El sueño del pibe

  • 17 febrero 2014
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Juagadores latinoamericanos Image copyright AFP
Arsène Wenger, DT del Arsenal Image copyright AFP
Image caption Para Wenger los verdaderos goleadores son los latinoamericanos.

Los mejores delanteros goleadores del fútbol internacional son sudamericanos, nos ha dicho Arsène Wenger, una autoridad más que respetable en estas cosas, aunque José Mourinho lo haya calificado de "experto en fracasos".

El DT del Arsenal también opina que los clubes alemanes ya no producen grandes goleadores, o al menos en la cantidad y calidad de hace unos años.

"¿Por qué? Pues no lo sé. Tal vez sea una consecuencia del entrenamiento moderno, o de la vida moderna… No lo sé", dijo el sabio de Estrasburgo.

La revista inglesa FourFourTwo recogió el tema en su edición de febrero y consultó a varios técnicos y futbolistas, europeos y latinoamericanos, para identificar las razones de esta vigencia cada vez más evidente.

La explicación más razonable, implícita en el artículo de Martin Mazur, es que la evolución táctica del juego conviene a las características técnicas, físicas y temperamentales del futbolista latinoamericano (conviene recordar que uno de los grandes goleadores de todas las épocas, Hugo Sánchez, es mexicano).

Cuestión de tamaño

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Image caption Ronaldo y Bale, dos "grandes" del Real Madrid.

Hace algún tiempo los goles eran la especialidad de un Número 9 grandote, un ariete capaz de hacer sentir su peso (literalmente) en el área y de embocar las pelotas que le servía un séquito de jugadores más hábiles.

Los futbolistas altos del fútbol moderno son más hábiles, más movedizos y rápidos, capaces de conducir, regatear y combinar, gente como Cristiano Ronaldo (1.86m), Edinson Cavani (1.84m), Gareth Bale (1.83m), Robert Lewandowski (1.84m).

La movilidad, la rapidez y la habilidad técnica son atributos naturales de futbolistas latinoamericanos más pequeños, como Lionel Messi (1,69m) y Sergio Agüero (1,72m). Otros combinan habilidad con potencia, como Radamel Falcao (1,77m) y Luis Suárez (1,81m).

(Hugo Sánchez medía 1,75m en su plenitud; Gerd Müller, el mejor centrodelantero de la historia alemana, no era tan pequeño como parece en los vídeos: 1,76m.)

Los entrenadores modernos no necesitan el centrodelantero convencional, del tipo Andy Carroll (1,94m), que tanto gustó en el Newcastle. El Liverpool pagó por él £35 millones… y terminó cediéndolo al West Ham: el DT Brendan Rodgers no le encontraba cabida en un esquema centrado en Suárez.

Tres enfoques

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Image caption Guardiola encontró la forma de no quedarse sin centrodelantero.

Es evidente la transformación del delantero goleador. José Mourinho dice que "para mí, un striker no es solamente un striker. Se tiene que mover, tiene que ir a las bandas, tiene que cruzar la pelota; y lo tiene que hacer en un 4-4-2 o en un 4-3-3 o en un 3-5-2. Yo no puedo creer que en Inglaterra no se les enseñe a los jóvenes a ser polifuncionales."

Claudio Borghi, el ex seleccionador de Chile, dijo a FourFourTwo que ese enfoque "puede provocar un cortocircuito, porque al fin tienes jugadores que son buenos en muchas cosas pero no se destacan en ninguna."

Y prosiguió: "Ahora se les exige a los delanteros que corran, hagan diagonales, lancen tiros libres, marquen a los full-backs adversarios, bajen al medio para encontrar espacios… si hacen todo eso y se olvidan de hacer el gol… estamos listos… nos quedamos sin goleador."

Para ilustrar la forma de evitar ese peligro, la revista cita la feliz frase de Pep Guardiola cuando explicó el enfoque táctico del Barcelona en 2010: "Nuestro centrodelantero es el espacio."

Temperamento

La revista inglesa concluye que el temperamento latinoamericano tiene mucho que ver con la abundancia de buenos delanteros goleadores.

Cita a Fabián Coito, seleccionador uruguayo Sub20, de exitosa trayectoria en la Sub17: "muchos chicos sudamericanos [son presionados] por sus padres para que sean centrodelanteros, la posición más redituable en el fútbol (…) Y aunque jueguen en otros puestos, sueñan con triunfar como goleadores".

Un tango

Pero claro: es el famoso "Sueño del pibe".

En el tango de Reinaldo Yiso (de 1945), el pibe recibe "la citación" del club y tras pisar al perrito blanco en su precipitación, corre al piletón donde su madre lava la ropa: "Mamita querida, ganaré dinero…"

Y esa noche sueña con su debut en primera:

"Faltando un minuto están cero a cero;tomó la pelota, sereno en su acción,gambeteando a todos se enfrentó al arqueroy con fuerte tiro quebró el marcador."

¿Cursi? Por supuesto. Pero de esto se alimentan los sueños de los pibes.

Cuesta creer que los pibes europeos no sueñen lo mismo.

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