Última actualización: miércoles, 10 de marzo de 2010 - 13:41 GMT

"La solidaridad se desborda"

Un grupo de personas duerme en una carpa en Santiago de Chile

Muchas personas temen dormir dentro de sus casas, algunas prefieren carpas y otras, los carros, como señaló Rojas.

Sebastián Rojas Palma, un joven inglés que se encuentra en Santiago de Chile, le brinda su testimonio a BBC Mundo para escribir un diario sobre su experiencia tras el terremoto que golpeó a la nación sudamericana.

Sebastián está de visita en la casa de su abuela en la comuna de Ñuñoa, en el oriente de la capital chilena.

Como nos cuenta, el primer día hábil tras el sismo de 8,8 grados Richter que en la madrugada del sábado devastó la zona centro sur de Chile mostró a su capital, Santiago, intentando volver a la normalidad.

Lunes 8 de marzo

Mi madre me despertó temprano esta mañana. Ella está muy preocupada por mi abuela. Es por eso que quiere posponer su regreso a Londres. Le dijeron que cualquier cambio relacionado con su vuelo tiene que hacerlo personalmente. Apenas llegamos al aeropuerto, vimos dos carpas blancas gigantes. En una, el personal se dedica a los vuelos que salen y en la otra, a los que llegan.

Nos hicieron ponernos unos cascos para poder llegar a la oficina de la aerolínea. Un funcionario muy amable nos escoltó por las áreas más afectadas del terminal. Las instalaciones lucen como un enjambre de guardias y de trabajadores en plena faena de reparaciones.

Los materiales de construcción están amontonados en los pasillos. Todos los paneles decorativos que se cayeron por el sismo fueron remplazados. Se prevé que la reparación del edificio tome un mes.

En una sección del aeropuerto hay un olor muy desagradable. Le pregunté a nuestro guía si hubo algún daño en el sistema de desagüe y me respondió que se debía a la comida de los restaurantes y cafés que se ha ido descomponiendo.

Tras un significativo esfuerzo por encontrar la oficina de la aerolínea, nos dijeron -contrario a lo que nos informaron por teléfono – que debemos cambiar la fecha del vuelo en la oficina principal que queda en la ciudad.

El sistema de emergencia que se implementó en las carpas funciona de forma excelente si quieres viajar dentro y fuera del país, pero si necesitas algo más, corres el riesgo de ser víctima de la desinformación y el caos.

Domingo 7 de marzo

Pasé la mayor parte del día visitando a mi abuela en la clínica. Se encuentra estable, pero está muy débil.

Es un día muy emotivo, pues está previsto que mi madre se devuelva a Londres mañana.

Sábado 6 de marzo

Caminé con mi amigo Alejandro por el barrio Yungay. Recibí una llamada de mi madre en la que me informa que mi abuela está muy enferma y que la está llevando al hospital. clic Vea la galería de imágenes de Alejandro Ávila

Viernes 5 de marzo

Un bus en Chile. Foto: Sebastián Rojas

La solidaridad entre los chilenos se muestra también en el transporte público.

Santiago está inundado con los colores rojo, blanco y azul. En todas partes ves gente con banderas chilenas. En los edificios más altos se ven banderas gigantes. Hay muchas expresiones de patriotismo y solidaridad, quizás son recordatorios del tremendo desafío que representa la reconstrucción del país.

En las ventanillas de los buses y de los carros se pueden leer mensajes en los que se promueve la donación de dinero a la “cuenta única del Banco de Chile y Banco Santander” 2702 (fecha en que ocurrió el terremoto).

Esta noche comienza el teletón, de dos días, que busca recaudar 15 millones de pesos.

Gente de todas las edades se están movilizando en un esfuerzo por recaudar fondos. Grupos de estudiantes han sido protagonistas en estas jornadas. Los campus universitarios y las escuelas se han convertido en centros receptores de alimentos y ropa. Organizaciones de ayuda humanitaria como la Cruz Roja, Caritas y Un techo para Chile han rechazado a jóvenes con deseos de ser voluntarios porque ya tienen suficientes.

Muy cerca de un semáforo, me crucé con un grupo de entusiastas estudiantes, de la Universidad de Chile, armados con una pancarta y un recipiente para recolectar dinero. Uno de ellos, Manuel Alfaro, explicó que “lo recaudado en el teletón se destinará a cubrir las necesidades urgentes de vivienda” y que lo que ellos estaban reuniendo “contribuiría con el combustible necesario para transportar ayuda hacia el sur del país. Forma parte de una iniciativa más amplia de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile”.

