Última actualización: jueves, 15 de abril de 2010 - 15:41 GMT

Cruzada para cuidar los billetes en Colombia

Billete colombiano

Uno de cada cinco billetes que se tenían que reemplazar salía de circulación por culpa de los usuarios.

Cada año, el Banco Central de Colombia produce 1.000 millones de billetes, el 70% de los cuales son para reemplazar a los que ya circulan. Muchos salen de circulación por las malas prácticas de los usuarios.

El mal uso de los billetes por parte del público se ha convertido en un dolor de cabeza para el ente emisor, el Banco de la República de Colombia, que se vio obligado a iniciar una campaña para evitar el deterioro anticipado del papel moneda.

El banco está pasando mensajes por los canales de televisión y dando cursos presenciales y virtuales para enseñar a la gente a cuidar los billetes y a no incurrir en malas prácticas cuando trata de establecer si las piezas son auténticas.

"Intervención artística"

Las malas prácticas con los billetes no son exclusiva de Colombia, pero el deterioro anticipado había llegado a tales nivel en este país de 45 millones de habitantes, que uno de cada cinco billetes que se tenían que reemplazar salía de circulación por culpa de los usuarios y no por su deterioro natural, le dice a BBC Mundo Néstor Plazas, subgerente industrial del Banco de la República.

Gordis, mi amor no tiene precio, Memo

Mensaje escrito en un billete colombiano

"Todo se debe a que hay personas que deciden 'intervenir artísticamente' los billetes y pintan o retocan las imágenes que aparecen en ellos, o los usan para hacer cuentas, para anotar cosas o para enviar mensajes de amor", relata.

"Gordis, mi amor no tiene precio, Memo", dice una leyenda escrita en un billete de 2.000 pesos, una de las denominaciones que más circula en Colombia.

En el mismo billete, a la cara del general Francisco de Paula Santander, uno de los próceres de la independencia de este país andino, le pintaron gafas, lunares, le marcaron la frente y le dibujaron una pequeña barba.

Bancos y casas de cambio

Pero también hay otras malas prácticas, como las de algunos bancos comerciales o casas de cambio que ponen sellos a los billetes cuando los cuentan y hacen paquetes de diferentes denominaciones.

Pazas le muestra a BBC Mundo un billete de 50.000 pesos -el de más alta denominación- que le entregó un cajero automático y que tenía un extraño sello, además de una anotación con un lapicero.

Billetes colombianos

El billete de 1.000 pesos con la efigie del líder popular Jorge Eliécer Gaitán, es uno de los que más circula en Colombia

Claro que esa "intervención" parecía apenas un tímido intento al lado de otra, en un billete de 1.000 pesos, los más comunes, que también sacó Plazas de su escritorio.

Además de estar muy arrugado el billete, a la imagen de Jorge Eliécer Gaitán, el líder popular colombiano asesinado en abril de 1948 que aparece en él, le habían pintado gafas oscuras con tinta roja.

Eso, sin hablar de la dirección y la hora de una cita que otro usuario había escrito en uno de los lugares que le quedaban libres al deteriorado billete de 1.000 pesos.

Plazas cuenta que además de todas esas malas prácticas otros usuarios dañan los billetes cuando tratan de establecer si son auténticos o no.

En busca de falsificaciones

"Les pasan fósforos, los rayan, los frotan contra papeles blancos, les quitan las cintas de seguridad", comenta Plazas.

Lo paradójico es que la falsificación de moneda colombiana es relativamente baja en este país, donde se descubren 45 piezas falsas por cada millón de billetes en circulación.

Billetes colombianos

Ni siquiera los billetes de alta denominación, como este de 50.000 pesos, se salvan de los malos usos.

Cada año, el Banco de la República produce unos 1.000 millones de piezas de billetes, el 70% de los cuales son para reemplazar los que ya circulan en el país.

Producir cada uno de esos billetes le cuesta al Banco Emisor de Colombia un promedio de 4 centavos de dólar, comenta Plazas.

La campaña "conozca y verifique los billetes colombianos" ya está dando resultados, pero el Banco planea mantenerla por tiempo indefinido.

Al fin y al cabo, toma tiempo cambiar los hábitos culturales de las personas que usan los billetes para mucho más que para comprar.

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