Alcalde de Río declara la guerra al coco

Delante, un mar turquesa que se pierde en el horizonte. Detrás, los verdes morros. Y en la mano, un agua de coco. Ésa es una de las experiencias más típicas de quien visita las playas de Río de Janeiro.

Image caption Las cáscaras de coco representan el 60% del volumen de basura recogida diariamente en las playas.

Sin embargo, ahora, una de las más tradicionales costumbres cariocas podría desaparecer si avanza un proyecto propuesto por el alcalde de la ciudad, Eduardo Paes.

Paes advirtió a los ciudadanos de la cidade maravilhosa que prohibirá la venta de cocos verdes en las playas de Río si no mejoran los hábitos de limpieza de los bañistas.

Según las autoridades, las cáscaras de coco representan el 60% del volumen de basura recogida diariamente en las playas.

En temporada alta, son retiradas de la arena unas 60 a 70 toneladas de restos de coco, cifra que asciende a unas 180 toneladas los fines de semana.

"La gente tiene que ser menos cochina y parar de tirar cosas en la arena o en la calle", afirmó Paes, quien la semana última decidió suspender una medida impulsada por la Secretaría de Medio Ambiente de la ciudad, para prohibir la venta de cocos en la playa.

El secretario de Medio Ambiente local, Jovanildo Savastano, había firmado la disposición, afirmando que los restos de los frutos atentan contra la salud pública, al atraer palomas y ratas, que a su vez acarrean enfermedades.

Sin embargo, la polémica que suscitó la medida llevó a que las autoridades dieran marcha atrás y pospusieran por ahora su plan.

Un clásico

Según los críticos de la iniciativa, prohibir la venta de cocos no mejorará el problema de higiene en las famosas playas cariocas.

Una encuesta realizada por el sitio O Globo indicó que un 44% se opone a la medida, porque no quiere perder la costumbre de poder tomar el agua de la fruta en la playa.

Otro 26% también se opone, porque considera que el coco es un tipo de basura biodegradable.

En tanto, menos del 25% apoyó la idea de las autoridades.

Para la periodista carioca Ursula Alonso Manso, el agua de coco es una de las cosas más emblemáticas de la cultura de Río.

"No sólo es importante para los locales, sino también para los turistas. Es como una marca de la ciudad", le dijo a BBC Mundo.

"Es cierto que los locales tenemos muy malos hábitos de limpieza, pero no veo posible que puedan implementar una prohibición. Ningún carioca va a dejar de tomar su agua de coco", aseguró.

Suciedad

En opinión de Alonso Manso, los restos de las cáscaras representan un problema menor al lado del enorme número de latas de cerveza y gaseosa que quedan depositadas en la arena.

Algunos críticos del gobierno afirman que la medida de Paes busca justamente beneficiar a las empresas que producen los refrescos.

No obstante, la mayoría de los locales acepta que deben hacer más por mantener limpias las playas de su ciudad.

Un sondeo realizado por Ibope junto con la ONG Río Como Vamos mostró que el 83% de los cariocas está de acuerdo con que debe ser la población la que contribuya a evitar la suciedad, mientras que apenas el 14% lo consideró una responsabilidad exclusiva de la alcaldía.

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