Homenaje a lo que no escribimos

  • 17 septiembre 2013
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Niña siria en un campo de refugiados Image copyright Reuters
Image caption Más allá del plano diplomático, en Siria muchos sufren de primera mano el conflicto, como esta niña que ahora vive en un campo de refugiados.

Ayer fui al funeral de mi exvecina Rosey, una mujer fantástica, apasionada, comprometida y consecuente con lo que pensaba.

Madre y madrastra de tres hijos, murió a los 52 años de un cáncer fulminante.

En Inglaterra, las ceremonias fúnebres no se realizan al día siguiente, como en América Latina, sino una o incluso dos semanas después de la muerte. Ese lapso las hace diferentes.

Ayer, después de la cremación, fuimos -según dicta la costumbre- a un pub a celebrar, a recordar su vida, a acompañar a sus deudos.

Mientras mirábamos fotos y tomábamos cerveza hablé con un exminero que participó en las emblemáticas huelgas que en la década del 70 y 80 paralizaron reiteradamente la extracción de carbón en el norte del país, con la enfermera que acompañó a Rosey en sus últimos días, vi al viudo quebrase y a los hijos e hijastros consolarlo y a su hermana reconocer que querría tener la mitad de su valentía.

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Image caption Huelga de mineros en el Reino Unido, en 1984 (Foto de archivo)

Hoy, sentada en mi escritorio, e inspirada todavía en la resaca emocional del día anterior, pienso en todas las historias como las que escuché ayer que no escribimos.

Créanme que en BBC Mundo cada vez que reporteamos un tema intentamos darle relevancia al ángulo humano. Cada vez que explota una bomba en Irak, hay un tiroteo en Estados Unidos, una masacre en México o un secuestro en Colombia tratamos de retratar el drama de lo que cada uno de esos sucesos significa no sólo a gran escala, sino en la vida cotidiana de los afectados.

Al hablar de Siria, por ejemplo, no queremos quedarnos en el ajedrez político y el devenir diplomático, por más que reconozcamos su importancia. Queremos describir lo que le pasa a quienes no pertenecen a ningún bando, a sus niños, a sus mujeres.

Pero pese a ese esfuerzo es inevitable que a veces nos pase lo que a muchos otros medios y nos dejemos llevar exclusivamente por la agenda de los gobiernos, las empresas y otras instituciones. ¿Por qué solemos darle más importancia a lo que Obama dice de Damasco que al testimonio de un desempleado que sufre los embates en la capital siria? ¿Por qué le damos más espacio a las declaraciones de Naciones Unidas que a los profesores que luchan por seguir enseñando?

No es fácil mantener el equilibrio.

Al ver este material me pregunto si logramos hacerle justicia a los trabajadores que luchan por sobrevivir, a las enfermeras que cuidan a los enfermos, a los viudos que se quiebran y los hijos que lo consuelan y, sobre todo, a los muertos. Me gusta pensar que al menos hacemos nuestro mejor esfuerzo.