Un río que divide a Brasil

Emanoel de Souza
Image caption El San Francisco irriga los campos de arroz de Emanoel.

En el jardín de su casa, a orillas del río San Francisco, Emanoel de Souza juega con la piel de un cocodrilo que cazó el mes pasado.

"Hay un montón. Si dejas el corazón de una vaca amarrado a un anzuelo en el río, a la mañana verás un cocodrilo que lo ha mordido", dice sonriendo.

La carne sirve para una buena comida y la piel para decorar la casa. Sin embargo, no son sólo cocodrilos lo que el río le trae a de Souza.

El San Francisco también le da agua para criar peces y cultivar arroz. Las ganancias de la última cosecha le permitieron comprar una nueva motocicleta.

De Souza tiene suerte. A tan sólo unos pocos kilómetros de allí, ya no tan cerca del río, Raquel Torres perdió un cosecha de frijoles y de maíz por falta de lluvia.

"Éste es el segundo año consecutivo. Aquí no hay irrigación", dice.

El agua que ella usa para beber, cocinar y bañarse llega en un camión cada varias semanas. Al igual que muchos habitantes del seco nordeste brasileño, ella sabe que el agua es un bien escaso.

¿Solución?

La solución que propone el gobierno nacional es desviar parte del San Francisco -el único río grande que nace y termina en Brasil- a través del sertón, una vasta región semiárida del nordeste brasileño.

Dos largos canales, uno de 400 kilómetros y otro de 220 kilómetros, serán los encargados de llevar el agua a las ciudades y a los campos.

La idea no es nueva, ha sido discutida durante siglos y considerada seriamente por décadas. Lo nuevo, es su implementación.

Los trabajos comenzaron en 2009 y finalizarán en 2025. Cuando las obras estén terminadas beneficiarán a más de 12 millones de "personas sedientas", dice el gobierno.

Y el nordeste está sediento. Cuando miran con ilusión a los futuros terrenos fértiles del sertón, los locales se hacen eco de un mismo sentimiento: lo único que falta es agua.

Image caption El gobierno dice que el canal beneficiará a más de 12 millones de personas.

Citan el ejemplo de Petrolina, una ciudad cercana que, gracias a la irrigación, se ha convertido en uno de los productores líderes de frutas de exportación de Brasil. De hecho, es el único lugar en el mundo donde se cosechan uvas dos veces al año.

Sin embargo, no todos son tan optimistas. Los ambientalistas dicen que el San Francisco ya está sobreexplotado.

El proyecto actual, dicen, amenaza la capacidad del río para generar electricidad para el nordeste, así como la subsistencia de aquellos que, como de Souza, dependen de él para la agricultura.

"Su desviación no resolverá el problema del suministro de agua para la gente del sertón que más la necesita, porque ellos están distribuidos geográficamente por todas partes", argumenta Joao Suassuna, crítico de la iniciativa.

"Y el río San Francisco, como tiene muchos usos, no podrá suplir el volumen de agua necesario para asegurar la viabilidad del proyecto.

En cambio, un estudio llevado a cabo en 2005, dice Suassuna, concluye que los reservorios y la lluvia podrían suministrar agua al triple de gente que la desviación del río y por la mitad de su costo.

Dudas

Image caption Cleiodezio Goncalves dice que el proyecto generará fuentes de empleo.

Tanto quienes apoyan como quienes critican el proyecto coinciden en que, cuando se trata del nordeste y el agua, las discusiones técnicas son sólo una parte.

El proyecto de desviación del río es un tema agrónomo, pero también político. Para el presidente Lula da Silva es la oportunidad de mostrar su compromiso con el nordeste.

Para el nordeste, la iniciativa representa una inversión importante: US$3.700 millones

Según Suassuna, estas consideraciones políticas son sinónimo de ineficiencia. "El gobierno elige el proyecto más costoso, para dedicarle más recursos al nordeste", dice.

Los habitantes de la región han recibido con beneplácito el proyecto gubernamental.

Cleiodezio Goncalves, dueño de una tienda de herramientas en Cabrobo, donde los trabajos para la desviación del río están teniendo lugar, dice: "Estoy a favor de la desviación. Ahora mucha gente tiene trabajo. Antes, los jóvenes andaban en drogas".

"Para la gente del sur, nosotros somos lo que los brasileños para los estadounidenses: ciudadanos de tercera clase. Se nos discrimina", comenta Eudes Caldas, alcalde de Cabrobo.

En el lugar, también se asoman las dudas. "Algunos dicen que habrá agua, otros dicen que no...", dice Raquel Torres.

Política

Lo que queda claro es que el agua está en el centro de la discusión política. A principios de año el presidente brasileño y su candidata partidaria de la elección presidencial de noviembre, Dilma Rousseff, viajaron a Salitre, en la margen opuesta del río San Francisco, para inaugurar un proyecto de irrigación.

Durante el evento, estas fueron las palabras de Lula: "Dejen de filmarme a mí, filmen al agua. ¡Miren lo bella que es!".

Rousseff fue más sobria, su discurso se concentró en las necesidades de los pequeños productores.

Es probable que Rousseff se enfrente al gobernador de Sao Pablo, José Serra en las elecciones de noviembre. Él es el único candidato importante que no se ha comprometido de manera explícita con el proyecto de San Francisco.

El agua significa mucho en esa región del país y Rousseff espera que signifique también bonanza electoral.

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