Jueves 4 de marzo

De niño recuerdo cruzando la calle frente al departamento de mi abuela para ira a jugar en los patios de los edificios residenciales que conforman la Villa Olímpica. Hoy en día esos patios los ocupan varias familias durmiendo en carpas.

Aquí en la comuna de Nuñoa, los 2.700 departamentos pintados en característico amarillo sostuvieron algunos de los peores daños de la ciudad. Los edificios están conectados por vías angostas y puentes más anchos que se han desplomado parcialmente y se sostienen precariamente sobre columnas.

Los puentes conducen a unos corredores abiertos y oscuros donde muchos de los departamentos han sido abandonados. En otro sitio, un gran hueco en una pared revela otro apartamento que continúa completamente amoblado.

A pesar de la presencia de la policía (estratégicamente colocada entre los edificios y el supermercado local Unimarc) y una patrulla esporádica de la Defensa Civil, los residentes continúan nerviosos.

Me mudaría con mi familia en Lebu, pero no he podido comunicarme con ellos. Temo que algo les haya pasado

Juan Molina, vecino de Sebastián

Juan Molina ha vivido en su departamento durante tres años con sus hijas de 4 y 6. Ha habido problemas con oportunistas tratando de robarlos, así que él y sus vecinos se han agrupado para montar guardia. "Mi turno de vigilancia es entre las 3 a.m y las 7 a.m.".

Se le ve cansado mientras que traza con el dedo su ruta diaria. Adentro me muestra el severo daño de sus paredes. Me invita a tocar el muro exterior y el pasamanos de su balcón, que se mueve en vaivén como si tuviera bisagras.

Le pregunto si pretende quedarse en su hogar. "No tengo otra opción", responde. "Me mudaría con mi familia en Lebu, pero no he podido comunicarme con ellos. Temo que algo les haya pasado".

Miércoles 3 de marzo

En la tarde, me encontré con mi amigo Alejandro en la estación de metro de Irrarazaval. Nos conocemos desde que éramos niños, en Londres. Su padre es chileno y su madre es inglesa.

Ruinas en el barrio de Yungay (Foto: Sebastián Rojas)

Entre las ruinas del barrio Yungay surge la invitación a un encuentro conyugal.

Ha estado viviendo en Santiago por seis meses y se ha dedicado a enseñar inglés. Tenía previsto volver a Londres mañana, pero debido a que el aeropuerto no está funcionando en su totalidad, su vuelo fue pospuesto hasta el 16 de marzo.

Hemos estado compartiendo nuestras experiencias de los últimos días. Su familia está bien, pero la casa de su tía representa un peligro, por lo que tuvo que irse a vivir con su abuelo.

En toda la capital se pueden ver familias reunidas y decidiendo dónde albergar a los parientes que perdieron sus hogares. Todo es parte de lo que se ha calificado en Santiago como “el terremoto hipócrita”.

Todo es parte de lo que se ha calificado, en Santiago, como 'el terremoto hipócrita'

En el barrio Yungay hay edificios antiguos hechos de adobe que no resistieron el terremoto. Las familias que residen en esa área se vieron obligadas a dormir en las calles, dentro de tiendas de campaña.

Muchos de ellos son peruanos y no cuentan con “redes familiares” que los cobijen.

Martes 2 de marzo

Auto estropeado por el terremoto (Foto: Sebastián Rojas)

Una sonrisa a pesar del desastre.

En general Santiago parece haber resistido bien el terremoto. Miro a mi alrededor y parece como otro día más, hasta las colas frente a las panaderías han desaparecido. Hay, sin embargo, señales del daño causado; muros con grietas, ventanas rotas y en calles residenciales hay montículos de basura y escombros desperdigados en las veredas esperando ser recogidos.

Adornos rotos, un plato, un lavabo. Camino frente a una casa donde un muro se derrumbó encima de un auto y lo estropeó. Veo al dueño retirando escombros con una pala y le pregunto si lo puedo fotografiar.

"¡Espere! Tome otra, estoy sonriendo demasiado", dice. "Debió haber venido ayer. Estaba furioso entonces".

