Paraguay: las "víctimas" del EPP

Fidel Zavala, ganadero secuestrado por 94 días
Image caption El ganadero Fidel Zavala fue secuestrado por 94 días.

"Ellos van contra los ricos, contra la oligarquía, contra los que creen que son poderosos… pero nosotros no somos", dice alguien que conoció las caras de esa veintena de hombres y mujeres que todo Paraguay busca: el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), una organización que ha sido catalogada de "guerrillera" y a cuya persecución el gobierno ha destinado un descomunal despliegue militar.

Las víctimas del EPP tienen algo en común: temor. A posibles represalias, a las consecuencias imprevisibles de sus palabras. A la posibilidad de que el operativo Py’aguapy y el estado de excepción, declarado por el presidente Fernando Lugo para rastrillar cinco departamentos del norte del país durante 30 días, terminen sin resultado alguno.

Algunos sectores de la sociedad paraguaya ponen en duda que el EPP constituya una amenaza. Sus víctimas, en cambio, sienten que no vivirán tranquilos hasta que la presunta organización de izquierda, a la que se le adjudican intenciones de tomar el poder por las armas, haya sido desmantelada.

BBC Mundo dialogó con varios de ellos: afectados, familiares, integrantes de los círculos íntimos de los secuestrados. La mayoría compartió su relato bajo la consigna de que sus identidades fueran protegidas.

"Tenemos amenazas hasta hoy. Nos llaman a las 5 de la mañana y mientras no se les agarre, tenemos que acostumbrarnos a convivir con eso", dice Aníbal Lindstron, hermano del secuestrado Luis, el único que accedió a ser identificado y fotografiado (aunque bajo la mirada vigilante de unos policías).

"Zona roja"

Image caption Aníbal Lindstron dice que han debido acostumbrarse a las amenazas.

Desde que saltó a la luz pública, el EPP ha hecho de los productores pecuarios su principal objetivo, tanto de los raptos que se le adjudican como de ataques y quema de fincas.

"Es lógico que quieran resguardarse, porque esta era una zona demasiado tranquila hasta que llegó el EPP. Ahora todos somos víctimas potenciales", dice el presidente de la Asociación Rural del Paraguay en Concepción, José Galeano, convertido en vocero de una élite ganadera atemorizada.

Los dos secuestros más resonantes de la organización tuvieron lugar en esta zona: el de Luis Lindstron, en julio de 2008, y, el más reciente, el de Fidel Zavala, liberado el 17 de enero de 2010, tras 94 días de cautiverio.

A modo de rescate, se entregaron US$400.000 y US$500.000, respectivamente, según los afectados. A los Zavala, una familia que va por su quinta generación de ganaderos, se les exigió además el reparto gratuito de carne en sectores marginados de Asunción y Concepción.

Integrantes del EPP también han sido vinculados a dos plagios anteriores: el de Cecilia Cubas, hija del ex presidente Raúl Cubas, fallecida en cautiverio, y el de María Esther de Debernardi, de una familia poderosa vinculada con la derecha política.

Secuestros: dos miradas

Image caption El presidente Fernando Lugo, junto al ganadero Luis Lindstron, secuestrado 43 días por el EPP.

Los cuatro raptos siguieron un mismo patrón: poner en la mira a familias ricas o prominentes de la sociedad paraguaya.

Ahora bien, ¿cuál es la lectura que puede hacerse de esta semejanza? ¿Se trata de secuestrar a aquel que puede pagar un mejor rescate, o hay un mensaje ideologizado detrás del delito?

Las opiniones de las víctimas difieren. Algunos aseguran que los secuestros "son un negocio, y así nos lo dijeron ellos (los miembros del EPP)".

"Iba a ser un secuestro express en nuestro campo para sacar dinero, no más, pero como se complicó se lo llevaron. Nos llamaban para negociar, pedían un millón de dólares… mi hermano terminó viviendo 43 días con ellos", agrega Aníbal Lindstron.

Otros creen que son acciones "entendidas como un castigo a la clase oligarca por la cúpula operativa del EPP, que es la misma que se encarga de ejecutarlos".

"Tienen un discurso encendido, hablan de 'nuestra lucha' y 'nuestra causa' y ven a la policía y al ejército como brazos armados de los ricos", señala una de las fuentes, en diálogo con BBC Mundo.

Coinciden, en cambio, en asumir que la acumulación de fondos permitirá a esta reducida formación expandirse en los empobrecidos territorios del norte.

"Pero no sólo en los campos, sino en la ciudad, porque los hechos que nos tocaron señalan que están preparados para operar en zonas urbanas", indica uno de los damnificados.

Efecto económico

Image caption José Galeano, vocero de una elite ganadera atemorizada.

Los ganaderos norteños han dejado de frecuentar sus fincas y temen por la sombra que el EPP puede echar sobre sus balances contables.

Huyen de un fantasma al que pocos han visto y las fuerzas del orden no pueden aprehender. Y también los inversores escapan.

"El ganadero se acobarda, y ni qué hablar de los inversores extranjeros", anticipa Galeano.

La zona, segunda en importancia agroganadera de Paraguay, tiene 11.800 productores registrados y un millón de cabezas de ganado. En manos de unos pocos: de las 600.000 hectáreas aptas para la ganadería, 14% pertenece a campesinos.

Por eso los reclamos por las tierras son aquí de larga data y los mismos ganaderos reconocen que, hasta que no se reduzcan los índices de pobreza, será difícil alcanzar la calma.

"Colombianización", repiten. Los locales temen que comiencen a crearse fuerzas paramilitares para combatir al EPP, al que le adjudican –en línea con lo que asevera el gobierno- vínculos con las Fuerzas Armadas de Colombia (FARC).

¿Los atraparán?

En el campo y en la ciudad, quienes han sido víctimas directas o indirectas del EPP tienen otro punto de coincidencia: descreen de los alcances del actual operativo militar, el quinto desde noviembre último. Todos ellos, sin resultados.

Image caption Éste es el quinto operativo militar desde noviembre.

"No creo que los agarren, están preparados y no cometen errores", señala un entrevistado.

"Y están dispuestos a enfrentarse a cualquiera", agrega el hermano de Lindstron.

"No tienen miedo a la policía ni al ejército y menos al presidente de la República", resume un tercero.

"El gobierno es débil y si no hay voluntad política, el EPP seguirá suelto. Eso, para todos los que los sufrimos, es una amenaza constante", concluye otra de las víctimas de esta "guerrilla" que resuena desde las sombras en el escenario político paraguayo.