Cambio Climático: México optimista con la Cumbre de Cancún

Luis A. de Alba
Image caption El representante mexicano cree que la Cumbre de Cancún será exitosa.

El representante de México en las negociaciones internacionales sobre cambio climático, Luis Alfonso de Alba, cree que será posible llegar a acuerdos significativos durante la próxima cumbre de Naciones Unidas sobre el tema, a celebrarse en Cancún en diciembre próximo.

"Podemos alcanzar resultados importantes", le dijo De Alba a la BBC durante la última ronda de negociaciones previas, que están teniendo lugar en la ciudad alemana de Bonn.

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"Pero no voy a decir que Cancún será el fin del camino", aclaró el embajador.

La última cumbre de la Convención Marco sobre Cambio Climático de Naciones Unidas tuvo lugar en Copenhague, Dinamarca, en diciembre del año pasado y contó con la participación de los jefes de Estado de 120 países.

La misma, sin embargo, sólo arrojó un débil acuerdo político firmado por Brasil, Estados Unidos, Sudáfrica, India y China.

"Lo que queremos ahora es un equilibrio entre una visión realista y una visión ambiciosa," explicó De Alba.

"Antes (en Copenhague) era ambiciosa, pero no necesariamente realista", afirmó el embajador.

Avances

Según De Alba, en las negociaciones de Bonn se ha logrado avanzar en varias áreas importantes.

Una de ellas son las discusiones sobre la reducción de gases de efecto invernadero por deforestación (REDD, por sus siglas en inglés). Las delegaciones de Colombia, Perú y Ecuador son parte importante de estas conversaciones, ya que la mayor parte de sus emisiones son resultado de este fenómeno.

Otra área en la que el embajador ha observado progreso es en las discusiones sobre transferencia de tecnología de los países más desarrollados hacia los menos desarrollados.

Y también dice haber visto avances en las pláticas sobre el financiamiento de las iniciativas de adaptación y mitigación de los impactos del cambio climático.

El Acuerdo de Copenhague menciona la necesidad de conseguir unos US$30.000 millones entre el 2010 y 2012 para financiar este tipo de iniciativas en los países en vías de desarrollo.

Y aunque los analistas dicen que casi todo el dinero –al menos para el 2010- ya fue conseguido, en Bonn se han producido encendidas discusiones sobre dos aspectos.

El primero, es la duda de si ese dinero debería ser adicional o no a los compromisos ya adquiridos por los países desarrollados como parte de sus programas de cooperación internacional al desarrollo.

El segundo tiene que ver con la distribución de los recursos: si se canalizarán a través de instituciones como el Banco Mundial o a través de agencias de Naciones Unidas creadas específicamente para manejar los fondos para adaptación.

Los países desarrollados por lo general prefieren la primera opción. Los países más pobres, la segunda.

Según De Alba, "hay avances en las discusiones sobre la arquitectura de la financiación".

En cualquier caso, los analistas coinciden en que muy poco de esos US$30.000 millones será para América Latina, ya que la prioridad es ayudar a los países menos desarrollados, que en su mayoría están en África, y los pequeños estados insulares vulnerables a un aumento en el nivel del mar.

"Hay que hacer más"

Como muchos otros observadores, el diplomático mexicano también cree que el mundo desarrollado "todavía tiene que hacer más" para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Después de Copenhague, todos los principales países industrializados hicieron públicas sus metas para los próximos años.

Pero varias organizaciones ambientalistas estiman que estas metas no permitirán la reducción de entre el 25 al 40% de las emisiones, que los científicos afirman es necesaria para evitar un aumento de la temperatura global superior a los 2 grados centígrados.

Image caption En Bonn se ha logrado avanzar en tres temas importantes.

El propio Yvo de Boer, secretario saliente de la Comisión de Naciones Unidas para el cambio Climático, dijo que las promesas nada más permitirían una reducción de entre el 13 y el 14% de las emisiones.

Y en el caso de Estados Unidos, la legislación que debería limitar el aumento de las emisiones actualmente está estancada.

"Los países desarrollados tienen que hacer mucho más" insistió el diplomático mexicano.

Una de las propuestas innovadoras –pero controversiales- que México está haciendo para la Cumbre de Cancún es permitir que no todas las partes del tratado sean legalmente vinculantes.

Según el diplomático, se podría, por ejemplo, tener dos procesos diferentes para monitorear, reportar y verificar la reducción de emisiones: uno para países desarrollados y otro para países en vías desarrollo.

Y esto se podría acordar como una revisión entre pares, y no como un tratado legalmente vinculante, explicó. En términos generales, De Alba cree que Cancún podría terminar arrojando como resultado varios acuerdos, en lugar de un único gran texto.

Y es que según varios analistas, el gobierno mexicano no quiere verse asociado con un nuevo "fracaso" en Cancún luego de la experiencia de Copenhague, por lo que ve como algo vital que se llegue a algún tipo compromiso.

El diplomático mexicano, sin embargo, insistió que los esfuerzos por garantizar el éxito de Cancún no son sólo de México, sino de toda la región.

Los países latinoamericanos, sin embargo, no están unidos alrededor del tema. La mayoría apoya el acuerdo de Copenhague, pero ese no es el caso de Argentina ni los países del ALBA (Bolivia, Cuba, Ecuador, El Salvador, Nicaragua y Venezuela).

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