La indignación de un cineasta ante la "desmesurada censura" en Cuba

Elicer Ávila Derechos de autor de la imagen AP
Image caption Al opositor Eliecer Ávila quisieron expulsarlo de la reunión para discutir sobre la política cultural en Cuba.

En medio del maremagno indefinido en que vivimos en Cuba, con la crisis de hegemonías, liderazgo y espiritualidad imperante, la esposa de un cineasta y ex viceministro de cultura, nos comentaba alarmada creer estar viviendo uno de los momentos más críticos de la revolución cubana.

Como desde que nacimos hemos escuchado la misma expresión, una y otra vez ante cualquier eventualidad o contingencia vivida, sólo nos dio por pensar que en realidad es también uno de sus instantes más decepcionantes, lóbregos, inciertos y tristes.

Sobre todo por la posición intemperante de quienes no dejan avanzar hacia un diálogo constructivo que contemple la participación de todos los sectores de la sociedad.

Este sábado, luego de muchos intentos por frustrarla o posponerla, finalmente se reunió la Asamblea de Cineastas en su habitual espacio del Centro Cultural Fresa y Chocolate en el céntrico barrio del Vedado.

Se trata de un espacio nuevo en el que los cineastas cubanos intentan promover más libertades en la industria.

La intención era debatir, en foro crítico y abierto, en torno a los contenidos y a la política cultural desplegada por el Ministerio de Cultura de estos tiempos.

Tarde tranquila

El encuentro desencadenó en una posición valiente, franca y desprejuiciada de los artistas que allí se reunieron, frente a los actos de censura más recientes en una discusión profunda y de altura intelectual, analizándolos, no como hechos aislados o anecdóticos, sino como una tendencia cada vez más creciente.

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Image caption La reunión de cineastas cubanos derivó en un debate sobre la censura.

Muchos artistas e intelectuales estamos preocupados e indignados por la aberración, atonalidad, destiempo y desmesura de la censura.

La tarde transcurrió bastante tranquila a pesar de lo espinoso del tema.

Todas las intervenciones fueron respetuosas. Algunas un poco más subidas de tono que otras, pero en un ambiente de entendimiento general.

Más que todo, primaba en el ambiente la voluntad de encontrar la vía para solucionar los desmanes cometidos y la necesidad de un interlocutor que no fueran solamente los dirigentes de la industria del cine cubano allí presentes.

Norge Espinosa, crítico, poeta y dramaturgo, expresó las condiciones a las que se enfrentaba, específicamente, el teatro cubano de estos tiempos.

El crítico y profesor Gustavo Arcos demandó la presencia de los verdaderos causantes de toda la lamentable situación creada en ese divorcio que parece eterno entre los que dirigen y nosotros: los demás.

Incluso en un desenfreno de encomiable valentía, exigió con nombres y apellidos la presencia en esos debates, de esas personas responsables, a las que calificó de verdaderos "contrarrevolucionarios", con las cuales no se ha podido discutir jamás, pues nunca dan la cara.

La reunión se fue calentando un poco. Todos vimos al Presidente del Instituto Cubano de Cine, ICAIC, salir de la sala de repente y pensamos que era hasta justa y comprensible su evasión, al no estar de acuerdo, dado su cargo y responsabilidad, con lo que se estaba debatiendo.

Disidente

Comenzó un movimiento un poco extraño de entradas y salidas, de personas a las que llamaban de repente hacia otro lado.

Algo raro se movía fuera, hasta que se escuchó a una voz femenina gritar: "Quieren expulsar a una persona de esta reunión y eso es un acto de censura".

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Image caption Cineastas como Pavel Giroud han estado abogando por cambios en el cine cubano.

Luego supimos que, incluso, se había vigilado, durante todo el tiempo, la entrada al lugar de personas "ajenas" al evento.

Estábamos como rodeados. Como si alguien de nuestro país o nuestro pueblo pudiese darse el lujo de estar exento de todo lo que nos está ocurriendo, cualquiera que sea el entorno.

Miramos a nuestro alrededor y descubrimos, por primera vez, que allí había estado sentado todo el tiempo, tranquilo y sin decir una palabra, Eliecer Ávila, un conocido joven opositor.

Trataban de expulsarlo y alejarlo de cualquier manera de la controversia.

Le exigían a gritos que se fuera. Y él, con una decencia y caballerosidad sin límites, explicaba que como un cubano más, estaba allí con el derecho a interesarse por lo que se estaba debatiendo.

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Image caption Para hacer cine en Cuba por lo general hay que sortear muchas dificultades.

Una periodista independiente salió en su defensa. Otros lo hicimos también a tamaño atropello, mientras uno de los jefes de la industria lo increpaba en nombre de la Revolución.

Y lo conminaba casi a la fuerza a que tenía que retirarse, que aquello era "sólo para cineastas y para revolucionarios".

Vergüenza ajena nos dio comprobar tanto dogmatismo, tanta obcecación, tanta intransigencia en un medio intelectual.

Se había roto el posible diálogo que se había iniciado una hora antes. Pues según ellos, los que determinan sobre nuestras vidas, sólo se pueden conversar entre revolucionarios.

Verdadero revolucionario

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Image caption En el debate participaba varia gente vinculada al cine en Cuba.

Y como son ellos los que otorgan esa condición, no están dispuestos a escuchar a nadie más.

Eliécer Pérez Ávila es más revolucionario, que muchos de los que se tildan como tal.

Y demostró, además, en esos momentos, ser mucho más civilizado, más inteligente, más cívico, sensato, sensible humano y capaz.

Aquello terminó con la propuesta de redacción de un documento en el que evidencie una protesta ante las pasadas, recientes o futuras censuras.

Pero será raro que quieran después de lo sucedido, siquiera leerla o recibirla.

Ahora se aprovecharán del río revuelto, para dar las espaldas a algo a lo que jamás han dado verdaderamente el frente.

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Juan Carlos Cremata es un guionista y director de cine cubano residente en la isla. Entre sus películas se encuentran Nada (2001) y Viva Cuba (2005), cinta que fue merecedora de más de 30 premios, tanto nacionales como internacionales.