La tiranía del mercado

  • 25 agosto 2014
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Bueno, Mario Balotelli ya está en Liverpool, Ángel Di María está a punto de llegar a Manchester y en cualquier momento se podría anunciar el viaje de Radamel Falcao a Turín, si damos crédito al tam-tam de la prensa italiana.

El mercado de fichajes del fútbol europeo (que cierra la semana que viene) es un buen barómetro de la desesperación que aflige a las cigarras que necesitan reforzarse y deben rogar a las hormiguitas que han laborado todo el verano.

Es el caso del Manchester United, que según todas las fuentes (de las confiables y también de las que siempre se equivocan) se dispone a batir el récord de la Premier League pagando una fortuna por un jugador, Ángel Di María, que el Real Madrid, con razón o sin ella, considera prescindible.

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También es el caso del Liverpool, que vende a un delantero problemático pero genial, como Luis Suárez, y lo reemplaza por otro, Mario Balotelli, más irregular, menos rendidor y que encima (dicen sus detractores) incendia su casa, estrella automóviles y no es un modelo recomendable de disciplina.

Balotelli sólo le habría costado al Liverpool £16m (cerca de US$27m), cuando un jugador de su calidad y edad debería estar en £50 o £60 millones (es decir, entre US$80 y US$100 millones).

Cuando el Man City lo compró al Inter pagó unos US$36m; cuando lo vendió al Milan, sólo recibió cerca de US$31m… y ahora US$27m.

Pero no atribuyamos su desvalorización sólo a su indisciplina, porque los racistas italianos le han hecho la vida imposible. Este es un gran tema pendiente.

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La variedad catalana de cigarra, Barça, se reforzó más temprano esta vez porque después del 31 de agosto no podrá hacerlo hasta enero de 2016, debido a una sanción de la FIFA. El problema es la incertidumbre sobre el carácter impulsivo de Suárez y el hecho de que no podrá jugar hasta el 26 de octubre.

Dos novedades están marcando la dinámica actual de las transferencias.

Por un lado, los efectos de la disciplina financiera impuesta por la UEFA, que reduce el número de clubes capaces de pagar por los mejores jugadores las exorbitantes sumas que exige el mercado, ese agujero negro de recursos.

Por el otro, la posición cada vez más sólida de un poderoso actor en este escenario: el Real Madrid ya no se desprende a pérdida de los jugadores que sobran en la centrifugadora accionada por el presidente Florentino Pérez.

Hace algún tiempo, el Madrid, como virtualmente todos los equipos grandes, compraba caro y vendía barato. Dos casos típicos: en 2007 compró a Sneijder (del Ajax) en US$35m y a Robben (del Chelsea) en US$46m; dos años después vendió al primero por US$20m (Inter) y al segundo por US$33m (Bayern Munich).

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El año pasado la situación ya se había revertido: Mesut Özil, que en 2010 costó US$20m (procedente del Werder Bremen), fue vendido al Arsenal por una cifra no revelada, aunque se cree que podría ser dos o tres veces más; Gonzalo Higuaín (River Plate) costó cerca de US$16m y fue vendido al Napoli por casi US$53m.

Y la venta de Di María, que en 2010 costó US$33m (al Benfica, más US$13m en incentivos), alcanzaría y tal vez sobraría para financiar a su último galáctico, James Rodríguez. El presidente cuadra (más o menos) los libros y exige que el técnico cuadre las novedades en el plantel sin protestar… ni fracasar.

Los comentaristas están de acuerdo en que el Manchester United tal vez esté pagando demasiado por Di María, pero también coinciden en que Louis Van Gaal necesita el aporte del argentino, que puede jugar en varias posiciones y es capaz de inyectar energía, velocidad y verticalidad, que brillan por su ausencia.

Varios jugadores de categoría, entre ellos campeones mundiales, rechazaron las ofertas de Van Gaal: todos creen o sospechan que el glorioso Man United necesitará un buen tiempo para recuperarse, y además esta temporada (y tal vez la próxima) no jugará la Champions League.

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Di María, que al principio desoyó el llamado del holandés, cambió de idea porque el Paris Saint-Germain tuvo problemas con el régimen de transparencia financiera y el Manchester City hizo saber a su agente que no tenía interés.

De modo que la llegada del argentino a Old Trafford no sorprende a nadie… pero el desconcierto es evidente ante el desembarco de Balotelli en Liverpool.

Algunas semanas atrás, el técnico Brendan Rodgers daba la impresión de que la salida de Suárez le dejaba las manos libres para imponer su propio modelo de disciplina, benevolente en la forma pero estricto en el cumplimiento.

Pero la necesidad de llenar el vacío que Suárez dejó en la delantera puso en evidencia otra característica del mercado de fichajes.

Los jugadores de categoría no sólo quieren un club prestigioso, buenas condiciones de trabajo, buen salario, acceso a los torneos prestigiosos y la adulación universal: también quieren lo mejor para acomodar su vida privada.

Una cosa es vivir y trabajar en Madrid, Barcelona, Milán, Roma, París, Londres… Uno se siente en el centro del mundo: diversiones, amigos, compatriotas… Buen sitio para encontrar a las mujeres más despampanantes, si uno es soltero, o para que la esposa no se sienta tentada a volver a su país.

Image caption Una panorámica de Manchester...

Manchester y Liverpool, sin desmerecer a estas dos hermosas ciudades, no ofrecen lo mismo, o por lo menos los futbolistas no las encuentran atractivas.

Acotemos, de paso, que la armonía familiar pasa por atender las aspiraciones de la pareja: los numerosos traslados de David Beckham tuvieron que ver con sus propias aspiraciones deportivas (Madrid, por ejemplo) pero también con el deseo de su esposa Victoria, una buena diseñadora de modas (eso nos dicen) que necesitaba conexiones en Milán y París.

Y esto nos lleva a Falcao, su situación en el Mónaco y los rumores sobre el interés de varios clubes, entre ellos Juventus, Milan, Real Madrid… y Liverpool.

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Su ficha estaría a la baja, un poco porque no se sabe todavía si su grave lesión de la temporada pasada ha dejado o no secuelas, y otro poco porque el proyecto del multimillonario ruso Dmitry Rybolovlev en Montecarlo ha tropezado con inconvenientes de diversos tipos, entre ellos su disponibilidad de recursos debido a su costoso divorcio y las extravagancias de su hija.

Falcao convirtió el único gol del partido ante el Nantes, pero el Mónaco había perdido los dos anteriores, ante el Bordeaux (4-1) y el Lorient (2-1): está en 17º lugar en la tabla de posiciones de la Liga 1.

Rybolovlev hizo un jugoso negocio con James Rodríguez, ya que lo vendió al doble del costo tras una sola temporada, pero el valor de mercado de Falcao dista mucho de lo que cabría esperar por un goleador de su categoría.

Todo parece indicar que Falcao no quiere seguir en Mónaco. A fin de cuentas, no conviene exagerar los encantos del principado: si no eres multimillonario, si no tienes yate, si no te gustan la ruleta y el bacará, si no tienes afinidad social con aventureros y aristócratas…

Si eres, simplemente, un futbolista… y además evangélico…

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