Haití: Ayuda en primera persona

Bomberos en Puerto Príncipe
Image caption Las labores de rescate prosiguen en Puerto Príncipe, donde todavía quedan supervivientes entre los escombros.

Varios trabajadores humanitarios que se encuentran en Haití colaborando en las labores de rescate y la atención a las víctimas del terremoto del pasado martes compartieron sus experiencias con la BBC. A continuación les ofrecemos un extracto de sus diarios.

Stuart Coles, Plan International

Isabelle Jeanson, Médicos Sin Fronteras

Emerson Tan, MapAction

Martin Harrison, HCJB Global Hands

Stuart Coles

Veo que se levanta el sol y, desde el techo de terraza, oigo el sonido de los cánticos.

Para este país fervientemente católico, el domingo es el día tradicional de rezos, contemplación y, en esta oportunidad también de muchos funerales.

La gente de Puerto Príncipe hace una pausa para recordar a sus seres queridos fallecidos, pero no descuida a los vivos que necesitan ayuda desesperadamente. Este momento excepcional para la reflexión acabó demasiado pronto.

Miles y miles de haitianos sin hogar todavía vagan por las calles en busca de servicios básicos –agua y refugio- que los mantengan con sanos y salvos.

La ayuda es aún lamentablemente inadecuada en esta ciudad golpeada en la que cada uno está dejado a sus propios medios.

Nuestro equipo de comunicaciones, yo mismo y la periodista Shona nos dirigimos al sur. El terremoto ha convertido el camino a Jacmel, que normalmente dura dos horas, en un trayecto de 12 horas a través de la montaña.

Un barco procedente de la República Dominicana se dirige a la ciudad aislada de Jacmel con camiones, 1.000 tiendas de campaña, equipos de emergencia, agua, comida, jabón, bolsas de plástico, tazas y platos.

Esperamos llegar a la costa cuando caiga la noche y ver los desafíos a los que se enfrenta la población de Jacmel.

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Isabelle Jeanson

Image caption Una de las principales demandas de los cooperantes es la dificultad de transporte de materiales básicos.

De vuelta a nuestra posición en Legoane –a una hora de Puerto Príncipe, sobre las seis de la tarde, cruzamos varios controles organizados por civiles.

En uno de ellos estaban saltando a un camión que transportaba una carga de cadáveres. Estaban muy enfadados porque el conductor iba a dejar los cuerpos en su ciudad.

La gente estaba furiosa, pero yo también lo estaría si alguien quisiera abandonar cadáveres en el lugar en que vivo.

Al cruzar los controles no tuvimos ningún problema y se mostraron respetuosos con nosotros.

Ayer hablé con un cirujano y se sentía muy frustrado porque tenía pacientes que necesitaban operaciones urgentes. Pero no podía salvar sus vidas porque no disponía del equipo adecuado. Estamos a la espera de un hospital hinchable que nos dará más espacio. ¡Si alguna vez llega!

La situación está empeorando porque los pacientes que hace tres días no estaban graves, hoy sí lo están. Esto significa que hay gente que se muere por infecciones curables.

Es horrible, que la gente ruegue ayuda y no podamos ofrecérsela.

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Emerson Tan

En el turno de noche, aquí en la base de operaciones, todo se ha tranquilizado al fin. El equipo de Mapaction –organización que se encarga de suministrar mapas y planos de las zonas afectadas por catástrofes- todavía está preparando los planos y las direcciones para la misión de mañana.

El objetivo es hacer un último esfuerzo para intentar salvar gente. La camaradería entre nosotros es enorme y reina el sentimiento de que cada vida salvada es una enorme recompensa para todos.

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Martin Harrison

Viví en Ecuador durante cuatro años. Soy originario de Inglaterra y estoy en un equipo de siete médicos en la Misión Baptista de Haití, en una montaña sobre Puerto Príncipe.

Los heridos hacen cola en los pasillos del hospital y fuera hay unas 50 personas más esperando.

Si alguien llega herido de gravedad con peligro de muerte, lo atendemos inmediatamente. En el resto de casos, asistimos a los casos prioritarios primero.

Hay mucha gente que viene porque han oído que este hospital todavía está en pie. Viene gente de los pueblos cercanos. Uno de ellos era una comunidad de 2.000 personas y todas y cada una de las casas quedó destruida.

También llegan de la ciudad. Ayer subió un camión lleno de heridos.

El problema es que nos estamos quedando sin materiales para tratar las roturas de huesos, que es el problema más común con el que nos hemos encontrado. También hay bastantes casos de gangrena.

Tampoco tenemos electricidad. Utilizamos un generador diésel, pero sólo nos queda combustible para dos días.

Al ser la estación seca, no tenemos suministro de agua potable. Yo soy ingeniero de aguas y quiero instalar hoy un sistema de filtros que garantice un agua más segura. En principio será para el hospital, pero esperamos que pueda abastecer también a la comunidad.

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