Última actualización: miércoles, 1 de septiembre de 2010 - 07:45 GMT

Soledad, víctima de trata

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Soledad tiene 19 años y una larga historia de violencia sexual. Nació en Santiago del Estero, una provincia del noroeste de Argentina, y fue abusada por su padrastro, quien le contagió sífilis y la dejó embarazada cuando tenía apenas 14.

Apenas dio a luz a una niña, viajó a Buenos Aires para tratarse y para escapar.

Sin casa, empleo ni parientes que le dieran la bienvenida en la ciudad, Soledad cargó a su hija por hogares de menores y centros de asistencia. Hasta que un día vio el aviso en el periódico: una agencia ofrecía empleo temporario de limpieza en sitios como hoteles, hospitales, cines y bingos.

En la entrevista de selección descubrió la verdad: allí funcionaba un prostíbulo. La golpearon y la encerraron, para llevarla unas horas más tarde a un "privado" en pleno centro porteño, donde con otra decena de chicas -paraguayas, dominicanas, bolivianas y argentinas- bajo los efectos de las drogas y el alcohol, recibía un desfile incesante de clientes en jornadas de más de 20 horas.

De un "privado" –como llaman aquí a los prostíbulos- pasó a varios más, todos de los mismos dueños. A Soledad y a sus compañeras las trasladaban para que los clientes no se encariñaran y ellas no pudieran revelarles entre sábanas su peor secreto: que estaban allí secuestradas.

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Huida y temor

Estuvo así casi un año, moviéndose entre cinco prostíbulos de la zona comercial y financiera de la capital argentina.

A su hija la vio recién después de 8 meses: sus captores la habían llevaron a cargo de una niñera, contratada por los mismos proxenetas para cuidar a los menores y para que las madres pudieran trabajar a tiempo completo.

Soledad en el cartel de un prostíbulo

Con afiches como éste de Soledad promocionan a las chicas.

A Soledad la dejaban ir a verla a veces durante las horas del día, siempre acompañada por un custodio de la red para que no pudiera escapar.

El 1 de diciembre de 2009 logró salir, aprovechando que la recepcionista del lugar esteba recién llegada y todavía no entendía bien las reglas del encierro. La convenció de que tenía permiso para ir a ver a su hija, a la que raudamente fue a buscar a casa de la cuidadora y, con ella en brazos, huyó.

Le dieron refugio en un comedor comunitario, mientras esperaba ayuda económica y psicológica de las autoridades argentinas para volver a empezar. Unos días después de la entrevista con BBC Mundo, los responsables del albergue denunciaron que había vuelto a desaparecer.

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