Elegido pero ¿legítimo?

Soldado custodiando urnas en Honduras
Image caption Todo está listo para los comicios. Unos 16.000 efectivos custodiarán el proceso.

En Honduras se declaró como ganador de las elecciones presidenciales a Porfirio Lobo, del Partido Nacional. La pregunta es ¿qué legitimidad tendrá?

Para muchos ninguna, si se tiene en cuenta que ocurren cuando el país está regido por un gobierno resultante de un golpe de Estado. Para otros, bastante, dado que estaban convocados desde antes del golpe y que, al fin y al cabo, serán los hondureños los que decidirán el futuro.

Por lo pronto el mandatario depuesto, Manuel Zelaya, pidió este lunes a la comunidad internacional no reconocer las elecciones del 29 de noviembre en su país. En entrevista con BBC Mundo calificó a los comicios de "ilegítimos" y "vergonzosos" y pidió que se pospongan.

Según él, mediante estas elecciones el "régimen que encabeza Roberto Micheletti pretende legitimar el golpe de Estado" de junio pasado.

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Rechazo internacional

Gran parte de la comunidad internacional advirtió que no reconocería el resultado de este domingo si antes no era repuesto el gobierno constitucional derrocado el 28 de junio pasado, lo que a estas alturas es imposible dado que el Congreso lo decidirá recién el 2 de diciembre.

Image caption Zelaya pidió que no se reconozcan los resultados del domingo.

Brasil, Nicaragua, Ecuador, Argentina, Bolivia y Venezuela están entre los países latinoamericanos que se niegan a darle el visto bueno al resultado de las elecciones, mientras que Perú y Colombia no han aclarado su posición.

EE.UU. y Panamá anunciaron que sí aceptarán como presidente de Honduras a quien sea elegido, si los observadores concluyen que las elecciones se realizaron apropiadamente.

La Organización de Estados Americanos (OEA) no se ha pronunciado puesto que le fue imposible lograr un consenso, pero no enviará una misión de observadores electorales, ya que Honduras continúa suspendida en ese organismo.

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"Puede volver a ocurrir"

Es difícil subestimar el dilema que presenta la situación hondureña.

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Image caption Insulza dijo que no mandará veedores.

Insulza advirtió que "lo que se juega acá, más allá de Honduras, es un precedente".

Lo que le preocupa a él, como a muchos otros en la comunidad internacional y en Honduras mismo, es que aceptar el resultado de las elecciones -para encontrarle una salida a la crisis- podría significar aceptar también lo que ha sucedido desde el 28 de junio.

"Es un tipo de golpe correctivo, es decir, echó a un gobierno pero llamó a elecciones".

El analista y periodista hondureño Manuel Torres también manifestó a BBC Mundo su preocupación sobre "el precedente que sienta el golpe, no sólo para Honduras sino para toda América Latina".

Según Torres, "la celebración de estas elecciones y el ascenso de un nuevo presidente terminan legitimando un golpe de Estado que, si queda impune, puede volver a ocurrir".

¿Mal menor?

Sin embargo, como señala a BBC Mundo Francisco Panizza, analista de temas latinoamericanos y profesor de la London School of Economics, "es difícil mantener en el largo plazo el desconocimiento a la legitimidad de los resultados del proceso electoral".

Para Panizza, lo que puede pasar "es que después de las elecciones –y esa parece ser la estrategia- se pueda lograr algún acuerdo político" entre el nuevo gobierno y el presidente depuesto.

Las elecciones parecieran ser el mal menor. "Por supuesto que no es la mejor situación, pero es difícil pensar en una alternativa", señala Panizza.

Además, destacó que el derecho internacional reconoce al gobierno que ejerce efectivamente el poder en el país.

Para el analista, el panorama "no es ideal, pero el actual gobierno ha maniobrado para tener un desenlace favorable a sus intereses".

Consenso a posteriori

La clave, según el profesor, estará en la transparencia del proceso.

Las elecciones tienen un déficit de legitimidad por ser convocadas por un gobierno golpista. Pero, como resalta, Panizza "estas elecciones ya estaban planeadas. Si se reconoce que hubo libertad para hacer campaña y para votar, eso creará elementos difíciles, en el largo plazo, para desconocer el resultado".

El analista hondureño Manuel Torres es más crítico y propone "revisar y cuestionar en América Latina el concepto de democracia, en el cual reducirla a la mínima expresión electoral sin que represente cambios económicos y sociales de fondo es evidentemente un proceso muy precario".

"No puede haber más procesos electorales sólo sustentados por la élite de poder y reduciendo a la ciudadanía a una mera posición de votantes", reflexiona Torres.

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