Mi 20 de mayo

  • 22 mayo 2014
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Morro de la Habana Image copyright Getty

El 20 de mayo es mi cumpleaños oficial. En realidad nací el 19 por la noche, pero mi mamá decidió que no sería en fecha luctuosa (muerte del Héroe Nacional cubano José Martí), y con razones más familiares que patrióticas, por tres horas más "nací" el mismo día que mi papá y día de fiesta nacional, glorioso momento de 1902 en que se izó la bandera en el Castillo del Morro, y que marca el nacimiento de la República.

Después de la Revolución de 1959, el 20 de mayo pasó a ser una referencia desconocida para los más jóvenes en una frase admonitoria: lo que le cayó fue un 20 de mayo. La historiografía revolucionaria revisó la fecha, que pasó a ser día infamante, génesis de todos los males de la nación, sobre todo por el lastre de un apéndice constitucional conocido como Enmienda Platt.

Su lectura refrenda el poder de intervención que el gobierno norteamericano tuvo por 32 años en detrimento de nuestra soberanía; igual, si me pongo memoriosa, los imperios nunca necesitan pretextos legales: los alemanes en Europa, los japoneses en Manchuria, los estadounidenses en Santo Domingo, los soviéticos en Checoslovaquia… Ahora mismo los rusos, serios aspirantes a revalidar la corona de la URSS, se han puesto golosos, acaban de anexarse un pedazo de Ucrania y parecieran querer más.

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Pero hablaba del 20 de mayo. Como acabo de cumplir años (muchos), y alguna sabiduría debo haber adquirido, estoy convencida de que aquella república no fue tan mala como afirman en los nuevos libros de texto; era joven, inexperta, venía de una herencia hispana, tan dada a la corrupción y la molicie, pero era perfectible; no que ahora tenemos un socialismo irrevocable e inamovible, con secretismo y calamidad económica; con una falta de pluralismo tal que no coincidir con el pensamiento oficial se considera antipatriótico.

Antipatriótico. Yo, que no soy postmoderna y me emociono con el himno, que presumo de una abundante genealogía mambisa (como se conoce a los cubanos que lucharon por la independencia de España).

Tan cubana, que me sería imposible rastrear a un abuelito español para tener otro pasaporte (pasatiempo nacional tan de moda) y paliar esa sensación de insularidad que nuestra condición geográfica define y que la política impone.

Cubana en la aldea global –una idea que me gusta por incluyente- pero mientras, quisiera celebrar cumpleaños con fiesta de bandera. Pero no puedo. Las banderas se venden en divisas fuertes, lo suficientemente caras como para que solo un turista decida llevarse una como souvenir de su viaje a Cuba.

Regina Coyula es bloguera, activista de los derechos humanos y crítica del gobierno cubano. Aunque reniega de las etiquetas, es considerada "disidente" en su barrio, por decir y escribir lo que piensa. Ella se considera una ciudadana crítica sin afiliación política.

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