El secreto de Chicharito está en la arquitectura de su cerebro

El cerebro genera y controla la mente (…) nacemos con predisposiciones mentales"

Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología
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A Javier Chicharito Hernández, el hombre del momento, le cae bien remar contra la corriente.

Le dicen que su lugar es el banquillo pero él no baja los brazos y sigue entrenando; le dicen que no le renovarán pero a él no parece importarle; técnicos sucesivos del Manchester United y el Real Madrid le auguran un futuro sin aplausos, en algún club del montón, y él aguanta y aguanta.

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Hasta que de repente se le presenta una oportunidad y se aferra a ella como el náufrago a la balsa. Ya lo dijo Hugo Sánchez antes del Real Madrid 1-0 Atlético de Madrid, por la Liga de Campeones: "Si tiene una oportunidad, no puede fallar; si tiene dos, tiene que meterlas."

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Image caption Ha pasado del olvido a ser la figura del momento.

Chicharito tuvo una el miércoles y la metió; y el domingo, ante el Celta, metió otras dos: de repente ha pasado de carne de banquillo a salvador de la patria.

Todos saben que Chicharito no es un crack de esos que cosen y descosen la pelota, que arman jugadas de ensueño o inventan pases de 40 metros: su tarea consiste en meter la pelota en el arco cuando a su equipo le hace falta un gol.

Presión

Este tipo de jugador debe estar alerta permanentemente, en el pináculo de su capacidad física y mental; una distracción y la hinchada le caerá encima.

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Y esto justifica el interrogante: ¿cómo se las arregla Chicharito para mantener su motivación cuando casi todo se le presenta en contra y las personas que deberían alentarlo le dan a entender que no se moleste porque no lo quieren?

Caramba, si buena parte de lo que se escribe y dice sobre la preparación de un atleta o un grupo de atletas condiciona el rendimiento a un buen programa de motivación, a persuadirlos de que son buenos, queridos y útiles.

Justamente lo contrario de lo que Alex Ferguson, David Moyes, Louis Van Gaal y Carlos Ancelotti le han dicho desde su llegada a Europa: "Sí, eres bueno, ves el gol, te esfuerzas, entrenas bien, pero Fulano y Mengano son mejores".

Una explicación fácil es atribuir esa tenacidad a las agallas: se dirá que es "un macho"… uno de los apodos de Hugo Sánchez, EL goleador histórico mexicano.

Pero el fútbol está lleno de machos. Hasta sobran, los machos. Y casi todos ellos pierden el equilibrio cuando les llevan la contraria.

Contra la corriente

No, hay algo más que eso. Chicharito es un macho pero también un testarudo, un porfiado, un tipo que resiste los esfuerzos para "desmotivarlo". Y este rasgo de personalidad no se debe sólo a su recuerdo de cuando en la escuela otro niño trató de quitarle un juguete, sino a la forma en que funciona su cerebro.

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Un día antes del gol de Chicharito ante el Atlético de Madrid, el diario español El País publicó una entrevista con Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona, a propósito de la publicación de su libro "La Fábrica de las Ilusiones".

La Psicobiología es conocida también como neurología del comportamiento; Morgado dice que es "una disciplina que estudia la relación entre el cerebro y el comportamiento", a diferencia de la psicología clásica, que estudia los procesos mentales independientemente del cerebro, el órgano que los genera.

"Una persona nace con mucha capacidad de memoria implícita", dice Morgado. "Es la memoria de hábitos (…) que se forman en estructuras del cerebro interiores, en núcleos (…) Ahí cuesta mucho formar conexiones, por eso los hábitos son tan difíciles de adquirir [en la madurez]."

Entre los hábitos o predisposiciones mentales a los que alude Morgado se cuenta la resistencia psicológica ante las situaciones negativas.

El científico se refería concretamente al caso de Rafael Nadal, notorio por su tenacidad: "cuando tú vas perdiendo baja mucho tu capacidad de rendimiento, pero si tienes una capacidad emocional muy fuertes sabes resistir".

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El profesor sostiene que Nadal fijó esas características a los 8, 9 o 10 años, cuando el cerebro "es muy plástico", para "crear una arquitectura cerebral" de hábitos, con una inclinación biológica para la tenacidad… además, por supuesto, de otras predisposiciones que facilitaron su carrera deportiva.

Tanto los psicobiólogos como los psicólogos deportivos destacan la necesidad de "aprender a perder", es decir prepararse para la eventualidad de la derrota.

Resistencia

En el caso de Chicharito, su preparación en este sentido ha consistido en una predisposición para resistir la frustración, en una especie de antídoto mental para la postergación en el banquillo, que en la mayoría de los casos significa un duro golpe para el rendimiento del jugador, ya sea este bueno o mediocre.

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Otro factor que habría fortalecido la tenacidad de Chicharito es su condición de forastero en los ámbitos europeos en que ha desarrollado su profesión.

En esto cabe la comparación con Gareth Bale, otro forastero en el Madrid: el galés, titular y apoyado por todos, desde el presidente hasta el utilero, con coach personal (un británico, que le habla en inglés), ha disminuido su rendimiento porque un sector de la hinchada le reprocha su falta de esfuerzo.

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El mexicano, ya sabemos, entrenó como si le fuera la vida en ello, a pesar de que le decían que no lo querían y que tampoco lo recibiría de vuelta el United.

Es posible (para muchos, casi seguro) que el momento de gloria del goleador mexicano se diluya con el retorno del francé Karim Benzema, un favorito del presidente, pero su situación seguirá siendo muy diferente a la de hace unos pocos días.

En la contabilidad o inventario ideal de los futbolistas, Javier "Chicharito" Hernández figuraba hasta el 22 de abril de 2015 como un excelente profesional, disciplinado, trabajador, respetuoso… pero sin cabida como titular en clubes del nivel del Real Madrid y el Manchester United.

Ahora eso ha cambiado. Juegue o no, todos saben que puede hacerlo.

"Es gracias a su predisposición biológica", como diría el profesor Morgado.

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