Las Parrandas: Navidades a la cubana

  • 26 diciembre 2013
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Hombre terminando carro de dragón
Las carrozas terminan de armarse en el parque el mismo 24 de diciembre para las parrandas de Remedios.

Allá por el 1800 el cura de San Juan de los Remedios, en la provincia de Villa Clara, organizó a los niños para que el 24 de diciembre a las 6 de la mañana recorrieran los barrios haciendo bulla y despertando a los vecinos con el fin de que acudieran a la misa.

Seguramente nunca se imaginó que estaba dando inicio a una fiesta popular que se mantendría durante siglos, inaugurando una forma de vivir la navidad muy cubana pero poco ortodoxa, bailando en las calles a ritmo de conga y lanzando miles de fuegos artificiales.

"Las parrandas de Remedios" es la fiesta más antigua y espontánea de Cuba, no hay discursos políticos ni burocráticos actos culturales. Dos barrios, San Salvador y El Carmen, compiten cada año por vencer en un enfrentamiento de luces, música, colores y fuego.

Las parrandas de Remedios son la fiesta más antigua de Cuba.

Durante meses los parranderos de uno y otro bando trabajan en secreto construyendo un gigantesco mural con juegos de luces, una monumental carroza alegórica y acumulando decenas de miles de fuegos artificiales para un espectacular combate aéreo.

Para hospedarse en Remedios en la Noche Buena se reserva desde enero porque las capacidades estatales y particulares se completan enseguida. Puede uno alquilarse en algún pueblo cercano pero entonces podrá dormir por la madrugada y ya no será lo mismo.

Nosotros llegamos el día 23 y nos hospedamos en el mismo centro del pueblo, frente al parque donde se desarrollan todas las batallas. A las 6 de la mañana del día siguiente nos dio el de pie una andanada de cientos de explosiones que hacían temblar las paredes de la casa.

Muy a pesar del cura que comenzó la tradición, la mayoría de la gente no acude a la iglesia sino al parque a parrandear y contemplar los primeros fuegos artificiales anunciando el inicio de la fiesta, que se prolongará sin interrupción durante 24 horas.

Este año el gobierno entregó U$D 29 mil a el Barrio de San Salvador y otro tanto a El Carmen. Con ese dinero y donaciones –algunas de parranderos emigrados- deben adquirir todo lo necesario para construir la carroza, el mural estático de luces y los fuegos.

Nadie sabe a ciencia cierta cuantos voladores y morteros se lanzan al cielo pero algunos me cuentan que hay años en que fueron 250 mil. Se compran oficialmente a empresas de las Fuerzas Armadas pero los parranderos negocian para obtener más o quedarse con los mejores.

En las calles se vende todo tipo de comidas pero el pan con lechón es el rey de la fiesta.

Cada barrio toma una calle frente a frente en el parque y la cercan, instalando allí las lanzaderas de cohetes. Mientras los parranderos compran urgentemente sombreros para protegerse de las varas de los voladores que caerán del cielo por cientos sobre sus cabezas.

Cuando comienza la demostración del fuego aquello parece una verdadera guerra, el humo de la pólvora cubre todo el parque y el cielo se llena de explosiones. Los coheteros llevan protectores para los oídos, camisas de mangas largas y pañuelos para cubrirse el rostro.

Las calles aledañas están llenas de puestos de venta de alimentos, por amplio margen el más popular es el pan con lechón pero se encuentran cajitas con arroz y bistec, sándwiches, palomitas de maíz, frituras, donuts y muchas bebidas, refrescos, maltas, cervezas y ron.

Baterías de altoparlantes repartidos por todo el pueblo emiten música a toda hora y a todo volumen, seguida por miles de personas que se pasean por la calle moviéndose a ritmo de conga, riendo a carcajadas y discutiendo acaloradamente en defensa de su barrio.

Mientras, los parranderos terminan el montaje de las carrozas y prueban los juegos de luces en los gigantescos paneles. Lo apuestan todo porque estas obras de arte y los fuegos serán los aspectos que la gente medirá para darle el triunfo a uno u otro barrio.

A las 10 de la noche se enfrentan los dos murales de luces, creados con miles de bombillos en un juego de colores y movimientos, que atrapa la atención del público hasta que comienza una nueva descarga de fuegos artificiales que iluminará el cielo nocturno.

La música y la conga no faltan durante las parrandas.

Recién a las 4 de la mañana saldrán las carrozas, que deben rodear el parque y quedar frente a frente para que el pueblo decida cuál es la mejor. Han trabajado todo el año en su construcción e invertido mucho, un traje de figurante puede costar hasta U$D 400.

Ningún tribunal decidió cuál fue el ganador pero a las 6 de la mañana del día 25, cuando las nuevas explosiones anunciaban el fin de la fiesta, los parranderos de San Salvador entraron al parque tocando la marcha fúnebre en honor a sus contrincantes y terminaron con una conga de celebración.

Se acabó la fiesta, los vecinos se van a dormir, algunos borrachos caminan con pasos inseguros, los vendedores desarman sus puestos, los bomberos se retiran a la base y los basureros empiezan a limpiar las calles mientras un enjambre de niños se les adelanta en busca fuegos artificiales que no hayan explotado.

A media mañana los extranjeros y los cubanos forasteros vamos abandonando lentamente el pueblo. Roque, el fotógrafo de la AFP, nos dice que "las parrandas envician" y parece ser cierto porque muchos reservamos habitación ya para el próximo año.