Óscar Romero en anécdotas

Salvador Barraza (der.) con monseñor Romero
Image caption Salvador Barraza (der.) con monseñor Romero.

Un amigo divertido, un jefe estricto, una figura del pueblo, un sacerdote resuelto o un líder preocupado: cinco personas que conocieron de cerca al Arzobispo de San Salvador Óscar Arnulfo Romero -de cuyo asesinato se cumplen 30 años este miércoles- relatan a BBC Mundo los diferentes aspectos del lado personal del hombre que hoy es un mito.

RICARDO URIOSTE

Ricardo Urioste fue asistente personal de Oscar Romero durante sus años como arzobispo. Pero inicialmente consideraba que Romero pertenecía al ala más conservadora de la Iglesia Católica.

Pero con una palabra, Romero lo convenció para que se sume a su equipo.

"Fui al seminario, toqué el timbre y quien me abrió la puerta fue monseñor Romero. Por supuesto, lo saludé, pero él me respondió con una sola palabra: 'Ayúdame'. Pero me lo dijo con tal humildad, con tal sinceridad", cuenta Urioste.

Además, no tardó mucho en darse cuenta que Romero se sentía cercano al pueblo salvadoreño.

"Me acuerdo una ocasión cuando preguntó algo a los 'cerebros' del arzobispado, a los que consideraba más inteligentes, y ellos le respondían. Él sólo tomaba notas. Después de una hora y media, terminó la reunión y él bajó las escaleras del seminario. Había un hombre pidiendo limosna. Y monseñor Romero se le acercó. ¿Y qué hizo? Le preguntó a ese hombre lo mismo que nos había preguntado a nosotros durante la reunión. Y lo que entendí en esa actitud es que él quería escuchar a la iglesia de la calle."

LUZ ISABEL CUEVA

En 1980, la hermana Luz Isabel Cueva vivía en el Hospital La Divina Providencia, donde también vivía Romero y donde encontró su trágico final.

Image caption La hermana Luz Isabel Cueva recuerda a un monseñor Romero divertido.

Pero esta religiosa mexicana también recuerda con cariño los momentos divertidos de la convivencia con Óscar Romero.

"Una mañana él vino al desayuno y dijo: "Pensé que hoy no me despertaría; pensé que era mi última noche. Porque escuché fuertes pasos, como de botas militares, en el techo de mi casa", recuerda Cueva.

"Y dijo: 'aquí tengo las pruebas'. Todos pensábamos que nos iba mostrar balas o algo. Pero después, sacó de sus bolsillos dos aguacates y dijo: 'Éstas son las pruebas'. Porque tenía un árbol de aguacates que crecía al lado de su casa y los aguacates caían sobre el techo haciendo un ruido similar al de las botas militares..."

PATRICIA MORALES

Patricia Morales era una adolescente cuando pudo ver, en primera persona, el tormento que afectaba al arzobispo en plena convulsión política de El Salvador.

"Mi hermana y yo lo vimos dos días antes de su muerte, en el lugar adonde fue asesinado, la capilla. Nosotros fuimos a una boda allí. Y después de la boda, cuando salimos, lo vimos."

"Estaba caminando por el rosedal, vestido de blanco. Nosotras éramos adolescentes, y dijimos: 'Mira, Monseñor Romero, vamos a saludarlo, está solo!' Y nos acercamos y le dijimos: 'Hola, ¿cómo está?' Y respondió con una sola palabra: 'Preocupado'. Fue muy amable, pero dijo sólo eso: 'Preocupado'".

FRANCISCA GUTIÉRREZ

A sus 93 años, Francisca Gutiérrez, una campesina de la zona norte de El Salvador, recuerda el día que Monseñor Romero vino a visitar su pueblo, Los Sitios Arriba.

Dado que se pensaba que la zona era un bastión de la guerrilla, un cordón militar intentó detener el paso del arzobispo ese día de 1979.

Pero Francisca y otros habitantes se acercaron a donde habían detenido a Romero. Y empezaron a cantar.

"Mi hijo me decía 'cállate mamá, esas son canciones de protesta'. Pero yo cantaba: 'No tenemos miedo, no tenemos miedo'. Así fue. Y al final lo dejaron pasar. Tuvimos un hermoso día con él. Fue la última vez que vino".

¿Qué representa Monseñor Romero?

SALVADOR BARRAZA

Image caption Salvador Barraza fue el chofer de monseñor Romero durante cinco años.

Salvador Barraza fue durante años el chofer personal de Romero. Lo acompañaba en sus visitas pastorales a todo el país e incluso al extranjero.

Barraza dice que eran amigos y se divertían mucho, pero que la disciplina de Romero se hacía notar.

"Moseñor Romero era relojito, muy puntual y yo era todo lo contrario. Una vez teníamos que ir creo a Guatemala y él, a las cinco de la mañana, ya estaba listo. Y yo tranquilo, en la cama, bien dormido. Mi sobrina me tocó la puerta y me dijo: '¡Ahí está Monseñor!'… Entonces me vestí y salí corriendo.

"Y cuando íbamos llegando a una gasolinera en Santa Ana, me dijo: 'Vé a lavarte, si sólo te vestiste y saliste". Era muy estricto y muy exacto", recuerda Barraza.

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