Última actualización: viernes, 10 de julio de 2009 - 14:39 GMT

¿Personajes de una telenovela?

Fotos en Windows Live Spaces

Ante nuestros "amigos" de las redes sociales, montamos una especie de show, dicen algunos psicólogos.

La creación de un alter ego en la red social plantea muchos interrogantes desde el punto de vista psicológico. ¿Somos ahí dentro los mismos que afuera? ¿Pulimos un poco la versión de carne y hueso para que se "venda" mejor entre los amigos? ¿Cómo manejamos nuestra intimidad ante una audiencia de decenas o incluso cientos de personas?

Nicholas A. Christakis, médico internista y sociólogo de la Universidad de Harvard que ha escrito un libro sobre el impacto de las redes sociales en el comportamiento, tiene una teoría propia: opina que las redes sociales "son como una telenovela moderna, sólo que los personajes son personas reales".

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"Mucha gente mira las telenovelas porque se identifica con los personajes, e incluso muchos llegan a pensar que son sus amigos. Los productores de las telenovelas se aprovechan de esta necesidad humana de estar conectados unos con otros. Ahora en las redes sociales puedes seguir las vidas de los 'personajes' en forma anónima, mirando las fotos de las vacaciones de tus amigos, espiando qué tan guapa es su pareja, viendo cómo se desarrolla esa relación", agrega el profesor.

Para Christakis, las redes sociales deben entenderse como un paso más de la evolución en esa búsqueda eterna de los seres humanos de estar interconectados. Y sin embargo para la psicóloga Adriana Manago, de la Universidad de California, Los Angeles, el hecho de que estemos representando un papel tiene un impacto profundo en la calidad de la comunicación.

En la red social todo se remite a la imagen, a la creación de una imagen. Es una conversación muy centrada en uno mismo, casi narcisista

Adriana Manago

"Cuando conversamos cara a cara, el tema no es una persona u otra, sino el mensaje que juntos estamos construyendo. En cambio en la red social -donde uno no interactua con una persona, sino con una red enorme, ante una audiencia de 200 personas en promedio- todo se remite a la imagen, a la creación de una imagen. Es una conversación muy centrada en uno mismo, casi narcisista", dice Manago.

"Las imágenes que se muestran, los comentarios que se dejan a los amigos, en el 'muro' o en las fotos, se convierten en una suerte de espectáculo", agrega.

En cambio, para Alejandro Piscitelli, filófoso y sociólogo argentino que sigue de cerca el fenómeno Facebook, es un absurdo pensar que la vida real es distinta.

"¿Dónde no se actúa? ¿Dónde no hay máscaras? ¿Dónde no hay ficción?", se pregunta Piscitelli.

Yo y el otro

Patricia Greenfield, PhD, profesora distinguida de Psicología en UCLA y directora del Children's Digital Media Center

Para Greenfield, algunas emociones como la empatía pueden entrar en declive si ya no hablamos cara a cara.

Para Manago, quien se ha dedicado a estudiar junto a otros colegas de la UCLA cómo Facebook, MySpace y demás afectan la psicología de los usuarios, la "actuación realmente altera la naturaleza de la interacción y la contrucción de la propia identidad".

"Los sociólogos han estudiado durante mucho tiempo cómo construimos nuestra idea de nosotros mismos. Lo hacemos a partir de cómo nos reflejamos en la gente de alrededor, no en el vacío. Lo hacemos a través de la interacción con los demás, amigos, familia, que nos envían retroalimentación sobre lo que hacemos o decimos. Ese feedback lo usamos para moderar el tipo de persona que somos, nuestras conductas", dice Manago.

Al modificarse el contexto en que se da la interacción, que deja de ser cara a cara, no sólo cambia el tipo de retroalimentación, sino que ya no emergen sentimientos como la empatía, acota una colega suya, Patricia Greenfield, profesora distinguida de la UCLA y directora del Children's Digital Media Center de Los Angeles.

