La sombra es un lujo en Haití

Haitiano.
Image caption La sombra se ha convertido en un lujo en Puerto Príncipe.

Es sábado y los ciudadanos de Puerto Príncipe se disponen a afrontar todavía sin asistencia su quinto día a la intemperie, aunque con unas ligeramente mejores perspectivas de que los alcance la operación internacional de ayuda que se ha puesto en marcha.

Por la tarde del viernes podían verse en las zonas más afectadas por el terremoto cómo algunos convoy de la misión de Naciones Unidas empezaban a distribuir alimentos y pertrechos.

Sin embargo, el esfuerzo es aún insuficiente, dada la magnitud de la tragedia y la tardanza con la que ha empezado a moverse la maquinaria humanitaria.

Al parecer no ha sido por la falta de colaboración internacional (han aterrizado más de 100 aviones al día provenientes de todas partes del mundo) sino por la capacidad física del aeropuerto de Puerto Príncipe que no permite organizar una operación de la escala necesaria.

"Es como un embudo", me explicaba un oficial de la misión militar chilena.

Ese embudo promete ensancharse ahora que la fuerza aérea estadounidense recibió oficialmente de manos del gobierno haitiano la responsabilidad de administrar las operaciones de la terminal y todo el tráfico de ayuda que ingresa al país.

Entre muros y árboles

Image caption Ante la falta de árboles, los haitianos utilizan lo que queda de construcciones para protegerse del sol.

Pero para la mayoría de los ciudadanos que han pasado la semana en descampados, rodeados de construcciones a punto de caerse y entre la pestilencia de miles de cuerpos en descomposición, estos ajetreos administrativos les son ajenos.

Más importante les es guarecerse. Una sombra ha pasado a ser de los pocos lujos que pueda darse cualquiera en esta ciudad. Aunque con el intenso sol tropical que barre la isla podría decirse que más que un lujo es una necesidad para la salud pública.

Se ve a muchas personas amparadas tras paredes. Una práctica desaconsejable, si se toma en cuenta el precario equilibrio en el que están casi todas las construcciones.

Ese muro en apariencia sólido puede convertirse en la tumba de esos que a su sombra se amparan, la próxima vez que haya una réplica telúrica.

La mayoría conoce el peligro que genera cualquier construcción. Por eso se concentran en plazas, descampados… Hasta en algunos cementerios hay personas guarecidas y a la espera.

Eso es lo único que hacen, esperar. Los que no están sacando con sus propias manos escombros de lo que alguna vez fueron sus casas y sitios de trabajo en busca de familia y amigos, están reunidos bajo improvisados techos de plástico o lonas colgadas entre los árboles o postes.

Reacción distinta

Al contrario de lo que he visto en otras tragedias como ésta, aquí cada quien vela por sí mismo y su familia cercana. Al contrario de lo que he visto en tragedias similares que me ha tocado cubrir, no parece haber en marcha un mecanismo de solidaridad vecinal.

No hay esas cocinas comunales o patrullas vecinales, que suelen organizarse cuando la estructura del Estado desaparece del todo y el ciudadano queda a su propia suerte.

El que todavía tiene mercancías para vender o alimentos para preparar coloca su tarantín como siempre ha hecho en la plaza -ahora atestada de gente- y cobra a veces el doble o el triple de lo que su producto valía hasta apenas una semana.

En medio de uno de esos campamentos improvisados me encuentro con Luis, un enfermero que vive en Florida. Llegó de vacaciones el domingo y fue sorprendido por el terremoto.

Cuando me entero de su profesión le pregunto por qué no está participando de algún tipo de operativo de asistencia a los damnificados. Me responde en un español dificultoso con una pregunta: "¿Y cómo? Si aquí no hay quien quiera organizarse", me dice en un tono en el que se percibe cierta frustración por lo que considera la dejadez de sus compatriotas.

Ante la falta de asistencia médica, de servicios elementales, de comida y de agua, lo único que parece poder hacer esta gente por ahora es buscarse la mejor sombra posible. Y rezar porque no llueva.

Vínculos

El contenido de las páginas externas no es responsabilidad de la BBC.