Chile y el cuento de los tres cerditos

Niño haitiano juega entre las ruinas del terremoto
Image caption Los haitianos, como el cerdito ingenuo del cuento, contruyeron sus casas de paja, según Stephens

El fenómeno telúrico en Chile produjo un tipo de resquebrajadura de la superficie del consenso político, que deja al descubierto las contradicciones económicas de una sociedad que ha sido sometida a profundas transformaciones. Un friedmaniano y una keynesiana son los primeros en cruzar espadas.

En Chile, a medida que avanzan los días, las controversias desatadas por la forma de enfrentar el terremoto comienzan a abarcar aspectos menos inmediatos y se plantean a nivel internacional.

Tal es el caso del fuego cruzado que intercambiaron el columnista del Wall Street Journal, Bret Stephens, y la ensayista y socióloga Naomi Klein, en el fondo del cual se sitúan dos maneras radicalmente opuestas de concebir la vida en sociedad y cómo producir para sostenerla.

Friedman vs Keynes

Stephens asegura que la escasa pérdida de vidas humanas, en comparación con el desastre de Haití, los chilenos se la deben a las políticas neoliberales de Milton Friedman.

Klein, por el contrario, afirma que si Chile quedó en buen pie fue a pesar del citado Friedman.

En una síntesis lo menos mezquina posible, Friedman postula con Stephens que estimular la voluntad individual por encima de las restricciones sociales redunda en una riqueza para el total de la sociedad.

Klein defiende con Keynes la tesis de que el impulso individual debe conocer límites impuestos por la responsabilidad social.

Los cerditos, según Friedman

Image caption El riguroso código de construcción chileno fue aprobado durante el gobierno de Salvador Allende.

Así, para Stephens, si los chilenos tienen que lamentar la muerte de sólo un millar de compatriotas en el reciente terremoto - en comparación con las 230.000 vidas segadas por el movimiento telúrico de Haití - es el fruto de la restricción del gasto público, de la privatización de empresas estatales y de la eliminación de los obstáculos a la libre empresa y a la inversión extranjera. Todo aquello que ha sido el fundamento de la economía chilena durante gran parte de las últimas cuatro décadas.

Stephens extrae su conclusión con la simpleza de un cuento infantil: la riqueza acumulada – al revés del pobre cerdito haitiano que se construyó una casa de paja - le permitió al cerdito chileno acorazarse en casas de ladrillo frente al impotente soplido del lobo, y poner en vigor rigurosos códigos de construcción antisísmica en el país más sísmico del mundo.

Klein: al César lo que es del César

Naomí Klein le enrostra a Stephens el mal gusto – a sólo días de la tragedia chilena – de intentar anotar puntos en favor de una tendencia económica que no ha levantado cabeza desde su enorme crisis de 2008.

La autora de “La doctrina del Shock” – entre otros libros – reconoce la enorme riqueza creada en los años del gobierno militar del general Augusto Pinochet.

Sin embargo, agrega qué ésta estuvo acompañada de una rápida desindustrialización, de un aumento del desempleo del mil por ciento, de corrupción y de una deuda externa tan severa que obligó a Pinochet, en 1982, a despedir a sus principales asesores friedmanianos.

Dos mandobles

En lo sustancial, Klein anota un sólo par de datos: el Chile de los sesenta tenía los mejores sistemas de salud y educación del continente, un vibrante sector industrial y una creciente clase media.

Y, dos, el código de construcción antisísmica fue aprobado en 1972, y que si alguien debiera llevarse el crédito por ello sería el presidente de la república de ese momento, Salvador Allende, y no Milton Friedman.

El cuento de los cerditos está recién comenzando

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