Última actualización: domingo, 24 de mayo de 2009 - 07:08 GMT

"Un Buda" en Londres

Imagen de la película Un Buda

"Intentar expresar la existencia de algo más allá, no algo mucho más grande que nosotros, sino la verdadera dimensión de nosotros".

El director de cine argentino Diego Rafecas definió así a BBC Mundo el mensaje de su película "Un Buda", que tuvo el honor de cerrar esta semana el Festival Internacional de Cine Budista en Londres.

Nosotros mismos somos creadores, la mente es un instrumento, creamos nuestra realidad.

Diego Rafecas

El film cuenta la historia de dos hermanos en Buenos Aires, hijos de desaparecidos, con enfoques aparentemente muy distantes de la vida. El mayor, Rafael, interpretado por el propio Rafecas, es un profesor de filosofía erudito pero bloqueado emocionalmente. El menor Tomás, vive con pasión una búsqueda espiritual que acaba llevando a ambos hermanos a un templo zen en las montañas de la provincia de Córdoba.

Para Rafecas se trata de una búsqueda cercana a su corazón. El director argentino se ordenó hace varios años como monje zen y en sus trabajos puede verse siempre una invitación a que "despertemos".

"Estamos ya en el paraíso, ya estás en el cielo", nos dice Rafecas en la entrevista a continuación. E insiste en uno de sus mensajes centrales: "Nosotros mismos somos creadores, la mente es un instrumento, creamos nuestra realidad".


¿Qué mensaje quieres dar con la película?

Diego Rafecas, director de cine argentino y monje zen

Diego Rafecas: director de cine y monje zen.

Intentar expresar la existencia de algo más allá, no mucho más grande que nosotros, sino la verdadera dimensión de nosotros. Dios es el creador y nosotros creamos todo el tiempo, somos Dios. Tenemos la risa, la conciencia de la muerte, cosa que los animales no tienen, por ejemplo, entonces somos privilegiados en este plano de la existencia y no hacer nada con eso es una pena.

¿Cuál ha sido tu experiencia de esta divinidad?

He estado con grandes maestros. A ellos no les importa pasar desapercibidos, es como una flor en el medio del África, nace un día, al otro día se muere, es la más bella de todo el mundo y nadie la vio.

También has hablado en alguna ocasión de dulzura.

Y es una experiencia dulce, porque es una experiencia de amor profundo y conexión y suave.

También me gusta el rock and roll y todas esas cosas, no es que uno viva todo el tiempo así. Pero esa experiencia no te deja libre nunca más, no podés fácilmente deshacerte de esa experiencia, es como conocer el agua. Es difícil hablar del agua o el olor al vino, es mucho más facil decir, tomá un poco y date cuenta vos.

En el film, el maestro también dice que el amor puede transformarlo todo, incluso a uno mismo, que es lo más difícil. ¿El amor es parte del mensaje que quieres dar?

El amor toca todas las religiones y un poco es el punto de encuentro de todas las religiones. Tiene que ver con la diferencia entre la espiritulidad y la iglesia. Jesús nunca se vistió como el Papa y nunca tuvo las joyas ni el dinero que tiene el Vaticano, y si viviera hoy no sé si estaría ahí, obviamente no. Eso es un poco lo que el maestro habla.

La película se llama "Un buda", los hermanos van a un templo budista, pero tiene un mensaje relacionado con Dios. Muchos piensan que son dos universos que se excluyen.

Hablar de Dios no es tan simple y lo que sucedió con Buda es que nació en un momento histórico en el que había mucha superstición, con hábitos de ritos constantes. Y él nace en ese momento histórico y dice, no hay nada que buscar afuera, hay que buscar adentro.

Agustín Markert, en el personaje de Tomás en la película Un Buda del director de cine argentino Diego Rafecas

Tomás, el hermano menor, vive una intensa búsqueda espiritual.

Por eso la ausencia de la palabra Dios, pero no es que Buda no hablaba de Dios. Mi maestro por ejemplo habla mucho de Dios, pero no de Dios como algo afuera, sino como nosotros mismos. Nosotros mismos somos creadores, creamos nuestra realidad, la mente es un instrumento y si uno piensa mucho en algo lo crea.

