Bolivia, ¿sin mercados para su gas?

El negocio energético en el Cono Sur ha dado un giro. Países como Brasil, Argentina y Chile han empezado a comprar gas natural de países lejanos como Trinidad y Tobago, Indonesia, Rusia y Qatar.

Image caption Los países vecinos han buscado alternativas al gas boliviano.

Bolivia, que se perfilaba como el gran proveedor de gas natural en esta parte del mundo, ¿dónde se ubica ahora? ¿Aún le quedan mercados? Y, de ser así ¿tiene posibilidades de ampliarlos?

Entre los analistas energéticos no parece haber acuerdo en Bolivia. Unos creen que Bolivia está quedando aislada del negocio, mientras que otros opinan que la necesidad de comprar gas barato es tan grande que Bolivia mantiene su ubicación privilegiada.

El especialista en temas energéticos y ex superintendente del sector, Carlos Miranda, en entrevista con BBC Mundo opina que “Bolivia queda muy mal porque se vuelve un país mediterráneo con su gas”. Considera que, de ser un país autosuficiente “se ha convertido en un país deficitario e importador de combustibles”.

La razón por la que Bolivia debe importar combustibles está en que a menor cantidad de gas natural extraído para la exportación, también es menor la cantidad de combustibles disponibles para el mercado interno.

Un problema político

En cambio, el analista y ex ministro de hidrocarburos, Guillermo Torres, cree que la compraventa de gas en la región ha dejado de ser un asunto económico para convertirse “en un problema político”.

Según le dijo a BBC Mundo, el gas que llega en barcos desde países lejanos “nunca va a ser competitivo con el gas boliviano” porque puede costar hasta US$17 el millar de BTU (sigla en inglés de Unidad Térmica Británica), mientras que el boliviano se vende entre US$6 y US$7 el millar de BTU.

Miranda considera que los países vecinos han perdido la confianza en Bolivia desde los conflictos del 2003 cuando las protestas sociales pedían no exportar gas por Chile ni por ningún otro país. Luego, los cambios legales han obligado a las empresas a aumentar sus tributos.

“Cuando tu proveedor no te da seguridades, tienes que buscar otro proveedor”, justifica Miranda y explica que la única manera de lograrlo es recurriendo a la tecnología del LNG (gas natural licuado, por sus siglas en inglés). Este mecanismo requiere de plantas de regasificación para recibir el gas que llega en grandes barcos desde otros puntos del planeta.

Según Miranda, Brasil tiene suficientes instalaciones para sustituir el gas boliviano, mientras que Chile no sólo tiene para abastecerse, sino para vender gas a algún otro vecino, que podría ser Argentina. Ese país, por su lado, también tiene plantas de regasificación.

En contraposición a Miranda, el analista Torres dice que el mercado gasífero para Bolivia no se acabará porque Argentina “está desesperado de comprar”; Brasil tiene uno de los mayores niveles de consumo de gas en el mundo; mientras que Chile está optando por proyectos inviables económicamente.

Negocio aletargado

Pero, está claro que el negocio petrolero ha quedado aletargado durante el gobierno de Evo Morales. ¿A qué se debe esa situación?

Torres indica que el problema se encuentra en la falta de inversiones porque, si éstas se produjeran, Bolivia podría duplicar sus reservas probadas de gas natural.

En ese contexto, la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) ha anunciado una inversión pública y privada de US$1.400 millones para este año.

Con estas inversiones, el Estado pretende consolidar los mercados de Argentina y Brasil. “El objetivo principal es estabilizar la producción y, en consecuencia, la venta a Argentina. Asimismo, esperamos estabilizar el mercado brasileño y buscar nuevos mercados para el gas boliviano”, dijo el presidente de YPFB, Carlos Villegas, al diario La Razón.

El analista Carlos Miranda espera que así sea, aunque expresa su desconfianza basado en que cada año se anuncian inversiones que al final no se materializan.

Sin embargo, él mismo reconoce que ahora “hay más visos de posibilidad”, puesto que la hispano argentina Repsol anunció una inversión de US$1.500 millones para el próximo quinquenio con el objetivo de garantizar el envío de gas a Argentina.

Entre tanto, el gobierno boliviano anunció la llegada de la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, no sólo para asistir a la posesión de Evo Morales este 22 de enero, sino para ratificar el interés de su país de comprar gas boliviano a largo plazo.

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