Última actualización: miércoles, 21 de abril de 2010 - 14:35 GMT

Viviendo con miedo en El Salvador

Miembros de una unidad de élite de la PNC arrestan un sospechoso

Miembros de una unidad de élite de la PNC arrestan un sospechoso en San Salvador.

La ola de violencia que a diario cobra la vida de un promedio de 14 personas ha cambiado los patrones de conducta de los salvadoreños que viven permanentemente a la defensiva.

En el transporte público, en el mercado, en las plazas, al salir del lugar de trabajo y hasta en su propia casa. No hay lugar donde el promedio de los salvadoreños se sienta seguro.

De hecho, los ciudadanos del país más pequeño de Centroamérica se sienten inseguros la mayor parte del día y viven en una actitud defensiva, como muestra un estudio de opinión pública.

Según la Encuesta sobre Victimización y Percepción de Seguridad en el país, realizada por el Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) de la Universidad Centroamericana (UCA), los salvadoreños creen que la delincuencia se ha duplicado en los últimos cinco años.

En 2004, por ejemplo, el sondeo mostró que el 35% de la población creía que el fenómeno se había agravado, mientras que en 2009, este mismo indicador llegó al 74%.

Día a día

"¿Ve ese salón de belleza cerrado? La semana pasada le pusieron renta a la dueña con US$400 por semana", relata a BBC Mundo un taxista que trabaja en un barrio de clase media. "Cerró y se fue antes que la mataran", agrega.

Hay una percepción generalizada de no sentirse seguro ni protegido en la mayoría de los lugares donde habitualmente circulamos

Jeannette Aguilar, directora del IUDOP

Esa historia es parte del mosaico cotidiano que asola cualquier lugar de El Salvador desde que aumentaron las extorsiones llamadas "rentas" en la jerga de las pandillas.

Quien paga sobrevive y el que no, huye a otro barrio o espera lo inevitable.

Hace pocos días, los empresarios del transporte de una ruta de autobuses que realiza desplazamientos hacia el este de la capital denunció el asesinato de dos compañeros y paralizó temporalmente el servicio.

Un informe de la Policía Nacional Civil (PNC) contabilizó 1.209 asesinatos entre el 1 de enero y el 11 de abril, un promedio de 14 por día.

Otras rutinas

Una habitante de la comunidad Iberia entreabre la puerta de su casa para comprar unas viandas.

Temerosa de salir a la calle, una mujer entreabre la puerta para realizar una compra.

La población ha cambiado sus rutinas debido a la violencia y cada vez más busca sitios seguros. De acuerdo con estudio del IUDOP, pasear en las plazas, parques y sitios públicos no es una opción para el 36% de los salvadoreños, como tampoco lo es comprar en los mercados populares.

Estos espacios han sido sustituidos por centros comerciales y supermercados o tiendas de conveniencia que son vigilados por elementos de seguridad privada.

"Hay una interiorización del miedo generalizada no sólo por los niveles de exposición en las calles, sino también por lo que revelan los medios de comunicación", advierte a BBC Mundo Jeannette Aguilar, directora del IUDOP.

Por ejemplo, en 2004, el 70% consideraba que utilizar el transporte público lo hacía propenso a sufrir la delincuencia, mientras que en 2009, esta variable subió a 90%.

"El estudio muestra que hay una percepción generalizada de no sentirse seguro ni protegido en la mayoría de los lugares donde habitualmente circulamos, en especial desde 2006 cuando empieza el repunte en homicidios y extorsiones", añade la investigadora.

Más gasto

El gobierno de Mauricio Funes ha recurrido al ejército para patrullar con la PNC en lugares "calientes", como mismo hicieron gobiernos precedentes.

Somos una sociedad que vive con miedo desde hace medio siglo

Miguel Huezo Mixco, escritor

Desde que salió a las calles el año pasado, la Fuerza Armada ha totalizado 280.000 registros de personas, 105.000 registros de vehículos, 635 decomisos de droga y 142 operaciones conjuntas.

Pero, al margen de la estrategia gubernamental, los salvadoreños recurren a sus propias medidas.

Según la investigación del IUDOP, una cuarta parte de los encuestados invirtió en reforzar la seguridad de sus casas, ya sea colocando alarmas, enrejando patios y ventanas o contratando vigilancia privada.

De éstos, un 42% invirtió entre US$100 y US$500 y un 22% gastó más de US$1.500.

La razón fundamental es que el hogar no es un lugar seguro, advierte el estudio.

¿Sólo pandillas?

Sin embargo, el sondeo desdtaca la poca vinculación que la población hace de la delincuencia con el fenómeno de las maras o pandilas.

Activistas de la campaña ciudadana Don Ramón ¡Está harto! obsequian camisetas con el emblema.

"Don Ramón ¡está harto!", es la campaña que se realiza contra las extorsiones.

El 1% las considera responsables, mientras que un 47% dice que las causas son económicas y sociales, especialmente la falta de empleo.

El escritor Miguel Huezo Mixco, quien vivió la guerra civil en primer plano, opinó para BBC Mundo que los salvadoreños "somos una sociedad que vive con miedo desde hace medio siglo".

"Los jóvenes de hoy son la tercera generación de protagonistas de violencia, como víctimas y victimarios. Esta generación quizás sea tan violenta como la mía, que nos tocó pelear o vivir en medio del conflicto armado, o quizás nos supere", valora el autor.

Para Nelson Flores, de la Fundación de Estudios para la Aplicación del Derecho (FESPAD), "el gobierno central debe apostar al tema preventivo y, al mismo tiempo, equipar muy bien a la PNC para que tenga todas las herramientas para prevenir el delito".

Hartos

Mientras tanto, un grupo de empresarios, artistas y publicistas inició una campaña ciudadana cuyo símbolo es Don Ramón, el personaje de la serie mexicana El Chavo del 8.

A través de la red social Facebook y con más de 11.000 seguidores, la campaña es el espacio para el desahogo de los usuarios donde relatan sus experiencias diarias.

"Don Ramón fue elegido para la campaña porque en la serie no le gustaba pagar la renta", explica a BBC Mundo Juan Heredia, uno de los promotores.

Pero escritores como Huezo Mixco son menos optimistas porque considera que en el país "la cultura de convivencia que hemos construido en las dos últimas décadas ha sido sumamente nociva. Hay que dar un viraje dramático o la matanza no terminará nunca".

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