Afganas en contra de la nueva ley

Fue una escena extraordinaria. Decenas de mujeres jóvenes se juntaron recientemente en el centro de Kabul, la capital de Afganistán, para manifestarse en contra de una nueva ley.

Image caption Las afganas obtuvieron pequeños logros luego de la caída de los Talibán.

La legislación establece que una mujer chiita -minoría en el país- debe tener relaciones sexuales con su esposo toda vez que él lo desee.

También indica que una mujer deber usar maquillaje cuando su esposo se lo demande, al tiempo que impone restricciones a sus actividades.

Luego de una protesta internacional, el presidente afgano, Hamid Karzai, aceptó revisar dicha ley.

Los críticos señalan que la razón por la cual Karzai refrendó la nueva ley en marzo era para lograr el apoyo entre los clérigos conservadores con miras a las elecciones presidenciales de agosto.

El domingo, las activistas dijeron que el presidente les había aseverado que firmó la ley sin leerla debidamente.

El asunto destaca no sólo las divisiones en la sociedad afgana sino que también desafía las expectativas de Occidente.

"Poca influencia"

Cuando el Talibán fue derrotado hace casi ocho años, el hecho fue considerado como una gran victoria para las mujeres.

Bajo las reglas de los fundamentalistas islámicos, las mujeres tenían prohibido estudiar y abandonar sus casas.

Muchos en Occidente pensaron que las burkas -la vestidura islámica que cubre a una mujer de pies a cabeza y que es considerada por algunos como un símbolo de opresión- desaparecerían. Pero eso no ocurrió.

Sí, ha habido progreso. Las adolescentes van a la escuela y las mujeres a la universidad. Mejoró el acceso de las mujeres a la asistencia sanitaria. Pueden trabajar fuera de sus hogares. Y algunas eligen usar el velo en la cabeza en vez de la burka.

Y, al menos en los papeles, las mujeres tiene poder. Por una cuestión de cupos, un cuarto de los miembros del Parlamento son mujeres. Pero esa representación no se traducido en grandes cambios cotidianos.

Fawzia Koofi, una integrante femenina del Parlamento, observó que las mujeres "tienen poca influencia política".

Agregó que las mujeres como ella están interesadas en proteger sus pequeños logros -como el derecho a la educación y al trabajo- por encima de cualquier liberación femenina al estilo occidental.

Algunas mujeres y activistas de derechos humanos están preocupadas por el rumor constante acerca de una posible reconciliación con el Talibán y otros insurgentes al fin de acabar con el conflicto.

Ellas sienten que sus libertades duramente conseguidas -aunque modestas- podrían ser barridas de un soplido.

Vidas privadas

Pero ésta sigue siendo una sociedad profundamente conservadora, donde las lealtades a la religión, a la familia y a la tribu son predominantes.

Un grupo de jóvenes estudiantes universitarias con las que hablé estaban enojadas con la ley porque se mete en sus vidas privadas más que en los contenidos reales de la legislación.

Como lo expresó una de ellas: "Si seguimos a nuestros maridos de todos modos, esta ley no es necesaria".

Y en Afganistán existe una división rígida de actitudes entre la ciudad y el campo, y otras diversas variaciones regionales.

Según los estándares afganos, las ciudades son relativamente liberales. En los pueblos, es el Islam y la costumbre quienes gobiernan.

Visité un pueblo a una hora de viaje desde Kabul.

Ninguna de las mujeres con las que hablé en una clase de cerámica había oído hablar de la nueva legislación. Todas estaban tapadas de pies a cabeza.

Pero una de ellas me dijo que se consideraba afortunada en asistir al curso.

"Algunas familias son tan estrictas acá que sus mujeres no pueden ni ir a la casa de sus vecinos".

Ya sea en el pueblo o en la ciudad, las mujeres todavía no tienen mucha voz.

Las mujeres que protestaban contra la ley son la excepción, porque son los hombres quienes siguen estando firmemente en control.

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