Brasil, ¿líder o bombero?

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Los brasileños escogerán el próximo 3 de octubre al sucesor de Luiz Inácio Lula da Silva. Durante su período, Brasil se ha confirmado como jugador en las grandes ligas en el concierto de naciones. Con una serie de artículos, BBC Mundo explora cómo se ve el gigante latinoamericano desde afuera.

Brasil es a menudo visto como un líder en América del Sur, pero en Europa también hay quienes le atribuyen una tarea menos idílica en la región: la de bombero.

La idea de que gigante sudamericano dejó de priorizar la búsqueda de un liderazgo regional para proyectarse en la escena mundial fue incluida este año en un artículo del Anuario Iberoamericano que se publica en Europa.

Image caption Brasil es grande pero, al parecer, no pisa tan fuerte en la región.

El autor del artículo, Andrés Malamud, del instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa, sostuvo que tras una serie de traspiés para ese liderazgo, Brasil optó por ser un "apagafuegos" en Sudamérica.

"Cuando hace falta interviene y calma algún conflicto en la región, pero mientras tanto deja que cada uno haga su juego", explicó Malamud a BBC Mundo. "Es un control de daños".

No obstante, esa lectura fue relativizada por un diplomático brasileño que trabaja en temas regionales en la Cancillería en Brasilia, quien aseguró que la unidad sudamericana es clave para lanzarse globalmente.

"No se puede negociar acuerdos, por ejemplo con la Unión Europea, si tienes problemas dentro de la región", aseguró el diplomático, quien, en conversación con BBC Mundo, pidió el anonimato por la sensibilidad del tema.

"América del Sur es la prioridad de la política exterior de Brasil y trabajamos en ese sentido", afirmó.

Cuestión de tamaño

La noción de que Brasil es un "líder natural" en su vecindario se basa sobre todo en su tamaño y en el dinamismo que su economía ha mostrado en los últimos años.

Su población de 191 millones es un tercio del total latinoamericano y su Producto Interno Bruto (PIB) equivale a 40% de la región.

La revista británica The Economist indicó en septiembre que Brasil crece desde 2007 más que el promedio regional y que en 2025 podría ser la quinta economía mundial (detrás de China, Estados Unidos, India y Japón).

De hecho, tras las presidencias de Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inácio Lula da Silva, Brasil ya es considerado una potencia emergente, miembro del selecto grupo de los BRIC junto a Rusia, India y China, y actor relevante en foros globales como el G20.

No obstante, Malamud sostuvo que existe una brecha importante entre el reconocimiento mundial y regional del liderazgo brasileño.

"Brasil no ha sido capaz de traducir su capacidad estructural e instrumental en un liderazgo (regional) efectivo", indicó en el anuario iberoamericano de la agencia EFE y el Real Instituto Elcano, de España.

Vecinos insubordinados

Malamud destacó la falta de unanimidad de los países sudamericanos para objetivos que Brasil se trazó recientemente en ámbitos extra regionales.

Es incluye la intención de Brasil de dirigir la Organización Mundial de Comercio (OMC), lograr una silla permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU o presidir el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Image caption Brasil no ha contado con el respaldo firme de la región.

Ninguno de estos tres objetivos brasileños fue acompañado por todos los "potenciales seguidores" de Brasil.

Incluso la creación de la Unasur y su Consejo de Defensa Sudamericano, uno de los logros concretos que puede esgrimir en la región, es un logro discutible para el gigante sudamericano, según Malamud.

Según señaló, el Consejo de Defensa coexiste con un aumento del gasto militar en Sudmérica, donde los países divergen en sus proveedores de armas: unos compran a Estados Unidos, otros a Rusia y otros a Europa.

"¿Cómo definimos el éxito? Si es por un papelito que dice que se reúnen los 11 ministros de Defensa, es un éxito. Si es por las consecuencias, es un fracaso", sostuvo.

Una labor silenciosa

Malamud consideró que, en función de estos traspiés, Brasil ha abandonado como meta principal la integración de Sudamérica en un bloque regional bajo su batuta.

A su juicio, ahora la estrategia brasileña para la región pasa por limitar los daños que puedan ocasionarle a su imagen global los problemas políticos, financieros o fronterizos que surjan en Sudamérica.

“Mantener tranquilos a los vecinos encajaría más con los objetivos brasileños de política exterior que liderar a dichos vecinos”, escribió.

No obstante, el diplomático consultado en Brasilia sugirió que su país lleva a cabo diariamente una labor silenciosa con todos los países de América del Sur que pasa desapercibida para muchos.

“En los periódicos sólo salen noticias cuando Brasil interviene en un conflicto, pero se olvidan que tenemos varios acuerdos de cooperación técnica, de defensa, inversiones y comercio”, comentó.

El diplomático, que pidió el anonimato por la sensibilidad del tema, evitó hablar de liderazgo porque “es una palabra complicada, que en América del Sur tiene otra connotación”.

“Lo que Brasil hace es incentivar y estimular la integración”, afirmó.

El precio del liderazgo

Para algunos, las dificultades de Brasil en la región se deben a su falta de experiencia en el trato fluido con los vecinos, después de un largo tiempo de aislamiento regional que comenzó a revertirse en los años ’60.

"Brasil está aprendiendo a manejar la relación con los otros", notó Alfredo Valladao, director de la cátedra Mercosur del Instituto de Estudios Políticos de París.

Valladao le dijo a BBC Mundo que "es claro que Brasil está tan fuerte hoy que hay una ambición en varios sectores del gobierno de ser líder en la región".

"El problema es que tiene dificultades en aceptar el precio del liderazgo", agregó.

A su juicio, ese precio tiene una faceta económica y comercial, como la apertura del mercado brasileño a los demás países de la región, pero sobre todo un componente político.

"Cuando uno es líder de una región, tiene que compartir un poco las decisiones políticas del bloque", dijo Valladao. "Y hasta ahora Brasil no está interesado en compartir decisiones políticas con países más chicos".

La pregunta clave es si una nación emergente puede aspirar al rango de potencia global sin liderar en su región. Hace un tiempo, muchos en Brasilia parecían creer que lo primero dependía de lo segundo.

Pero la experiencia de China podría mostrar lo contrario: después de todo, es improbable que, por su tamaño, el gigante asiático llegue a liderar una región donde abundan los conflictos y los países con bombas atómicas.

"Al contrario de China, nosotros no tenemos (esos) problemas en nuestra vecindad", comparó, reconfortado, el funcionario de Itamaraty.