No puedo dejar de percibir una sensación de optimismo en la ciudad, una determinación a superar esta catástrofe. Al menos en Santiago se siente muy alejado de los terribles eventos que se desenvuelven en otras partes del país.

Se rumora que hubo saqueos en el vecindario. No tengo idea de dónde salen esos reportes, pero la información se extiende como un incendio descontrolado.

Voy con el compañero de mi mamá a recoger comida y pertenencias de un departamento en el que se estaban quedando cuando impactó el terremoto. Se encuentra en pleno centro de la ciudad, en el séptimo piso y se sacudió con tanta fuerza que decidieron no quedarse más allí. La mayoría de los locales tienen uso comercial y, aparte del conserje, eran los únicos en el edificio.

Es mi primer día en el centro de Santiago. La fachada del edificio no muestra tantos daños, pero adentro es otra historia. Los corredores están llenos de grietas, con las lozas y el yeso desprendidos. El elevador no tiene luz, así que el viaje son veinte inquietantes segundos a oscuras. Recogemos todo tan rápido como podemos y salimos a la calle.

Son las 4:40 y las galerías están cerrando temprano. Un guardia de seguridad nos dice que se rumora que hubo saqueos en el vecindario. No tengo idea de dónde salen esos reportes, pero la información se extiende como un incendio descontrolado. Espero que no sea verdad.

Lunes 1 de marzo

Ha sido un día normal. Me desperté a las 9:00 de la mañana y hasta ahora no hemos sentido réplicas.

Tengo planeado salir a hacer unas compras e ir al cibercafé a escribirle a mi novia.

Domingo 28 de febrero

Me fui a dormir a la 1:00 de la madrugada y a las 8:30 de la mañana, nos despertamos todos con una réplica bastante fuerte.

Lo que nos despertó fue el movimiento de los muebles, pues ya nos habíamos acostumbrado a las réplicas.

Cuando salí, busqué un cibercafé para escribirles a mis familiares y a mis amigos para informarles de que estaba bien.

Vi algunas familias que estaban durmiendo en sus autos. La gente en la calle se veía calmada, cada uno contaba su experiencia.

Sábado 27 de febrero

Eran como las 3:30 de la mañana. Yo estaba en mi cuarto y cuando desperté, sentí que todo el departamento se movía muy violentamente.

Yo sentí unos 40 segundos, casi un minuto de movimiento. Lo primero que hice fue levantarme de la cama. Lo hice tan rápido que creo que me lesioné un músculo en la espalda.

Las cosas se caían, el ruido era horrible

Corrí y me paré debajo del marco de la puerta.

Todo se movía de un lado a otro, era como un barco que se revolcaba en el mar. Las cosas se caían, el ruido era horrible.

Empecé a gritarle a mi abuela que estaba en su cuarto para saber si ella y la persona que la cuida estaban bien.

Inmediatamente, me di cuenta de lo que estaba pasando porque dos semanas atrás hubo un temblor. Era consciente de que estaba en un país que ha sufrido varios terremotos.

Nosotros somos muy afortunados porque estamos en un edificio muy sólido que se construyó en los años cuarenta.

Hay grietas, se cayeron unas tejas, pero nada realmente grave.

Apenas terminó el terremoto, intentamos comunicarnos con mi mamá que estaba en el centro de la capital.

El sábado en la noche, no quería dormir. Cuando empezó a oscurecer me dio un poco de miedo

Las llamadas no entraban, no había electricidad. Nos preocupamos mucho. Logré hablar con ella media hora después.

Esa noche no dormí porque quería estar atento a las réplicas.

Cuando salió el sol, di una vuelta por el vecindario y vi los daños que dejó el terremoto en la infraestructura.

En esta área, la vida comenzó a normalizarse. Los supermercados empezaron a abrir alrededor de las 8:00 de la mañana.

A las 5:00 de la tarde, hubo una reunión de emergencia en la urbanización debido a que varias tejas quedaron a punto de caerse, lo cual era muy peligroso. En ese primer encuentro, iniciamos el primer diagnóstico de los daños en la infraestructura.

El sábado en la noche, no quería dormir. Cuando empezó a oscurecer me dio un poco de miedo. Pero cuando escuche, por televisión, la explicación de un experto en sismología me tranquilicé. El especialista dijo que lo peor ya había pasado.

clic Lea el diario de Carlos Grillo desde Santiago de Chile.

Terremoto en Chile

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