Ecuador: polémica por plan de mudar la sede de gobierno

El anuncio del presidente de Ecuador, Rafael Correa, de trasladar el complejo de Carondelet, sede del gobierno, del centro histórico de Quito al sur de la ciudad genera posiciones encontradas.

Image caption El casco histórico de Quito es Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1978.

Algunos ven la medida favorablemente en términos de seguridad, turismo y conservación del casco colonial, pero otros consideran que la iniciativa refleja una falta de perspectiva histórica.

"El complejo de Carondelet, la sede del gobierno, el símbolo del poder en Ecuador, será trasladado al sur de Quito, donde queda el cuartel (militar) Epliclachima", informó Correa durante el fin de semana.

Dicho traslado se enmarca en un plan gubernamental de ordenamiento de los bienes inmuebles del sector público.

El mandatario explicó que el traslado del complejo de Carondelet, así como el de varios ministerios, "es un proyecto de varios años" que "liberará el casco colonial de Quito" y "será también una gran ventaja para el turismo" en el centro histórico de la capital ecuatoriana, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1978.

El gobierno aún mantiene cautela en torno de los detalles de esta iniciativa. No obstante, Correa dijo que el plan será "costoso, pero en el largo plazo muy rentable".

El proyecto en su conjunto promueve la construcción de "edificios públicos del siglo XXI". "Vamos a empezar a construir edificios eficientes energéticamente, ambientalmente amigables y sísmicamente resistentes", precisó Correa.

"Falta de perspectiva"

Si bien el proyecto del Poder Ejecutivo apenas ha sido anunciado, ya ha despertado posiciones contrapuestas entre analistas, historiadores y autoridades de la ciudad.

El analista político Jorge León le dijo a BBC Mundo que el plan de trasladar el complejo de Carondelet implica una "falta de perspectiva histórica" por parte del gobierno ecuatoriano.

"Hay una falta de sentido del espacio histórico, de lo que implica estar en un edificio con antigüedad y en el centro de Quito", manifestó León, para quien el presidente Correa, con el traslado de la sede de gobierno, busca tener mayores niveles de seguridad y de facilidades tecnológicas, "que bien podría tenerlas en el actual Palacio de Carondelet".

El historiador Carlos Freile coincidió en que "el sacar la sede del gobierno de la actual ubicación va a simbolizar para muchos ecuatorianos una ruptura con el pasado, con las raíces que los unen con sus mayores".

Freile recordó que el Palacio de Carondelet, desde que fue construido en épocas coloniales, ha sido la sede del poder político: "Ese edificio ha sido un símbolo sólido de la permanencia de nuestras instituciones a pesar de todos los avatares políticos".

Sede más funcional

Pero no todos los historiadores tienen una posición uniforme en este tema. Jorge Nuñez le dijo a BBC Mundo que el hecho de que la sede de gobierno salga del actual Palacio de Carondelet no significa una pérdida del valor histórico de dicha construcción, "que ha sido el edificio público más importante del país".

"Probablemente el actual Palacio de Carondelet se quedará como un lugar simbólico para grandes actos oficiales. Pero evidentemente el país está necesitando una sede mucho más accesible y funcional", afirmó Nuñez.

Para autoridades de la ciudad, como la concejala Macarena Valarezo, representante de un partido opuesto al oficialismo, el posible traslado de la sede de gobierno sería una gran noticia.

"De esa forma se dejaría el centro histórico libre para el turismo, libre de manifestaciones populares que buscan llegar a Carondelet y en ocasiones causan destrozos en el casco colonial", le comentó a BBC Mundo Valarezo, quien fue más allá al señalar que el centro histórico debería quedar libre de toda institución pública, "incluso del propio municipio".

Las calles aledañas al Palacio de Carondelet, en el centro de Quito, han sido durante décadas escenario de grandes movilizaciones populares, que incluso concluyeron con la caída de gobiernos como los de Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez.

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