Chile: renuncia lo salvó de ser el "minero 34"

Entrada de la mina San José en Chile (Foto: Rodrigo Bustamante)
Image caption Alejandro Valeria renunció a la mina el 5 de agosto, el día del derrumbe.

Podrían haber sido 34 los mineros atrapados al interior del yacimiento San José -en el norte de Chile- si Alejandro Valeria no hubiese adoptado una decisión que hoy ve casi como un milagro: renunció a la mina el 5 de agosto, antes de entrar junto al turno que lleva 27 días bajo tierra.

"Es suerte más que nada. Decidí renunciar y después, mirando bien cómo eran las cosas, es como… No sé a qué atribuirle lo que pasó", relata este operario de máquinas de 24 años, que estaba desde los 21 en la mina ubicada en las cercanías de Copiapó, a unos 800 kilómetros al norte de Santiago.

Actualmente está en su casa de Los Vilos (244 kilómetros al norte de Santiago) y no tiene trabajo, pero a cada momento agradece haber tomado la determinación más importante de su vida, según le comentó a BBC Mundo.

"Ese día llegamos todos al turno y renuncié en la mañana. Había tenido unos problemas por ahí y aparte estaba aburrido de las condiciones de la mina, que ya no daba más por la contaminación y la inseguridad. Y después imagínense cómo me sentí, yo tendría que haber estado con ellos", rememoró.

A la espera

Alejandro Valeria permanece atento a las noticias que hablan sobre sus compañeros. Los pudo ver en video en el interior del refugio y están bien, según su percepción, aunque siente que la deshidratación inicial y la falta de comida les pasó la cuenta.

"Para lo que eran en el día a día y verlos ahora, en la cara no más se nota que están achacados (tristes). Hay algunos que están bastante afectados, eran alegres y todo y ahora uno les ve las caras y es distinto", expresó.

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Aunque no explica de qué se trató, el ex minero insiste en que un problema interno motivó su salida del yacimiento, pese a que también había pensado no seguir debido a las señales claras que el cerro daba diariamente de que algo iba a pasar, y que sus compañeros también notaron.

"Al final todo se juntó y decidí renunciar, por las condiciones en que estábamos adentro, sin ventilación, con los riesgos que uno conoce. Las máquinas no están en las condiciones óptimas para trabajar, ya habían pasado accidentes y uno decide no seguir", sostuvo.

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¿Milagro?

Alejandro Valeria no pronuncia la palabra milagro, pero el silencio que guarda cada vez que busca una explicación para lo que le tocó vivir denota que algo de eso hay.

Image caption Alejandro Valeria permanece atento a las noticias que hablan sobre sus compañeros.

"A lo mejor fue lo que tenía que pasar no más, que renunciara y no estuviera con ellos adentro. No sabría cómo decir, es más como suerte, el destino, no sé qué será. Por lo menos fue algo bueno", comenta.

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Valeria está desempleado pero tranquilo, y busca un trabajo que no tenga que ver con la minería. "Estoy viendo qué hacer de aquí en adelante, pero no creo que siga en minas después de lo que pasó, con la experiencia de todos y de haber estado al borde del peligro", expresa.

Por lo pronto, el ex minero aguarda que pasen los días y se acerque el momento en que pueda reunirse con sus compañeros, a los que irá a buscar al sitio que tantas veces compartieron y que hoy está transformado en el campamento Esperanza.

"Aquí estamos esperando a ver qué pasa, y a mis compañeros dentro de todo lo que están pasando les diría que estén tranquilos porque todos estamos pensando en ellos y esperando el momento en que los saquen. Vamos a estar afuera para abrazarlos y emocionarnos", adelantó.

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