Honduras, entre el golpe y la violencia

Soldados revisan la estación HRN de Honduras luego de un atentado con granada
Image caption La semana pasada, fue lanzada una granada a una estación de radio afín al gobierno interino.

La crisis política en Honduras, originada en el golpe de Estado del 28 de junio, está creando cada vez más vacíos en materia de seguridad.

De acuerdo con Manuel Torres, analista político y periodista hondureño, los recientes atentados contra funcionarios públicos y familiares, si bien no parecen tener un claro móvil político, sí refuerzan la percepción de que la violencia común está en ascenso.

Antes del golpe de Estado, "la violencia era ya una situación extremadamente grave y es posible que se esté recrudeciendo en este periodo", señaló Torres.

El martes, dos hombres armados le quitaron la vida al empresario Jorge Eduardo Callejas, quien es hermano del ex presidente Rafael Leonardo Callejas.

Según un testigo presencial, dos sujetos no identificados que viajaban a bordo de una motocicleta bajaron a Callejas de su vehículo y le dispararon en la cabeza.

¿Crímenes políticos?

La muerte de Callejas, el más reciente en una serie de atentados, hace sospechar a la sociedad hondureña de que se encuentra frente a un brote agudo de crímenes políticos en el país.

"La percepción de los hondureños está muy marcada por la crisis política, que tiene un componente de crisis de seguridad, y la gente tiende a asociarlo y a abrigar dudas sobre el origen de algunas acciones", afirmó Torres.

Image caption La crisis política en Honduras pone de relieve los índices de inseguridad del país.

En algunos medios y agencias se ha destacado el papel que las víctimas de los ataques recientes jugaron en la destitución por la fuerza del presidente Manuel Zelaya.

Por ejemplo, la agencia Reuters señaló expresamente que el ex presidente Callejas -quien gobernó al país de 1990 a 1994- había apoyado el golpe de Estado del pasado 28 de junio.

Sin embargo, las autoridades hondureñas que investigan el homicidio del hermano del ex presidente señalan que no hay nada que indique que el crimen esté relacionado con la crisis política.

En otros incidentes, el lunes fue asesinado Nelson Javier Portillo Carias, alcalde de Jocon, en el norte de Honduras.

El sábado el fiscal general, Luis Alberto Rubí -considerado uno de los principales funcionarios públicos que apoyó la destitución de Zelaya- sufrió un ataque del que salió ileso.

La semana pasada, fue lanzada una granada a una estación de radio afín al gobierno interino.

¿Inseguridad endémica?

Honduras tiene uno de los índices de homicidio más altos del continente.

"Acuérdese que estamos en uno de los países con mayores índices de violencia en el mundo. En términos de homicidios por cada 100.000 habitantes estamos atrás de Irak y de Afganistán, incluso en este momento por encima del promedio de Colombia, que es un país con un conflicto armado", indicó Torres.

El año pasado, 7.235 personas fueron asesinadas en el país, lo que representaría un incremento de 25% respecto de 2007, dice un informe del Observatorio de la Violencia (OV) de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras y las Naciones Unidas difundido a principios de año.

El informe señalaba que "cada dos horas alguien muere en Honduras de manera violenta". Gran parte de estos incidentes estarían relacionados con el tráfico de drogas.

Con una población de unos 7,3 millones de personas, la cifra pone a Honduras en uno de los índices de homicidios per cápita más altos del mundo.

"La crisis - señala Torres- ha puesto a los cuerpos de seguridad y a la policía en trabajos de represión política, y ha creado una especie de vacío en materia de seguridad.

"Probablemente en ese vacío estén creciendo las actividades delictivas y las actividades del crimen organizado".

Torres afirma que la resistencia al golpe de Estado en Honduras ha transcurrido "fundamentalmente por vías pacíficas", y por tanto es razonable pensar que los ataques vienen, más bien de otra parte.

"Los hechos se están dando. Hay algunos incidentes como pequeñas bombas caseras en parques públicos o en centros comerciales, que si no es la resistencia, habría que preguntarse quién lo está haciendo y cuál es la intención ulterior".

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