El eterno encanto de Robin Hood

Douglas Fairbanks, Russell Crowe y Errol Flynn
Image caption Douglas Fairbanks, Russell Crowe y Errol Flynn: tres Robin Hood.

Medias verdes, gorrito, arco y flecha son los tres elementos más identificables de este héroe popular que no parece pasar de moda. En breve podremos ver otra película sobre sus andanzas protagonizada por Russell Crowe y hace pocos días el nombre de Robin Hood volvió a circular en los medios, cuando así se apodó al ministro de finanzas del Reino Unido, Alistair Darling, por los altos impuestos que impuso a los más ricos.

Ochocientos años después de que apareciera por primera vez en historias y baladas medievales -el misterioso bandido conocido como Robinhood, Robehod o Rabunhod y hoy día reconocido en todas partes como Robin Hood- sigue siendo noticia.

Es posible que Robin y su banda de alegres amigos sean criaturas míticas, tema de conversación en las tavernas a partir de 1228. Pero hay que reconocer que se transformó en uno de los bandidos más populares de la historia.

Más conocido por robarle a los ricos para darle a los pobres, Robin y su banda se convirtieron en símbolo de la justicia contra la codicia y la tiranía.

Se dice que el grupo vivía en el bosque de Sherwood en Nottingham, Inglaterra, desde donde partía con la misión de atacar a los ricos y malvados.

Aunque se lo menciona en documentos del siglo XIII y XIV, es en las narraciones del siglo XV y XVI donde toma forma.

En ellas se alaba su habilidad como arquero, su amor por los más humildes, sus sospechas sobre los clérigos y los policías y su respeto por las mujeres (aunque su relación con Marian no figura sino en las historias posteriores al siglo XVI).

Justicia y equidad

La historia llegó al cine por primera vez en 1912, en una versión muda. Ahora, la maquinaria publicitaria se prepara para promocionar la última versión dirigida por Ridley Scott, publicando fotografías del héroe encarnado por Russell Crowe.

Dicen que la película será fiel a los hechos históricos, sin hombres con medias ajustadas, sin charlas a la luz del fogón. Sencillamente un Russell Crowe vestido con su armadura, atacando con arco y flecha a sus enemigos.

El atractivo que esta historia puede tener para Hollywood -con la trama girando alrededor de la lucha del bien contra el mal- resulta evidente. ¿Pero hay acaso algo más? ¿Es Robin Hood una especie de figura protosocialista? ¿Resume su visión de sacarle al rico para darle al pobre el profundo deseo de igualdad que tenemos los seres humanos?

Thomas Hahn, profesor de Inglés de la Universidad de Rochester, en Estados Unidos, y autor de numerosos libros y ensayos sobre Robin Hood, dice que la popularidad del personaje se debe a que representa las frustraciones con la vida en una sociedad capitalista.

"La atracción de Robin Hood se desprende de nuestro deseo fundamental de justicia y equidad", dice. "Y aunque su origen sea medieval, es una fantasía profunda y lo suficientemente generalizada como para captar la imaginación de la gente en cualquier época y en cualquier lugar".

No es casual que la leyenda haya crecido notablemente en los siglos XVI y XVII -una era donde comenzaban las primeras empresas capitalistas-, dice Hahn, entre la gente común que hallaba el nuevo orden económico ajeno y opresivo.

Sin embargo, Robin Killick, director ejecutivo de una compañía en Londres, cree que revivir la leyenda de Robin Hood no es algo necesariamente bueno. Los ataques al estilo Robin Hood contra banqueros y multimillonarios -al menos en sentido figurado- cierran de algún modo el debate sobre la recesión, y simplifica los temas en demasía en términos de lo que es bueno o malo.

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