Milicianos en la Fuerza Armada venezolana

La defensa armada de la nación está en Venezuela en manos de todos. O al menos en manos de cualquier ciudadano que “labore en instituciones públicas y privadas”, interesado en participar de manera voluntaria en las llamadas “milicias bolivarianas”.

Image caption Una ley formalizó la existencia de las llamadas milicias dentro de las Fuerzas Armadas (foto cortesía PSUV).

Es lo que el gobierno llama un paso hacia la “consustanciación” de las Fuerzas Armadas con el pueblo. Y lo que la oposición llama una “militarización” de la sociedad civil.

La reciente aprobación de una reforma de la Ley de la Fuerza Armada, ahora apellidada oficialmente Bolivariana (FANB), formalizó la existencia de las llamadas milicias dentro de las FANB y dio pie a una polémica entre quienes consideran que la misma “convirtió al país en un cuartel” y quienes sostienen que materializó la “unión cívico militar” que se requiere para hacer realidad el proyecto socialista liderado por el presidente Hugo Chávez.

Quienes se adscriban a la milicia, que depende directamente del jefe del Estado, recibirán entrenamiento táctico militar, incluido el manejo de armas de fuego, “con el fin de coadyuvar con las FANB en la defensa de la nación”. También ejercerán una serie de funciones mano a mano con los consejos comunales, instancias de participación política de base que constituyen el fundamento del proceso de cambio, según el oficialismo.

Hace poco, uno de los vicepresidentes del Partido Socialista Unido de Venezuela, Aristóbulo Istúriz, declaró que las patrullas– otra instancia de organización popular promovida por el PSUV con funciones de promoción ideológica y vigilancia social – serían incorporadas a las milicias “para defender la revolución bolivariana”.

Según una entrevista que concediera el año pasado el entonces comandante de la Milicia Nacional Bolivariana, mayor general Carlos Freites Reyes a la oficial Agencia Bolivariana de Noticias, la aspiración es entrenar e integrar a unos 15 millones de venezolanos a ese cuerpo en el transcurso de la próxima década.

¿Integración o espionaje?

“No queremos militarizar la sociedad, como dicen por ahí (…), más bien buscamos, como yo suelo decirlo, la socialización de nuestra Fuerza Armada”, precisó Freites Reyes. Ésta es, precisamente, el quid del asunto para quienes critican la reforma legal en materia de milicias.

“La revolución ha planteado que los Consejos Comunales son la base de la sociedad. Cuando pones a la milicia en constante contacto con estos consejos, sin duda estás militarizando la sociedad”, le dijo a BBC Mundo el ex ministro de la Defensa Fernando Ochoa Antich.

“ Si en unos consejos aparecen unas personas uniformadas y armadas, el peso que tengan esas personas va a ser definitivo. Yo creo que eso va a tender a la militarización de la sociedad”, agregó.

“Esa milicia es el cuerpo armado que va a enfrentar en el proceso de la revolución a quienes no son favorables al presidente Chávez”, le dijo a BBC Mundo, por su parte, el doctor en Ciencias Políticas y experto en temas militares José Machillanda.

Según Machillanda, la MNB le permitirá al presidente “hacer un corte transversal de la sociedad”. Esto, entre otras cosas, por el papel “delator” que, sostiene, se otorga a sus integrantes, a través de la función de “recabar y difundir información de los Consejos Comunales necesarias para los planes de desarrollo nacional”.

Portavoces oficialistas sostienen que la integración de lo militar con lo civil es una ventaja, antes que una amenaza. Se trata de la “participación del pueblo en los asuntos militares, tal como lo hace en otros temas nacionales”, según declaró hace poco el diputado oficialista Juan Carlos Dugarte.

¿Funcionará?

Tanto Machillanda como Ochoa Antich tienen dudas de que un modelo como ése funcione en la sociedad venezolana, desacostumbrada, por años de haber vivido libre de conflictos internos o externos, a una cultura bélica. Sin embargo, según el ex ministro de la Defensa, “van a ser tales las ventajas económicas, de oportunidades en las carreras públicas, que se va a lograr que se inscriba mucha gente”.

El politólogo Machillanda considera que el tamaño que pretende dársele a la milicia la hará inviable. “Sin embargo ese elemento va a ser capaz de generar profundas perturbaciones a lo interno de la ecuación política venezolana. Va a ser capaz de amedrentar a los venezolanos”, opinó.

El diputado Dugarte, por su parte, insistió en que el enlistamiento miliciano es voluntario y recalcó que en el país se había acabado con “la odiosa recluta”.

Para los dos analistas críticos, lo que está detrás del fortalecimiento de la milicia es la desconfianza del presidente hacia el estamento militar, derivada de su propio pasado como comandante golpista. Y un factor a tomar en cuenta es, precisamente, el efecto que el nuevo estatus del componente miliciano tendrá dentro de los componentes tradicionales de la Fuerza Armada.

“Tendrán que mirarlo mal”, señala Ochoa Antich. “Lo normal es que el monopolio de la violencia lo tengan las Fuerzas Armadas. En cierta forma se le está quitando el monopolio de la violencia, se le está dando a toda la sociedad”, indica.

Esto, según el mayor general Freites Reyes, “es una gran falsedad”. Según dijera en su entrevista con ABN, el objetivo es “complementar a la Fuerza Armada en la defensa integral de la nación”. De ahí que los verbos “correctos” sean “reforzar, relevar, complementar”.

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