¡Qué clase de calor!

  • 17 julio 2014
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Malecón de la Habana

Cuba es un eterno verano. Eso, que suena tan bien en los anuncios publicitarios, que anima a un canadiense a sacar boleto de ganga para alguna maravillosa playa de las muchas que tenemos, es nuestro estado natural e inevitable nueve de los doce meses del año.

Esa combinación de temperatura y humedad nos mantiene amelcochados, nos hace desear varias duchas, y convierte a los cubanos, pero sobre todo a las cubanas, en seres con cuatro infaltables apéndices: sombrilla o sobrero (opcional), abanico, toalla y botella de agua.

Entre la tala indiscriminada de la Empresa Eléctrica previa a la temporada ciclónica, los árboles arrancados por sucesivas tormentas durante la temporada ciclónica, y los árboles que no se sabe a quién le molestaban y los mató, se pueden caminar muchas cuadras sin apenas una sombra; y los cubanos caminamos mucho, de ahí el éxito de la sombrilla.

El abanico (o la penca, también opcional), enfría el sudor y nos hace la ilusión de que nos refresca.

Otra de las prendas estrella del verano es una toallita cuadrada de 30 centímetros para secar el sudor donde el pañuelo se vuelve insuficiente.

Por último, pruebe el verano en la calle sin poder tomar un poco de agua fría: (se congela la botella, se envuelve en periódicos o un paño y se protege en una bolsa de plástico). Muy eficaz, porque beber agua en la calle es inseguro o cuesta en esa otra moneda -de curso legal no se sabe hasta cuándo- el equivalente a un día de salario, nunca menos.

Hablo de una modesta botellita de medio litro que se bebe sin respirar a las dos de la tarde con 33º y 68 % de humedad relativa.

Si no es amante de la televisión, con su irregular calidad entre estrenos y refritos exitosos para estos meses, la opción natural del verano es la playa. Preparar la noche anterior algo sencillo de comer, congelar varias botellas de agua potable, y levantarse temprano. Muchos tendrán la misma iniciativa, por lo que el transporte hacia las playas irá atestado.

Si dispone de una reserva monetaria, puede compartir el alquiler de un auto, de esos que cobran por persona y no por viaje, pero eso es para algunos.

El transporte público es crisol de problemas. El calor, el hacinamiento, los olores corporales, la música alta, y la coda de su dilatado servicio, crean una combinación enervante que dispara el ánimo y pone a prueba la disciplina social; y la disciplina social suele salir suspensa.

Otra variante para acercarse un poco más al concepto de vacaciones, son las bases de campismo. A los jóvenes les encanta acampar, con su razonable dosis de alcohol y promiscuidad. También por supuesto, asisten familias.

Dos generaciones de cubanos no conocen otra forma de vacacionar; hay familias expertas que dejan siempre una "guardia" en la cabaña para evitar robos, que cargan con ventiladores, ollas de presión y mosquiteros para garantizarse una mejor estancia. Por una idea seguramente pequeño burguesa y diversionista de cómo son las vacaciones, para mí, el campismo está perdonado.

Como la inmensa mayoría de los cubanos, tampoco puedo irme ni por un fin de semana a un hotel de playa y desde una tumbona pedir un mojito sin pensar qué voy a cocinar luego y reírme del calor en el aire acondicionado.

Desde "el sofá más largo de la ciudad", los habaneros también vacacionan. Se acuestan o balancean los pies frente al mar en dolce far niente por un rato. Los más osados desafían la prohibición de baño por aguas contaminadas y se lanzan desde el arrecife. Queda aún vestigio de las piscinas naturales de cuando aquel mar era pulcro. Hablo de hace cien años.

Abundan los que llevan su botella de ron "para descargar". Los animadores furtivos, por un precio que varía según la nacionalidad del cliente, tienen repertorio nacional e internacional. Otros mercaderes sin licencia ofrecen desde inocentes propuestas gastronómicas, hasta ofertas, tan ilegales como las comestibles, pero mucho más peligrosas.

Claro que hay paisanos que viajan, que se hospedan en hoteles, que las vacaciones significan para ellos unas vacaciones de verdad. Esos, o tienen familiares en el extranjero, o un negocio exitoso, o un negocio fraudulento, o pertenecen a la nomenclatura, o también, y para que no se diga, constituyen un reducidísimo grupo de trabajadores destacados a los que premian con una semana en un "todo incluido" a precio preferencial (entre paréntesis, otra fuente de corrupción, beneficiando a quien no es ni destacado, y en muchos casos, ni trabajador).

Hace muchos años, los meses de vacaciones para mí son como los demás, pero sin apagar el ventilador. Me quejo de la temperatura que me cocina a la brasa, como si con eso pudiera conjurarla.

Si salgo (con mis cuatro infaltables apéndices), regreso a casa repitiendo la frase que he compartido con conocidos y extraños: -¡qué calor, pero qué clase de calor! Y si me harto de la modorra canicular, siempre tengo la posibilidad al final de la tarde de caminar hasta el Malecón, y deleitarme con una espectacular puesta de sol. Es irrepetible, y es gratis.

Regina Coyula es bloguera, activista de los derechos humanos y crítica del gobierno cubano. Aunque reniega de las etiquetas, es considerada "disidente" en su barrio, por decir y escribir lo que piensa. Ella se considera una ciudadana crítica sin afiliación política.

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