¡Qué rollo con los drones!

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Image caption Los drones "originales".

El pequeño helicóptero a control remoto de mi sobrino... Un dron.

Esas sofisticadas sondas que usan los científicos, por ejemplo, para estudiar los cambios en el suelo causados por el calentamiento global… Drones.

Un aparato que se eleva para tomar fotografías aéreas… Otro dron.

Hoy en día, todo lo que vuela y es manejado a distancia parece ser un dron. Tanto se ha ampliado el uso de este término que da la impresión de haber perdido su significado original.

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Image caption Destrucción provocada por los aviones no tripulados de EE.UU. en Afganistán.

Así, uno podría pensar que actualmente todo es un dron y nada es un dron.

En momentos en que EE.UU. ha vuelto a bombardear Irak con jets y aviones no tripulados (los drones originales), esta vez contra los insurgentes de Estado Islámico, uno no puede dejar de preguntarse:

  • ¿Cuándo los drones (cuya traducción literal es "zánganos") se despegaron de su significado letal y le prestaron su nombre a un repertorio más amplio de dispositivos, muchos de ellos con fines no bélicos?
  • ¿Cómo es que el mal nombre de esos aparatos que han causado numerosas muertes de civiles en Afganistán y Pakistán logró aterrizar en el mundo civil, sedujo a círculos innovadores y se embebió de una connotación positiva?
  • Esta mutación semántica, ¿se produjo justo cuando los drones se cobraban más víctimas inocentes, paradójicamente por "errores humanos", y más cuestionados eran por la comunidad internacional? ¿Causalidad o casualidad?
  • ¿Por qué no los llamamos directamente vehículos aéreos no tripulados o a control remoto, y evitamos una palabra que nos remite a la guerra? ¿Por qué la aparente fascinación con el término dron?
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Image caption Cámara voladora: ¿un dron?

No tengo las respuestas. Pero creo que, como periodistas, es importante que nos preguntemos todas estas cosas.

En BBC Mundo intentamos hacer esta reflexión cada vez que, durante la reunión editorial, surge alguna novedad sobre el mundo nominal de los drones (y otras modas tecnológicas).

Sobre todo porque no pasa una semana sin que uno lea en los medios de comunicación acerca de un nuevo dispositivo que hace algo –algunas veces interesante, otras curioso– suspendido en el aire y recibe el mote de dron.

La guía editorial de la BBC nos recuerda que los periodistas debemos resistir la tentación de usar lenguaje que parece responder a determinado consenso sin cuestionarlo.

Lo hemos aplicado no sólo en el caso de los drones, sino también en el de las impresoras 3D, que también son motivo de una euforia mediática. Estas máquinas se nos presentan como posibles replicadoras de cualquier objeto, aunque en realidad, lejos de ello, únicamente fabrican piezas individuales. Al menos por el momento.

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Image caption Otro motivo de euforia mediática: las impresoras 3D.

¿Quién ha visto que de una impresora 3D salga una bicicleta completa? ¿O una guitarra lista para ser tocada?

Es que justamente ahí se agota el concepto: un producto complejo, terminado, no puede ser generado por este aparato tal como lo conocemos hoy, sino por uno mucho más sofisticado; sólo puede ser resultado de un proceso de fabricación, no de una simple impresión.

Y, de nuevo, ¿en qué instante nos hicieron creer que las impresoras 3D ya son la "fábrica del futuro al alcance de la mano" o, siguiendo el ejemplo anterior, los drones de la innovación?