La mente es un instrumento de la voluntad divina. La voluntad que anima al cuerpo y que anima todo el resto es una energía que no se sabe de donde viene. ¿Quién mueve el átomo, el sistema solar? Evidentemente hay una energía que mueve. ¿Por qué la electricidad? ¿Por qué el corazón late?

En la película, el hermano menor Tomás, vive intensamente su búsqueda espiritual, pero el mayor, Rafael, vive de una manera muy diferente. Háblanos de Rafael.

Rafael es el racional, el intelectual, que incluso da clases de historia de la filosofia medieval donde todos hablan de Dios y él no cree una sola palabra de lo que dice. Es un poco el vacío que hay en la erudición, cuando uno se vuelve meramente conocimiento adquirido, información, y no tiene la experiencia de nada de lo que dice. Es muy fácil hablar de cualquier cosa y otra cosa es hablar con experiencia de lo que uno vive. O transitar, vivir la historia.

En esa dualidad de los hermanos, los dos cambian, Tomás vuelve a trabajar, se abre más al mundo, y Rafael abre su corazón. Cuando respondías preguntas del público en Londres dijiste que en el contacto de los dos extremos "se prende la luz". ¿Qué quieres decir con eso?

Tenemos dos hemisferios en el cerebro, el lado derecho controla el lado izquierdo del cuerpo y el lado izquierdo del cerebro controla el lado derecho del cuerpo. Es como un ocho, cuando el positivo y el negativo en la electricidad se tocan se prende la lamparita, ya no hay más dos.


En realidad nunca hubo dos, por eso las posiciones de las manos en la meditación siempre son cerradas, en círculo, porque le dan información al cerebro de no dualidad. En la película los dos hermanos representan esos dos hemisferios, los dos son incompletos y los dos son completos a la vez en si mismos. Es un poco lo que se ve con los dos hermanos, los dos necesitan para equilibrarse del otro.

Por eso el personaje de Tomás cuando conoce a su maestro, el maestro lo empuja al mundo, le dice, andá a trabajar.

La búsqueda espiritual de Tomás acaba llevándolos a los dos a un templo zen en las montañas, donde el maestro enseña la meditación, el zazen, y se habla de respirar de una determinada manera.

Lo que dice el maestro es que la conexión con el alma no es la cabeza, ni el corazón, como muchos creen, es el ombligo, y por eso en el zazen se trabaja mucho en bajar la energía. La respiración empuja los intestinos y la panza y el aire hacia abajo y eso hace que la energía pase por el perineo y suba por la columna y produce lo que en India se llama Kundalini. Es la energía que sube por la espalda y va iluminando los centros más importantes de la energía.

El maestro también hablaba de una conexión con el cosmos

Templo zen en Córdoba, imagen de la película Un Buda, del director argentino Diego Rafecas

En el film, los hermanos llegan a un templo zen en las montañas de Córdoba.

El estado de conexión sucede cuando desaparece la mente y la mente desaparece cuando uno la observa. Es como un ladrón, cuando lo mirás se queda quieto y eso en el zazen es una de las cosas a realizar, la mente es un instrumento, no somos la mente.

La mente es muy nueva, el cuerpo es mucho mas viejo, sabe mucho más que la mente. No somos ni la mente ni el cuerpo, somos la conciencia que esta atrás, y eso se puede ver cuando se detiene la mente. Es todo parte de la práctica , lo que sucede cuando realizamos la conciencia es que vivimos en un constante presente.

¿A qué te refieres con ese "constante presente"?

La vida se te escurre entre los dedos cuando uno está o en el pasado o en el futuro, te perdés de vivir.

A la magia, a vivir con la felicidad total, si no uno vive parcialmente, en otro lado, y no acá, no ahora. Sí obviamente uno tiene que planear algunas cosas. Yo tengo hijos y hay que planear las escuelas, otras cosas, pero no perderse la vida. La vida se te escurre entre los dedos cuando uno está o en el pasado o en el futuro, te perdés de vivir.

¿Qué pierdes?

Para mí tiene que ver con una cosa intima, como la fuente de la alegría, que no es alcanzar algo, mañana tener el auto, o decir, me recibí, porque siempre vas a querer más, tu auto se va a volver viejo y vas a querer otro y eso tiene que ver con la mente.

