Última actualización: martes, 27 de julio de 2010 - 12:12 GMT

Terremoto de Chile: crece la tensión en los campamentos

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Son apenas unas planchas de madera áspera, clavadas de apuro, con techos de zinc e interiores de poliestireno que protegen -pero no mucho- de ese frío que se empeña en colarse por las rendijas.

Adentro, sillas y mesas destartaladas, cocinas con carbón a medio arder, televisores, ropas, ollas: todo lo que ha podido rescatarse del desastre, que en algunos casos es nada.

Así viven unos 200.000 chilenos después del terremoto de 8,8 grados en la escala Richter y el posterior tsunami, que sacudieron al país el pasado 27 de febrero.

Y en el sur del país, ahí donde el sismo tuvo su epicentro, las huellas más visibles de la tragedia que dejó tras de sí unos 500 muertos son tal vez unas 80 aldeas de mediaguas: puñados de casas de maderas endebles envueltas apenas con plásticos gruesos y blancos, que forman manchones en el paisaje verde.

Según cálculos oficiales, unas 1.300 familias que perdieron sus casas terminaron allí, en poblaciones temporales ideadas por el gobierno para dar respuesta transitoria a los sin techo.

Éstas, sin embargo, parece que estarán en pie mucho tiempo, con sus kioscos y almacenes, con delegados vecinales, con alguna casa pintada y otra con ampliación en marcha, con procedimientos aceitados para hacer uso de los recursos escasos.

Tanto han crecido que ya comienzan a escucharse voces de alerta: los campamentos también muestran los roces de una convivencia forzada y precaria y podrían convertirse en focos de tensión social.

Rigor invernal

Niños damnificados por el terremoto de Chile en el campamento Puertas Verdes, Maule

Han mejorado los servicios, pero todavía hay algunos problemas.

En la aldea de Puertas Verdes, cerca de la ciudad de Constitución, Álvaro junta agua del tanque comunal en unas botellas usadas y se le hielan las manos.

"Con estas temperaturas, se puso peor", dice, mientras se alista para llevar la carga a su caseta, de 18 metros cuadrados.

Puertas Verdes tiene además calles de ripio y barro, abiertas en un terreno de cuatro hectáreas que la empresa forestal Celco cedió en comodato. Con unas 170 mediaguas, el campamento alberga a unas 700 víctimas de la región del Maule, una de las más afectadas por el sismo.

Los "pioneros" arribaron hace cuatro meses. Y las cosas ya no son lo que eran: han cambiado, dicen, pero para bien.

El gobierno del presidente Sebastián Piñera y las ayudas particulares han aportado lo suyo, desde baños con duchas -a punto de estrenarse- hasta un tendido eléctrico.

Pero persisten riesgos que se agudizan con el paso de los meses.

Del 1 al 10, a la vida aquí le doy un 8, porque podría ser peor

Damnificado del campamento de Puertas Verdes

"Son sobre todo ambientales, porque no hay alcantarillado ni agua potable. La higiene, el descarte de basura y la mala alimentación son una preocupación", señala Bárbara Araya, una asistente social de Constitución ocupada por estos días en el flamante centro comunitario de Puertas Verdes.

Las noches heladas agregan, además, otra amenaza: la del fuego.

"Para calentarse y cocinar, pura leña. ¿De dónde vamos a tener para comprar gas?", señala Ida Retamar, mientras rebusca entre los sobrantes de construcción para sacar madera seca.

Con calderos y cocinas a carbón, varios niños han sufrido intoxicaciones por inhalación de gases. Para peor, una chispa a destiempo podría hacer arder las casas en cuestión de minutos.

Vecinos a la fuerza

No todos los que perdieron sus hogares viven en aldeas: algunos con mejor suerte pudieron instalarse en los fondos de algún familiar o vecino.

Pero, aunque las cifras de familias desplazadas oscilan -unas 1.300 para las autoridades, hasta 2.000 en el recuento de organizaciones civiles-, todos coinciden en que los campamentos han crecido más allá de lo que aconsejaban los expertos.

El hacinamiento

Benito Baranda, Director Hogar de Criso

" Se estimaban 40 o 50 familias por aldea y hoy hay por lo menos cuatro con más de 200. Ese hacinamiento genera mucha angustia, aumenta la violencia dentro del hogar y los conflictos con vecinos".

Benito Baranda, Director del Hogar de Cristo

Según Benito Baranda, director del Hogar de Cristo -una de las organizaciones civiles involucradas en la reconstrucción-, aldeas planeadas para acoger de 40 a 50 familias, ahora albergan 200. Y esto, explica, hace muy compleja la convivencia.

En el campamento de Constitución, las disputas vecinales tienen una frontera visible: el lodazal que divide Puertas Verdes 1 de Puertas Verdes 2. "Es que son dos campamentos", repiten todos. Los pobladores "veteranos" versus "los nuevos", los de la ruta versus los del fondo.

Rivalidades, sí hay. La pelea es por los recursos que llegan pero nunca alcanzan.

"Si recibimos una ayuda del gobierno se da por igual a las 176 familias (126 en Puertas Verdes 1) y hacemos firmar un libro para que nadie diga que no recibió. Pero lo que entregan particulares, si llega para 150 familias y no alcanza, no podemos dar a todos", afirma Dina Veloso, presidenta del primer sector.

"Al campamento 2 casi no llega nada. Estamos mucho peor porque los del otro tienen más contactos. Cuando viene (la ayuda) la gente piensa que de allá nos reparten, pero no", reclama su par del asentamiento contiguo, Isabel Faúndez.

En medio de las rencillas, las aldeas han sido escenario de robos y, desde hace un mes, el tema de la inseguridad se ha instalado como nueva problemática.

Intervención

Aunque creados con carácter provisorio, muchos de estos asentamientos estarán en pie por al menos otro invierno. O incluso más. Nadie sabe o nadie dice, y las autoridades consultadas por BBC Mundo prefirieron no dar plazos definitivos.

¿Y la solución?

"No quiero dar fechas, pero en todos lados donde ha habido catástrofes la reconstrucción llevó años. Es una tarea titánica".

Magdalena Matte, ministra de Vivienda de Chile

"No quiero dar fechas, pero en todos lados donde ha habido catástrofes la reconstrucción llevó años", expresó la ministra de Vivienda, Magdalena Matte.

Los habitantes hacen sus propios cálculos: entre 18 meses y dos años. Los analistas coinciden en que es poco probable que el gobierno resuelva antes los daños de casi 400.000 viviendas (la mitad, inhabitables) a un costo estimado en US$2.500 millones, según el catastro oficial.

"Una tarea titánica", define Matte.

Los habitantes de Puertas Verdes confían. Dicen que han recibido mucho, que "del 1 al 10, a la vida aquí le doy un 8, porque podría ser peor". Las urgencias no son los papeles ni las políticas; hay otras: el carbón, la gotera, el resfrío.

"Acá vamos día por día. Eso sí, ojalá la tierra no vuelva a temblar…".

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