El apodo, un arma más del narco

Museo de las drogas en México.
Image caption Algunos de los más buscados son conocidos por el alias y no por su nombre real.

Recientemente, la Policía Federal de México realizó un operativo para capturar a La Tuta, líder de La Familia, pero en su lugar arrestó a La Troca y de paso detuvo también a La Cuchara.

Una forma extraña de describir un operativo policíaco, pero que en México no suena raro. Y es que según académicos, periodistas y escritores, los sobrenombres de narcotraficantes forman parte del lenguaje cotidiano y la cultura popular. De hecho, algunos de los más buscados por las autoridades son conocidos sobre todo por el alias y no por su nombre real, como sucede con El Lazca, líder de Los Zetas. El uso de apodos es común en México, pero entre los traficantes a menudo también es un mensaje. "Es parte de la intimidación. Yo conozco a uno que le dicen La Muerte, y en el nombre lleva la fama", explicó el escritor Elmer Mendoza en conversación con BBC Mundo.

Orgullo y ascenso

El Policharro, El Robachivas, Tony Tormenta, El Más Loco, La Perra, El Macho Prieto, El Güero Taco, El Kitty, La Tigra, La Barbie, El Caramuela, Tony La Mentira…

Son algunos sobrenombres de narcotraficantes mexicanos, y casi todos son un orgullo para sus portadores, aseguró Mendoza. De acuerdo con el investigador José Manuel Valenzuela, del Colegio de la Frontera, muchos apodos provienen desde niños, pero otros son muestra de poder y ascenso dentro de las organizaciones. "Hay casos que denotan una característica de ferocidad, de arrojo, y eso lo ganan a partir de la acción", dijo. Un ejemplo sería Manuel Salcido, El Cochiloco, asesinado en 1991, y quien se ganó el apodo por su extrema violencia.

Los Chacas

Image caption Hay narcos cuyos apodos denotan una característica de ferocidad y de arrojo.

En Sinaloa, en el noroeste de México, se llama chaca a una persona destacada, con muchos años de experiencia, explicó el escritor.

Y en el caso del narcotráfico mexicano, el sobrenombre está relacionado con personajes considerados leyendas. Un chaca fue El Señor de los Cielos, Amado Carrillo, quien se ganó el sobrenombre porque estableció un puente aéreo desde Colombia a Estados Unidos para transportar cocaína. Otro caso es el Jefe de Jefes, Miguel Félix Gallardo, quien en la década de los 80 controló prácticamente todo el tráfico de drogas por México, según informes de la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA por sus siglas en inglés). Y más recientemente, El Señor de los Caballos, Edelio Falcón, asesinado en 2003 y a quien le gustaba organizar carreras en su rancho; o El Niño de Oro, el hermano menor de Amado Carrillo. Las historias asociadas a estos sobrenombres motivan a los jóvenes sicarios y quienes ingresan a las filas del narcotráfico, dijo Mendoza. "La mayoría de ellos vienen de barrios y pueblos bravos donde todos deben tener un distintivo, y ése es el apodo".

Moluscos y pozole

Algunos sobrenombres parecen inofensivos, pero quienes los usan están lejos de serlo.

Es el caso de El Abulón, un molusco propio de las playas de Baja California, al norte de México. Quien lo utilizaba, Medardo León, fue uno de los sicarios más crueles del Cartel de Tijuana. O El Pozolero, quien confesó haber deshecho en ácido a 300 personas. La banda de Los Zetas, formada en su inicio por ex militares, asigna a sus integrantes una letra y un número como identificación. Pero hay sicarios que cambian su apodo, lo que es interpretado como un símbolo de ascenso dentro de la banda, según datos de la Procuraduría General de la República. Así ocurrió con El Amarillo y El Cachetes, quienes organizaban las operaciones del grupo en Guatemala hasta que fueron detenidos, según datos del Servicio de Análisis e Información Antinarcóticos (SAIA).

En otros países

Image caption Hay sicarios que cambian su apodo, lo que es interpretado como un símbolo de ascenso.

La práctica de usar sobrenombres no es exclusiva de los traficantes mexicanos, recordó el periodista Jorge Fernández, especialista en narcotráfico.

"Es como los futbolistas, en México y en otros países se les conoce más por un seudónimo que por el nombre completo", dijo. Así, por ejemplo, en El Salvador existe una banda conocida como Los Perrones, formada por empresarios vinculados al tráfico de drogas. La policía de Guatemala busca a El Taquero, y en Panamá las autoridades buscan a El Boa, contacto de los traficantes colombianos El Becerro, El Negro Acacio, Malicia y Sílver, señalados por el gobierno de Colombia como integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC).

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