Cuando despertó, Bale no estaba allí

  • 2 septiembre 2013
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Gareth Bale

Hay sueños y sueños, así como hay soñadores y soñadores.

En su sueño, King vislumbraba a los hijos de esclavos y a los hijos de esclavistas sentados a la mesa de la hermandad. Es un sueño adulto, que ha transformado la sociedad alrededor del mundo.

Villas-Boas tendrá que acostumbrarse a no contar con Bale en sus filas.

El sueño de Gareth Bale es un sueño de niño, soñado por un adulto que se ve con la camiseta del único equipo capaz de pagarle lo que él (o sus agentes y abogados) estima que valen sus servicios.

Esta diferencia de magnitudes no disminuye el valor y la credibilidad del sueño de Bale. Simplemente se está hablando de un cambio crucial en la breve carrera de un deportista profesional.

Lo más probable es que a Bale le vaya muy bien en Madrid, ya que su juego parece cortado a la medida de las aptitudes del plantel, el gusto de la afición y la inclinación de su cuerpo técnico.

Más difícil es adivinar cómo puede adaptarse el Tottenham Hotspur de Villas-Boas a la ausencia de su único superdotado, justo cuando se acercaba a la cúspide de la Premier League, con el consiguiente acceso automático al fútbol de Champions League.

El clásico del domingo en el Emirates fue un duro despertar para Spurs: vencido 1-0 por un Arsenal supuestamente débil, cuyo único refuerzo digno de nota (hasta el momento de escribir, porque también se habla de Mesut Ozil) era el retorno de Mathieu Flamini.

Refuerzos

Villas-Boas ha gastado en nuevos jugadores los 100 millones de euros que el presidente Daniel Levy extrajo al Real Madrid por Bale, pero el experimento todavía no funciona, al parecer.

Billy Beane y su alter ego en la pantalla gigante, Brad Pitt.

La lista impresiona: Erik Lamela (£30m, del Roma), Roberto Soldado (£26m, Valencia), Paulinho (£17m, Corinthians), Christian Eriksen (£11,5m, Ajax), Etienne Capoue (£8,6m, Toulouse), Vlad Chiriches (£8,5m, Steaua), Nacer Chadli (£7m, Twente) y alguno más, perdido en el amontonamiento.

Villas-Boas es un joven técnico muy estudioso, al tanto de todas las novedades técnicas, tácticas y también de ese mundillo más o menos impenetrable para los no iniciados, el de las ideas no convencionales, o que parecen renovadoras en un ámbito tan convencional como el fútbol.

Es sabido que los técnicos y dirigentes del fútbol han considerado (y en su mayoría descartado) las ideas desarrolladas por Billy Beane, el manager de los Oakland A’s, popularizadas por el libro Moneyball, de Michael Lewis, y la película en la que Brad Pitt interpretó a Beane.

Moneyball

Beane llegó a la conclusión de que el juicio de dirigentes y técnicos sobre el rendimiento de los jugadores (y sobre muchos otros asuntos del béisbol) era demasiado subjetivo, sin una base sólida en el mundo real, y que las estadísticas y el modo de llevarlas reflejaban esa subjetividad.

Muchos dirigentes y técnicos no creen que las ideas de Billy Beane sean aplicables en el fútbol.

Una nueva forma de compilar y calcular estadísticas, orientada a identificar jugadores capaces de ofrecer un buen rendimiento a bajo costo (Oakland era y sigue siendo un club modesto), resultó tan exitosa en el campo de juego que atrajo la atención de Lewis, el autor del famoso libro.

El béisbol, por supuesto, es el paraíso de los estadísticos, pero la concepción inicial de la revolución de Beane se ha extendido a otros deportes.

El fútbol es el paraíso de la improvisación y los juicios subjetivos, pero la necesidad es buena maestra.

Ruido ensordecedor

Beane es aficionado al fútbol soccer (sigue de cerca la Premier League) y cree que esa subjetividad, esa improvisación, se alimenta con lo que él llama "ensordecedor ruido ambiental", esto es, las exigencias de corto plazo, expresadas a grito pelado por la afición en las tribunas y los comentaristas ante sus micrófonos y teclados.

Muchos dirigentes y técnicos, en particular de clubes grandes, creen que la idea básica de Moneyball no es aplicable en el fútbol, un juego mucho más fluido y dinámico que el béisbol, pero Beane no está de acuerdo.

En una entrevista publicada por el Sunday Times el domingo pasado, el técnico dijo que le causaba gracia la insistencia en que el fútbol no podía aprovechar técnicas de análisis útiles en "cualquier negocio y empresa, en crimen, en guerras, en cualquier cosa, menos en esta, precisamente esta".

Renovación permanente

Villa-Boas parece estar aplicando la teoría del Moneyball.

Conviene destacar que las estadísticas que Beane utilizó en la temporada de 2002, reflejadas en el libro y la película, "son ahora tan viejas como Los Picapiedras". El técnico estadounidense insiste en la necesidad de actualizar permanentemente todos los enfoques.

La idea crucial, tal como Beane lo explicó en la entrevista al dominical británico, es justamente la que parece estar aplicando Villas-Boas y el presidente Levy en el Spurs.

"Nosotros no podemos contratar superdotados", dijo, "de modo que hace dos años decidimos que lo mejor era cerciorarnos de no tener ningún jugador mediocre o malo. Comenzamos a gestionar desde abajo hacia arriba. Al principio lo hicimos en forma inconsciente, después se hizo consciente".

A falta de grandes jugadores, adiós a malos jugadores.

Hasta el Man City

Esta fórmula también parece familiar en un ámbito inesperado: el Manchester City, que a diferencia del Spurs y el Oakland A’s, dispone de mucho dinero.

El "Apache" ahora milita en la Juve. El sábado pasado anotó un gol, por tercer partido consecutivo.

El nuevo régimen de Manuel Pellegrini se deshizo de un superdotado incómodo, Carlos Tévez, e incorporó a Fernandinho (£30m, del Shakhtar Donetsk), Stevan Jovetic (£22m, Fiorentina), Alvaro Negredo (£20,5m, Sevilla) y Jesús Navas (£17m, Sevilla).

Con esto no queremos decir que el Real Madrid se equivoca al comprar a Gareth Bale: a fin de cuentas es el modelo de gestión de su presidente y no siempre tropezará como le ocurrió con Kaká.

La idea es otra: que el "ruido ensordecedor" y la "subjetividad" criticados por Beane, sumados a la inflación de los precios, están deformando todo el mercado.

Es el momento de reforzar los planteles desprendiéndose de los malos jugadores, en vez de gastar hasta pan dulce de Navidad en comprar a un gran jugador que apacigüe a hinchas y periodistas.

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