También tiene que ver con esa magia, que es la potencialidad del presente. Puede pasar cualquier cosa, todo puede pasar si uno vive en el presente. Entonces esa incertidumbre se vuelve un camino. Amo la incertidumbre, también porque hace 20 años que estoy con mi maestro y está buenísimo vivir como una constante aventura y que tu vida no se vuelva una cosa ordinaria y muerta.

¿Como llegaste a tu maestro?

Fue hace 20 años. Tenía una compañera de teatro que era monja zen y un día le pregunte por qué estaba pelada, me dijo que practiba el zen y un día me dijo, "vino mi maestro a dar una conferencia". Yo estaba intentando siempre meditar y cuando vi a este hombre dije, "es esto". La meditación grupal en doshos es bastante estricta, a mí me ordenó la vida. Enderezar la espalda es enderezar la vida dicen, y en zasen se tiene la espalda muy derecha.

¿Por qué te causó tanta impresión el maestro?

Cuando lo vi, yo dije, quiero lo que tiene este tipo. Tenía un ritmo al hablar, una claridad tremenda, una lucidez y una tranquilidad, un aplomo muy definido. Se llama Kosen Thibaut, es un francés discípulo de Taisen Deshimaru, un gran maestro japonés.

Si ponen "Kosen" en la web hay un montón de videos en youtube. La pagina web es zen-deshimaru.com

¿Qué pasó cuando lo conociste?

Diego Rafecas en el personaje de Rafael, en el film "Un Buda"

Rafael, el hermano mayor, es profesor de filosofía, erudito pero lejano a la realidad.

Empecé a practicar zasen, me ordené primero de boshisatva, después de monje, estuve años siguiéndolo por todos lados y todavía lo sigo, pero en un momento me dijo basta, andá al mundo. Estuve pelado diez años siendo el monje perfecto y de repente el maestro me dijo eso, volvé al mundo, acá no te necesitamos tanto. No era tan así, pero eso me impulsó a desarrollar bien la vida con mis hijos, las películas.

Yo había abandonado la vocación de realización de cosas como las películas, ahora ya hice tres en cinco años.

Los monjes se dice que abandonan el mundo. Una cosa es realizarlo y después abandonarlo y otra cosa es abandonarlo antes de realizarlo, es muy distinto, la carga, la experiencia.

Yo creo que a los 60 por ahí abandono realmente y me dedico a hacer zazen, pero no es el momento.

¿Qué otras películas hiciste después de Un Buda?

Rodney, sobre un bar sobre los suburbios de Buenos Aires. Nada que ver con el budismo, es bastante fuerte, es una comedia trágica. Y la tercera que es creo la más importante se llama Paco. En Buenos Aires lo que está sucediendo es que existe una droga que se llama paco que es muy letal, deja daños irreversibles en el cerebro.

En Buenos Aires lo que está sucediendo es que existe una droga que se llama paco que es muy letal, deja daños irreversibles en el cerebro.

Con la pasta base se cocina la cocaína, de ahí sale el clorhidrato, y de esa cocción, el residuo que se tira, eso es paco, se vende como lo más tóxico, lo fumas y en tres meses sos un zombie. Las madres a las que se le murieron los hijos formaron una asociación que se llama madres del paco y se dieron cuenta que es como una droga de exterminio y estan terminando con una clase social que no saben que hacer.


La policía rodea la villa y son 20 manzanas de gente que se mata ahí adentro, es tierra de nadie, pero no importa, lo importante es que no salgan, es una locura.

En la película el hijo de una senadora se vuelve adicto al paco, se enamora de una chica que limpia en el congreso, la chica lo lleva a la villa, conoce el paco, empiezan a fumar y él se vuelve adicto. Es una denuncia social muy fuerte. En la película trabaja Norma Aleandro, nominada al Oscar, una actriz muy importante.

Se está estrenando en septiembre, la acabo de terminar y estoy en el laboratorio.


Ojalá pudiera estrenarla en Venecia o San Sebastián. Son festivales que le puede dar un despegue a la película, y por otro lado protegerme un poco, porque en algún momento voy a recibir amenazas seguramente.

¿Cómo te gustaría ser recordado?

Me gustaría morir riendo, porque son las dos cosas en que creo se diferencian los seres humanos del resto de las especies, la risa y la conciencia de la muerte.

Diego Rafecas, director de cine argentino y monje zen

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