En cambio, Piscitelli piensa que el feedback que se recibe en las redes sociales puede ser mucho más poderoso que el que se da fuera. "Lo que escribís en Facebook te condena mucho más. En la vida real hablás mucho y no queda registrado, en Facebook decís cinco tonterías seguidas y nadie te habla más, o te borran de las lista de amigos".

Su comentario indirectamente trae a colación lo potencialmente grave que puede ser no moderar las propias contribuciones.

"El hecho de que se vivan determinados aspectos íntimos de la vida frente al público constituye uno de los cambios psicológicos más profundos que trajeron las redes sociales. Todavía no conocemos cuáles son las implicancias, pero ciertamente éste es el tema más importante para las investigaciones futuras", dice Greenfield.

Alfabetización digital

Niña frente a una computadora

De acuerdo a los expertos padres y maestros deben emprender una "alfabetización digital".

En un estudio realizado por Greenfield y su colega Yalda T. Uhls para Education.com, se explica que "un adolescente puede no entender que algo que subió a la red puede ser visto por un potencial empleador, o por quien decide si lo aceptan o no en una universidad". Por eso es vital que los padres supervisen la actividad de los niños y los jóvenes en las redes sociales, no sólo para cuidar su reputación, sino también porque lo que ocurre ahí dentro puede repercutir en el mundo físico.

Aunque los aspectos positivos son numerosos, según Greenfield y Uhls es recomendable que padres e hijos conversen sobre las redes sociales y sobre lo que es "apropiado" mostrar y lo que no. En su estudio, afirman que lo ideal sería que padres e hijos se agreguen como "amigos" y que la computadora no esté en el dormitorio de los niños, sino en un espacio central de la casa.

José Luis Orihuela, bloguer y profesor de Comunicación en la Universidad de Navarra, España, opina que si existen riesgos -y usos patológicos y delictivos- éstos no son intrínsecos a las redes sociales, sino que derivan de la forma en que éstas se usan. En su opinión, se debería educar más en el uso de las nuevas tecnologías.

"El usuario es quien en cada aplicación configura el nivel de privacidad respecto de sus propios datos, es decir a quiénes en esa red da acceso a su información personal, fotografías, etc. Ahí es donde debemos avanzar, comprender que es una actividad pública, que tiene repercusiones en el mundo físico y que tenemos que controlar nuestra identidad de la misma forma que lo hacemos fuera", dice Orihuela.

"Estamos hablando de una nueva alfabetización, la alfabetización digital, que consiste por una parte en aprender a leer y escribir a partir de enlaces, y por otra aprender a vivir socialmente en entornos virtuales", agrega.

Una de cal y otra de arena

Aún no estamos equipados para que todo lo que hacemos y decimos sea público, mucho menos los niños

Adriana Manago

Manago, psicóloga de la UCLA, también opina que las redes sociales no son ni buenas ni malas en sí, sino que todo depende de la forma en que se utilicen.

"Hay indicios de que los socialmente más retraídos pueden utilizar las redes sociales para entablar relaciones menos 'amenazadoras' para ellos", explica. "Otros investigadores hablan de la capacidad de estas redes de crear puentes de capital social, de potenciar procesos que se dan fuera", agrega.

Su colega Greenfield señala además que crear una versión idealizada de uno mismo no necesariamente es contraproducente: "Un peligro es que impulse la tendencia general hacia un creciente narcisismo en la sociedad, pero también puede significar para la persona que se la creó un ideal por el que luchar".

De acuerdo a Manago, el problema surge "cuando no hay un equilibrio entre este tipo de interacciones electrónicas y otras relaciones más íntimas".

De todas formas, ambas psicólogas señalan que "todos los estudios son muy preliminares. Estas tecnologías son tan nuevas, y cambian tan rápido, que es muy difícil seguirles el ritmo con los estudios", dicen.

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