Última actualización: miércoles, 1 de septiembre de 2010 - 07:46 GMT

Trata: dos pérdidas y una muerte

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Lleva encima muchas fotos y una pancarta escrita a puño, para denunciar que su hija, Dana Josefina Pecci, fue dos veces secuestrada y murió víctima de presuntos negocios de trata dentro de Argentina.

Adriana Gordó cuenta la historia con todos los detalles y minucias que –intuye- podrían llevarla a desenmarañar las redes delictivas que se cobraron la vida de su hija y que, según denuncia, tienen todavía secuestrada a su nieta.

La saga de Dana comenzó en agosto de 2003, a los 16 años, cuando se fue con una amiga detrás de un muchacho que habían conocido por internet y que las había invitado de visita a Olavarría, una localidad a 350 kilómetros de Buenos Aires.

La joven había recibido seis disparos en la cabeza. Había sobrevivido dos días lúcida, suficientes para contarle a las enfermeras en el hospital que había intentado huir por los maltratos, que las balas se las había metido su captor, que él mismo se había llevado a su hija

En la dirección que les había dado funcionaba, en realidad, un salón de pool: una de las denominaciones con que los prostíbulos argentinos logran burlar la ley.

Al supuesto amigo virtual jamás lo encontraron, pero Dana cayó en otra trampa: aceptó trabajar para un señor, que le pidió que hiciera las veces de enfermera y ama de llaves a cambio de un sueldo módico.

Toda esta historia, Adriana la escuchó de boca de su propia hija. Dana logró escaparse de aquella casa-quinta, donde ella y otras cuatro jóvenes habían quedado a merced de ese señor mayor, obligadas a recibir visitas a deshora de clientes de la zona. "Incluidos policías amigos de los dueños de casa, los Adorno, una familia muy poderosa en Olavarría", denuncia Gordó.

Pedro Rudecindo Adorno, "el viejo", según sus acusaciones ante la Justicia, es el proxeneta que estaba a cargo del domicilio donde su hija permaneció secuestrada y fue señalado como el responsable de su homicidio. Hoy Adorno está en una prisión bonaerense, condenado a 11 años por la muerte de Dana.

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"Una noticia buena y otra mala"

Pero entre aquel secuestro y la muerte, pasaron muchas cosas: Dana regresó al hogar, contó su historia, tuvo miedo, fue internada en un neuropsiquiátrico por trastornos severos derivados del encierro, tuvo tendencias suicidas, problemas con su madre, intenciones de escapar de su propio hogar.

Hasta que, en 2005, volvió a caer en manos de las mismas redes que la habían tenido presa dos años antes.

Dana Pecci, secuestrada y asesinada

Dana fue enterrada como una NN.

En su segundo encierro, quedó embarazada –presuntamente, de uno de sus captores-. Adriana lo supo mucho después, por una periodista de Olavarría que investigaba el caso para el periódico local. Por teléfono, la cronista fue quien le dio "una noticia buena y otra mala":

La joven había recibido seis disparos en la cabeza el 17 de noviembre de 2007. Había sobrevivido dos días lúcida, suficientes para contarle a las enfermeras en el hospital que había intentado huir por los maltratos, que las balas se las había metido su captor, que él mismo se había llevado a su hija, que necesitaba recuperar a la beba para volver a Buenos Aires y criarla en compañía de la abuela.

Tras la muerte, Dana fue enterrada como "NN, posible paraguaya" en el cementerio de la ciudad de La Plata, donde la encontró Adriana tras probar con su ADN que se trataba de la hija que llevaba tres años buscando.

Gordó presentó así una denuncia ante la Unidad Fiscal de Asistencia en Secuestros Extorsivos y Trata de Personas (Ufase) y, desde entonces, reclama por la inacción policial y la falta de avances en la causa. Sin descanso, sigue intentando recuperar a su nieta Luciana, que lleva el apellido "de quien fue responsable de la tragedia de Dana" y cuya tenencia ha sido otorgada a los allegados de Adorno por decisión judicial.

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