padre Elkin era un grupo paramilitar dirigido por empresarios y terratenientes. Y para mi sorpresa y admiración, él no tenía miedo de decirlo, muy abiertamente, a la BBC.

"Los paramilitares de derecha decían que estaban combatiendo a los rebeldes. Pero ese era apenas su mecanismo para entrar al área- su manera de sacar de su tierra a la población negra y a los otros pobres de por acá", dijo el sacerdote.

"Empezaron a ocurrir masacres- no sabemos cómo ni por qué. Pero eso hizo que la población negra y los otros campesinos pobres salieran corriendo de sus terrenos", agregó.

"La justificación de los paramilitares era que tenían que perseguir a los rebeldes pero el resultado fue la expropiación ilegal de las parcelas de la gente por este grupo de empresarios inescrupulosos", dijo el padre Elkin.

"Nueva esclavitud"

Image caption El padre Elkin se ha opuesto a los paramilitares locales.

Algunos de los afrocolombianos que huyeron de sus hogares rurales a mediados de la década de 1990 todavía viven en el pueblo de Riosucio. Son refugiados en su propia tierra.

Hacen parte de los tres millones de colombianos que, según estimativos de la Comisión de Naciones Unidas para los refugiados, han sido desplazados por la violencia en este país.

Por varias décadas, las tropas gubernamentales -en ocasiones apoyadas por paramilitares de derecha- han estado enfrentándose a las guerrillas izquierdistas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

En muchas ocasiones las creencias políticas de estos grupos han sido irrelevantes; todos han estado involucrados de un modo u otro con el fenómeno asociado del millonario tráfico de cocaína.

Uno de los dirigentes de los afrocolombianos en Riosucio es Jose Angel Palomeque.

"Nuestra liberación de la esclavitud ocurrió hace unos 150 años, cuando entró en vigencia la abolición", dijo Palomeque.

"Pero luego continuó otra forma de esclavitud - mediante el racismo y la negativa a reconocer nuestros derechos políticos y sociales".

Luego de ser desplazados de su tierra, los afrocolombianos se organizaron- con la ayuda de la Iglesia - para emprender acciones legales contra los empresarios respaldados por paramilitares.

"Mundo olvidado"

Image caption José Palomeque es un dirigente afrocolombiano.

Colombia es una curiosa combinación de varios países en uno.

Es un país violento alguna vez calificado de "narco-estado" por un congresista estadounidense. Algunas zonas rurales -incluyendo la región del Chocó en donde está ubicado Riosucio- se sienten como rincones olvidados del Tercer Mundo.

Pero los centros urbanos de Bogotá o Medellín claramente hacen parte del Primer Mundo.

En estas ciudades abundan ricos empresarios blancos, jóvenes atractivas vistiendo pantalones de jean ajustados, y matronas bien arregladas caminando con sus perros poodle junto a elegantes tiendas de diseñador.

En estos lugares también hay abogados y juzgados e interminables discusiones acerca de los derechos constitucionales.

¿El imperio de la ley?

Por un golpe de suerte (creo yo), estaba en Riosucio cuando llegaron las noticias de Bogotá anunciando que los afrocolombianos habían ganado su demanda.

"El fallo dice que nos deben permitir volver a nuestra tierra", dijo Senaida Edine Martínez, otra activista afrocolombiana.

Le pregunté a Senaida Martínez si ella pensaba que esto realmente pasaría.

"Por supuesto", dijo. "Es la ley. Y deben regresarnos la tierra en buenas condiciones. El gobierno ahora tiene que implementar este fallo para nosotros. No creo que tengan alternativa distinta".

El padre Elkin estuvo de acuerdo en que era un fallo importante. Pero también lanzó una advertencia.

"El problema con los fallos judiciales en Colombia es que son apenas algo escrito en un papel", dijo. "Las tierras involucradas en este caso están muy lejos del centro de poder en Bogotá y las autoridades judiciales desempeñan un papel mínimo en esta zona".

Un fallo había sido emitido desde una corte del Primer Mundo hacia una comunidad ribereña en el Tercer Mundo.

Los afrocolombianos de Riosucio están felices con ello.

Pero todavía tienen al diablo en su vecindad.

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