El valor de las voces discordantes

Antanas Mockus
Image caption Antanas Mockus y su particular actitud ante la campaña.

"Si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír". Eso dice George Orwell en el prólogo de Rebelión en la Granja.

En los tiempos que corren, la política parece más bien un ejercicio cotidiano de, exactamente, lo contrario: decirle a todos lo que quieren que se les diga... y esperar su voto a cambio.

Aunque no todos, pues también existen los que, con posibilidades de ganar o no, se dedican a poner el contrapunto a las campañas, a decirle a la gente lo que tal vez no quiere oír, aunque eso pueda ser incluso un suicidio electoral.

Estos outsiders de la política, quienes llegan para poner en aprietos a los ganadores y no tanto para vencer, ¿cuánto sirven a la democracia? ¿Es verdaderamente relevante lo que hacen?

A contracorriente

Podemos fijarnos, en Brasil, donde Plínio de Arruda Sampaio, un octogenario abogado y veterano político (fue diputado en 1963) se presenta como el "anticandidato". Desde una izquierda minoritaria, como él reconoce, no tiene ninguna posibilidad de ganar, pero no por eso deja de combatir.

En el país de fútbol, el que cuenta con más católicos del mundo, donde la popularidad del presidente roza el 80%, él insiste en despenalizar el aborto, en que se reconsidere la explotación de las reservas de petróleo a grandes profundidades y, quizás lo que puede ser todavía más impopular, en que no se dé dinero público para organizar el Mundial de fútbol.

Quizás no sean muchos los que quieren escuchar su discurso socialista y transgresor, pero eso no parece quitarle el sueño.

Con el aire quijotesco que le dan su causa, su edad y su delgada figura, Plínio no da un paso atrás en su combate dialéctico con los candidatos favoritos: Dilma Rousseff, mano derecha del presidente Lula, y Jose Serra, ex gobernador de Sao Paulo.

"Lo que hago es plantear los problemas que no están en el debate. De lo contrario, nadie trataría de los problemas reales", declara Plínio a BBC Mundo.

Para ello, se vale de las herramientas que le da la ley, una cuota de presencia en la televisión e invitación obligatoria en determinados debates.

Image caption Plínio Arruda, el "anticandidato" en Brasil, lucha que los favoritos tengan que abordar "los problemas reales".

"Mi esperanza es lograr sensibilizar a una parcela significativa de la población y crear una base social de cara al futuro", continúa.

No se trata de un advenedizo ni de un extravagante oportunista. Hace 30 años, fundó el Partido de los Trabajadores (PT) junto a Lula y lideró la sigla en la Asamblea Constituyente de 1988.

Sin embargo, mientras todos, incluido el presidente, han evolucionado hacia donde están los votos, el "centro político", él sigue donde comenzó: muy a la izquierda.

Su caso, como el de algunos otros -también conservadores-, es el del político que dice lo que los demás no, porque no quieren o porque -calculan- no les interesa.

Rol fundamental

"Ejercen una función fundamental en una democracia, a la que aportan con sus opiniones valerosas", declara a BBC Mundo el sociólogo colombiano César Rodríguez Garavita.

Para Rodríguez, profesor de la Universidad de los Andes, "ser outsider con principios es algo muy costoso" el día de la votación.

"Ser un outsider es ir contra los valores del sistema. Se trata de jugar con otras reglas de juego. Para ganar, se requieren altas dosis de cinismo e hipocresía. Si uno es fiel a sus principios, suele terminar perdiendo votos", continúa Rodríguez.

Un caso parecido al de Plínio, aunque ideológicamente muy distante, lo representó el colombiano Antanas Mockus, que concurrió a las elecciones en Colombia, como le dijo a BBC Mundo el analista Fernando Giraldo, como alguien que hace política "de otra forma".

En plena campaña, el columnista Hernando Gómez Buendía, de la revista Razón Pública, llegó a escribir: "Mockus es un animal moral (...). El animal político se mueve por el poder, el animal moral se mueve por los principios".

Opina Samuel Toledano, periodista y analista político, que "no se puede medir el éxito de estos candidatos en términos de votos, lo realmente trascendente es su influencia".

"Lo importante es su capacidad de modificar la agenda de los partidos políticos y candidatos y, en última instancia, forzarles a adoptar decisiones que no tenían previstas".

Pero, a Dios rogando y con el mazo dando, que tanto va el cántaro a la fuente que al final... presidente. Es decir, lo que empieza como una extravagancia antisistema puede acabar por influir verdaderamente en el panorama político.

Un ejemplo bien podrían ser los ecologistas, en su momento, movimientos alternativos liderados por una juventud que creció, se integró en el sistema y acabó poniendo sobre la mesa sus preocupaciones. Algunas hoy dominan la agenda.

Algo parecido es lo que deben pensar en el entorno, por ejemplo, de Evo Morales, campesino cocalero, sindicalista y, en algún momento, tachado de "bloqueador" profesional por la intensa agenda de protestas que protagonizó... ahora preside Bolivia.