La diplomacia olímpica de Obama

Barack Obama
Image caption La presencia de Obama podría bastar para volcar uno o dos votos.

En Copenhague, Dinamarca, donde el viernes se anunciará la sede de los Juegos Olímpicos de 2016, todos se preguntan si la presencia del presidente estadounidense, Barack Obama, será determinante para que Chicago desplace a Río de Janeiro en la votación.

La ciudad brasileña, que a mediados de junio se colocó como favorita, tendrá como adalides al futbolista Pelé y al presidente Luiz Inácio Lula da Silva. La delegación madrileña estará encabezada por el rey Juan Carlos y el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero; y la de Tokio, por el nuevo primer ministro, Yukio Hatoyama.

La presencia de jefes de Estado y gobierno ya parece una necesidad: el primer ministro británico Tony Blair viajó a Singapur para asegurar la decisión a favor de Londres 2012, y el entonces presidente ruso Vladimir Putin fue a Guatemala a defender la candidatura de Sochi para los Juegos de Invierno 2014.

Image caption Lula y Pelé serán los embajadores de Río en la selección del COI.

La decisión de Obama de viajar a Dinamarca, anunciada el lunes 28, opaca necesariamente el papel de su esposa Michelle, hasta entonces la embajadora principal del esfuerzo estadounidense para quedarse con los juegos.

Negociaciones

Todos reconocen la capacidad de negociación del presidente de Estados Unidos: su breve presencia en Copenhague (sólo unas horas, el viernes) puede bastar para volcar uno o dos votos, tal vez los que necesite Chicago para pasar al frente.

En este tipo de negociación, un apretón de manos o un par de palabras amables de un personaje como Obama pueden persuadir a un delegado de que le conviene escuchar los argumentos de los verdaderos negociadores, que han estado trabajando entre bambalinas desde hace un par de años, haciendo mil promesas.

Los brasileños han operado con su acostumbrada habilidad, tanto diplomática como comercial: asentaron la condición de favorita de Río en su arrebatadora belleza natural y en su condición de representante de una parte del mundo que nunca ha tenido la oportunidad de organizar los Juegos Olímpicos.

Image caption En contra de Madrid cuenta el hecho de que, de ser elegida, Europa sería el escenario de tres juegos consecutivos.

También, por supuesto, la presentación técnica de la candidatura fue excelente: en junio, los enviados de la BBC a Lausana, donde la junta ejecutiva del Comité Olímpico Internacional (COI) escuchó los informes finales de las cuadro ciudades seleccionadas, reportaron que Río y Chicago habían sacado ventaja a las otras dos.

Tokio y Madrid, rezagadas

En contra de Tokio pesa el antecedente de que los últimos juegos se hayan realizado en Pekín, en la misma región geográfica, con una diferencia horaria similar respecto de los mercados occidentales, tan importantes para la televisión.

En el caso de Madrid, los españoles han tenido dificultades para dar a su candidatura el peso que tuvo la de Barcelona en 1992, aunque en aquel momento la ciudad catalana tuvo el apoyo del también catalán Juan Antonio Samaranch, entonces presidente del COI.

Image caption Los analistas creen que la cercanía de Pekín 2008 perjudicará las opciones de Tokio.

En contra de Madrid también cuenta el hecho de que, de ser elegida, Europa sería el escenario de tres juegos consecutivos: Londres en 2012, Sochi en 2014 y Madrid en 2016.

Pero esta coincidencia no es decisiva, como tampoco lo son los respectivos méritos de las candidaturas, ya que a esta altura no hay candidatura mala.

Un proceso político

La sede se decide por votación de delegados de todo el mundo, de modo que la selección es, en definitiva, un proceso político. Cada uno votará según los intereses de su país, de su federación y el suyo propio, aunque no necesariamente en ese orden.

Y en todos los procesos políticos cuenta el peso económico: el dinero también juega, en las formas más evidentes pero también las más sutiles, de esas que muy pocos (o nadie) llegan a enterarse.

Mihir Bose, entonces editor de Deportes de la BBC, informó en junio desde Lausana que las cuatro ciudades tenían buenas marcas en los informes preliminares del COI, pero que Río asomaba en la delantera.

Agregó que la única objeción importante fue la seguridad, pero que el último informe del COI era tranquilizador en ese sentido.

(Si la seguridad no ha sido un obstáculo para que Sudáfrica organice el Mundial de Fútbol, no debería serlo para Río, donde la seguridad puede ser controlada con mayor facilidad, por lo menos durante un lapso relativamente breve).

También a favor de Río juega la experiencia e infraestructura que se desarrollarán con motivo de la organización del Mundial de Fútbol en 2014.

Pero la candidatura de Chicago es fuerte en varios sentidos.

Además de la capacidad de organización, está el factor económico: nada más que en auspicios comerciales directos, Chicago podría generar unos 1.800 millones de dólares, tres veces más que Río de Janeiro, según Marc Ganis, presidente de SportsCorp, una firma consultora de Chicago.

"El COI no puede darse el lujo de perder una generación en el mayor mercado consumidor del mundo", dijo, aludiendo al hecho de que en EE.UU. los juegos no se organizan desde Atlanta 1996.

Y además está el factor político.

Obama se la juega

Chicago es la ciudad adoptiva del presidente Obama, donde tiene su base política. Al principio creyó que enviando a su esposa Michelle cumpliría con ese compromiso, pero en el último momento llegó a la conclusión de que debía dar la cara personalmente.

Obama se juega bastante en Copenhague. Si Chicago es elegida, regresará a su país en triunfo. Si Río (u otra ciudad) se queda con la sede, todos lo considerarán un fracaso personal, en un momento en que su presidencia está jaqueada en varios frentes: economía, desocupación, salud, Afganistán, Irán, Medio Oriente…

De todos los grandes personajes presentes en Copenhague, Barack Obama es el que más arriesga.

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