El secreto encanto de la izquierda

Presidentes de Uruguay, Brasil y Chile
Image caption ¿La nueva vía?

El presidente Tabaré Vázquez tiene una popularidad del 62%, la misma con que empezó su mandato hace cinco años.

Este respaldo electoral tiene interesantes paralelos con el que han logrado Luis Ignacio Lula da Silva en Brasil y Michelle Bachelet en Chile con similares programas de centro izquierda.

Durante los cinco años de gobierno de Tabaré, el PIB creció en un 35,4%, se redujo significativamente la deuda pública y crecieron las exportaciones en un 100%.

Este crecimiento se vio acompañado de una mejora de los indicadores sociales: el desempleo se redujo del 13 al 7%, los salarios aumentaron en un 30% y la pobreza disminuyó significativamente.

La combinación de estabilidad macroeconómica con combate a la pobreza también ha sido clave en la notable popularidad de Lula y Bachelet al fin de sus mandatos, permitiéndoles sumar a sectores flotantes de las clases medias a su proyecto sin renunciar a su identidad política.

¿Es entonces éste el camino de la centro izquierda en América Latina?

Las dos izquierdas

Una representación de la actual situación de la izquierda en América Latina es que Uruguay, Brasil y Chile forman parte de una tendencia "moderada y democrática" en paz con la economía de mercado que se diferencia claramente de la vía "radical y confrontativa" de Venezuela y Bolivia.

En esta visión coinciden algunos sectores "progresistas", preocupados por lo que califican de tendencias autoritarias de Hugo Chávez y Evo Morales, y otros de derecha, como el novelista peruano Mario Vargas Llosa.

Según José Natanson, autor de "La nueva izquierda", un detallado análisis de las alternativas de izquierda en la América Latina del siglo XXI, esta dicotomía es engañosa.

"No se puede hablar de un modelo único, exportable al resto. Bolivia tiene sus propias características que pasa entre otras cosas por la reivindicación de los indígenas excluidos y esto hace que Evo Morales tenga exigencias muy diferentes a Lula.

"Por su parte antes que asumieran Lula y Tabaré Vázquez, se especuló mucho en ambos países con la gobernabilidad económica. Para ambos era fundamental demostrar que podían garantizar la estabilidad. Cada país tiene su propia realidad", señaló Natanson a BBC mundo.

El mérito de Chile, Brasil y Uruguay fue romper con una dicotomía que se planteaba como irreductible entre estabilidad macroeconómica y combate a la pobreza.

"Esto no quiere decir que el gobierno de Tabaré sea menos transformador que el de Correa, por ejemplo. Yo creo que son cambios más graduales que se realizan en un marco institucional y político diferente. En el caso de Bolivia, Ecuador y Venezuela hubo estallidos sociales previos que llevaron a intentos "refundacionales" de todo el sistema político", subraya Natanson.

El futuro

Image caption Tabaré Vázquez y Hugo Chávez: diferentes liderazgos

A pesar del éxito de la centroizquierda en Uruguay, Brasil y Chile, no hay garantías de que los partidos gobernantes sean reelegidos.

Como reflejan las encuestas, la popularidad de Tabaré Vázquez, Lula y Bachelet no se transfiere automáticamente a los partidos.

El Frente Amplio de José Mujica tiene una intención de voto de alrededor del 47 %, pero podría perder en una segunda vuelta.

En Chile la oposición de derecha aventaja claramente a Eduardo Frei, el candidato de la Concertación Democrática, aunque la posibilidad de una segunda ronda podría inclinar la balanza a favor de la continuidad.

En Brasil el carisma de Lula parece irremplazable para las presidenciales del próximo año y el Partido de los Trabajadore está asediado por conflictos internos.

"Esta es una diferencia importante. En Uruguay, Brasil y Chile no hay garantías de continuidad a la gestión mientras que en Bolivia, Ecuador y Venezuela esto parecería estar garantizado, pero al enorme costo de hacer girar todo en torno a la figura de un líder", señaló Natanson a BBC mundo.

Para algunos como Vargas Llosa este caudillismo es causa del déficit institucional y democrático latinoamericano. Para otros, como el politólogo Ernesto Laclau, es una consecuencia.

Lo que queda claro es que, por el momento y más allá de las ideologías -como prueba el caso de Alvaro Uribe en Colombia- la democracia en la región no puede prescindir de estas figuras carismáticas.

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