Washington: Cuba sigue "distante"

Raúl Castro, Presidente de Cuba
Image caption Washington parece pensar que cualquier acercamiento depende de Raúl Castro.

"Cuba ha mostrado pocos signos de querer relaciones más cercanas con Estados Unidos", sintetiza el informe que la Oficina Nacional de Inteligencia presentó a principios de febrero al Congreso estadounidense, y que parece resumir la posición oficial a dos años de expectativas creadas por el ascenso de Raúl Castro a la presidencia.

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Transcurrido un año de la oferta del presidente Barack Obama de introducir cambios en las relaciones con Cuba si simultáneamente La Habana adoptaba medidas que hablaran de apertura política, las relaciones entre ambos países permanecen inalteradas.

En Washington se tomaron algunos pasos: se levantaron las restricciones a los viajes de cubano-estadounidenses a la isla, así como los límites al envío de remesas; se reestablecieron las conversaciones para un convenio migratorio bilateral y hasta se negoció la posibilidad de reestablecer el correo directo entre ambas naciones.

Todo hecho bajo la protesta de los políticos de "línea dura" del Congreso estadounidense que consideran que cualquier distensión en las relaciones con el último rival de la Guerra Fría debían estar supeditadas primero a "señales de apertura" de parte de La Habana.

Cuestión de atmósfera

Al llegar al poder, Obama ofreció "extender la mano” a países con los cuales EE.UU. ha mantenido relaciones difíciles, como Irán, Siria, Birmania, Corea del Norte y Cuba.

Ahora, poco parece haber quedado del "buen ambiente" que dijo haber percibido el gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, cuando viajó a la isla en agosto pasado en un viaje para promover el comercio entre su estado y Cuba.

"Las cosas no han cambiado mucho por allá. Claro que el presidente Obama aquí ha cambiado cosas, como los viajes o las remesas", le dijo a BBC Mundo, Virginia Staab, portavoz de la oficina de Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado.

Para el gobierno estadounidense, la aproximación parece ser por los momentos más pragmática, con una agenda bilateral concentrada más en los temas sociales que en los aspectos políticos.

"Estamos tratando de avanzar algunos temas que son muy importantes para nuestros ciudadanos y también para los estadounidenses que tienen relaciones y parientes en Cuba", dijo Staab.

"Ficción de cambio"

Image caption Cuba no es una prioridad en este momento para EE.UU.

Sin embargo para algunos el pragmatismo en las relaciones cubano-estadounidenses es una trampa, porque consideran que los cambios que muchos esperaban ver en la conducción del estado cubano bajo el mando de Raúl Castro "ha sido una ficción".

"Tenemos que recordar que Fidel Castro sigue siendo el presidente del Partido Comunista, que es la posición más importante. No hemos visto cambios ni siquiera menores", le dijo a BBC Mundo, Mauricio Claver-Carone director del Comité de Acción Política Democracía EE.UU.-Cuba.

"El comportamiento de Washington está condicionado al tratamiento del régimen cubano hacia su pueblo", afirmó Claver, cuya organización promueve en Washington la adopción de políticas para lograr la transición de Cuba hacia la democracia.

Claver reconoció "el derecho del presidente Obama" de revaluar la política hacia La Habana que ejerció el gobierno de George W. Bush y alabó que se haya centrado en las "preocupaciones familiares".

Además, considera que la estrategia amistosa de la Casa Blanca es acertada pues no sólo puede servir para que Cuba no logre "demonizar a Obama como hacía con George Bush", sino que también ha "ayudado a desenmascarar al brutal régimen cubano".

Condiciones o sugerencias

"Todos los frutos de la normalización de las relaciones con EE.UU. se lo merecen las nuevas generaciones de Cuba, se lo merece el futuro en Cuba. Pero ahora normalizar relaciones con cinco octogenarios atrincherados en el poder sería dar un paso atrás", aseguró Claver.

Aunque oficialmente el gobierno estadounidense no habla de "condiciones" para el cambio en las relaciones sino de "sugerencias", muchos critican la estrategia de la Casa Blanca de esperar gestos desde Cuba para modificar su política.

En el Congreso hay una mezcla de intereses enfrentados sobre el tema.

De un lado está el llamado "lobby cubano", con representantes de peso regiones con alta población cubana como Nueva Jersey o Florida, que se oponen a cualquier apertura incondicional frente a La Habana.

También hay congresistas de otros estados que sin estar bajo la influencia del electorado vinculado a la isla tienen razones más ideológicas para cambiar ante el último adversario de la Guerra Fría.

Y otro grupo de representantes de estados agrícolas del centro del país que promueven cambios menores en la política hacia La Habana que permitan expandir los negocios de exportación de frutas y cereales.

Fuentes diplomáticas de la capital estadounidense le aseguraron a BBC Mundo que es previsible que la dinámica bilateral siga estancada porque el juego político en el Congreso está bloqueado y porque, aseguran, Cuba no es prioridad de la política exterior estadounidense.

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